25 marzo, 2015

Nosotros.

Mira, salir con alguien puede ser tan complejo como simple. Es como leer Nueve Cuentos de J. D. Salinger: al principio te puedes dar una idea de lo que va a tratar el cuento, pero mientras avanzas vas descubriendo que no se está hablando de lo que creías que se estaba hablando, o que las cualidades que posee una persona pueden seguir ahí, pero de una forma diferente. A veces es necesario saber el proceso de escritura de la historia para comprenderla, pero también eso implica que tengas que aceptar los errores cometidos en el camino, y aquellos que pueden persistir.
¿Estás dispuesto a vivir con ello? Las cosas no son ni blancas ni negras, pero el tono de gris que se aprecia puede dar miedo, así como todo aquello que desconocemos. Tomando en cuenta que en realidad no sabemos nada, sino que le damos vueltas a concepciones de otras mentes, todo debería dar miedo, sobre todo porque el gris que ven nuestros ojos puede ser oscuros o claros si son vistos desde otros.
Aquí es donde llega un punto muy importante que ha estado dando vueltas en mi cabeza en los últimos días: confiar. No significa que deba escuchar a todo loco que me grite cómo debe funcionar mi mente, ni saltar a un río con cocodrilos porque otra persona no puede verlos, pero me siento bien escuchándolo cuando habla de las cosas que vive, de su punto de vista y de lo que piensa de muchas cosas. No estoy de acuerdo en todas, pero sé, por el resplandor en sus ojos y por la manera cómo mueve su pierna cuando está tratando de encontrar la mejor manera de decir las cosas, que está diciendo su verdad.
Y ahora reafirmo que no hay preguntas difíciles, sino cosas que no son fáciles de aceptar. Que la vida es una y que hay que echar a perder, pero que también debemos estar conscientes de que las consecuencias llegarán y tendrán que ser afrontadas con la misma vivacidad. Que parece que hay malos momentos y malas palabras, pero no hay vuelta atrás. El pasado no se borra, pero se queda con un propósito y no por ello debe de arruinar el presente o el futuro. Que callar en todo momento es tan malo como no dejar de hablar, pero que el equilibrio se puede encontrar. Y que permitirte vivir no implica apagar el cerebro y dejarme llevar por la corriente, sino estar consciente de que hay muchísimas cosas que están sucediendo en este momento, pero nada más algunas resultan relevantes para ciertas personas.
El día de ayer le hice una pregunta a un chico, quien, al responder que sí, se convirtió en mi novio. Fue un momento lleno de viento, ojos cansados, latidos de corazones acelerados y de sonrisas que aparecían sin ser llamadas.
Él dijo que yo ya sabía la respuesta.
Tener historias complicadas con otros chicos, sentir que me estaba fallando a mí mismo, arruinar mis relaciones con amigos y familia, fracasar en el plano laboral, echar cosas a perder e irme por los caminos más oscuros, fueron acciones que, en el momento en que las vivía, carecían de sentido, en un plano más amplio.
En esos momentos deseaba que llegara alguien a indicarme el camino o a darme sino la respuesta entonces una pista de cómo salir de una de esas situaciones. Mientras más lo esperaba, más me daba cuenta de que no hacer nada era peor que atrever a equivocarme, porque al menos al intentarlo aparecían a la vista caminos no tan transitados pero que tenían un destino.
Sé que voy a seguir cometiendo errores día a día; con él, con mis amigos, con mi familia, conmigo. Voy a hacer estupideces y llegaré a pensar que no debí hacer tal cosa o que todo sería mejor si hubiera hecho aquello. Quizá me aleje de mis metas, o me coloque obstáculos para lograrlas. Puede ser que solo me provoque mis propios sufrimientos venideros.
Sin embargo, si mantengo los ojos abiertos y la mente despierta, puedo ver que, aunque no crea en un destino, las cosas a veces te dicen que tienen un propósito por el cual suceden o existen. Y quizá ambos terminemos partiendo por caminos diferentes desde mañana o compartamos toda una vida juntos, no lo sabemos, pero en verdad siento que encontré a la persona correcta para descubrirlo.

01 marzo, 2015

Conversaciones: Solo.

-Deja de beber eso.
-¿Qué?
El silencio reinó en la habitación mientras solo había una persona sentada en ella.
-Es agua -añadió a su pregunta.
-No importa, déjalo.
-Está bien.
El chico tomó la botella y giró la tapa con tanta fuerza que el plástico cedió y la tapadera se rasgó.
-Ahora me la tengo que beber.
-No, qué importa, cubre la botella con un papel o algo así.
-No va a funcionar, se puede ensuciar.
-No es verdad.
-Sí, pueden caerle... no lo sé... partículas.
-¿En serio? Partículas... ¿En serio?
-Sí. O puedo beber el agua y ya.
-No.
-Dime por qué.
-No lo entenderías.
-Lo intentaré.
-Digamos que te da sed.
-No me dará sed si tomo agua.
-Digamos que sucede después de que la termines.
-Bien.
-Ya no vas a tener.
-Estoy cerca de la cocina.
-El garrafón está vacío.
-Voy por uno nuevo.
-No tienes dinero.
-Le pido a mis papás.
-No están.
-Me las ingenio para conseguir agua.
-No puedes.
-¿Por qué?
-Porque no es posible y ya. Imagínalo.
-Bien, no es posible.
-Por eso debes aguantar.
-La tendré que beber en algún momento, de cualquier manera.
-Sí, pero que lo vayas a hacer en algún punto de tu vida no significa que lo tengas que hacer en cuanto puedas.
-¿Por qué?
-Porque hay cosas que merecen vivirse hasta que llega su momento.
-¿Seguimos hablando de la botella de agua?
-Sí.
-No tiene sentido.
-Que no lo veas no significa que deja de existir.
-Tampoco eso tiene sentido.
-Piénsalo.
-No.
-¿Por qué no?
-Porque, lo piense o no, va a ser como esté destinado a serlo.
-Crees en el destino.
-No... lo sé. En verdad no sé.
-Tú no tienes sentido.
-¿Importa?
-Te importó antes.
-Ya no.
-Bien.
El chico volvió a estar solo. En silencio. Alejando al par de mosquitos que buscaban alimentarse para sobrevivir por el resto de sus cortas vidas. Observando los objetos que tenía a su alrededor y pensando que él seguiría igual si la mitad de ellos no existieran con él.