28 octubre, 2013

Caminos.

Sentirse anormalmente bipolar es algo en lo que me familiarizo cada vez más. Día a día es como si viviera como el chico que todos creen que soy, siempre y cuando esté ocupado en alguna tarea; pero cuando estoy libre y dejo a mi mente divagar, termino en lugares distantes de la realidad. Escucho letras, veo la música, siento los colores, todo eso sin tener que ingerir sustancias como muchas personas lo hacen.
Claro, como en algunas cosas hay más de dos caminos por donde llegar a la locura, en los últimos días siento que camino por terrenos peligrosos y desconocidos. Tropiezo constantemente, me pierdo y me encuentro, y siento que mi rostro se ha estrellado contra el asfalto en más de una ocasión.

26 octubre, 2013

Desahuciado y devoto.

Hace casi diez días me gustó un chico. Esas no son noticias fuera de lo común desde que entré a mis "maravillosos veintes": me gustó un chico con la mirada, me gustó un chico por tener buena ortografía en internet, me gustó un chico porque me regaló una sonrisa; esas son las que recuerdo en este momento. La que sucedió el diecisiete de octubre del año dos mil trece fue aún más intensa: me interesó un chico porque fue lo que siempre esperé de un chico.
Ya escribí en un cuaderno la desesperación que me di yo mismo por haber desaprovechado ciertas oportunidades (que, pensándolo dos veces, no creo que hubiesen implicado un gran cambio al final de todo), y más o menos relaté lo que sucedió aquel día. ¿Qué es lo que ha pasado desde entonces? Una interminable sensación en mi cuerpo de que respiro y a la vez no y una necesidad por mantener mi mente ocupada, aunque ya esté haciendo algo que necesite mi concentración absoluta.

18 octubre, 2013

Afecto.

Hace días, el subdirector académico de mi escuela interrumpió una clase para anunciar que requería voluntarios para platicar con estudiantes de nuestra misma carrera pero provenientes de una escuela ubicada en el centro del país. Como si fuera la cosa más peleada del universo, levanté la mano y le pedí directamente a la encargada de anotar a los voluntarios que anotara mi nombre y que no olvidara mis apellidos, por si acaso. Me sorprendió que difícilmente se logró reunir casi el número mínimo requerido.
Este tipo de cosas me gusta. Me encanta conocer gente, y más cuando resulta tratarse de chicos de mi edad. Admitiré que siempre es excitante la posibilidad de encontrar un posible prospecto en situaciones así, pero lo que más me gusta es darme cuenta de que los chicos de otro lado pueden ser tan similares y al mismo tiempo demasiado diferentes. Me parece más que interesante.
Mientras me decepcionaba poco a poco con el chico de los dulces por mi inhabilidad para hacer algo que defina si se darán las cosas o no, más iba decidido a dejar atrás por un tiempo el lado romántico y a interrumpir mi eterna búsqueda por aquella persona, aunque sepa en el fondo de mi alma que estoy saboteando mi vida amorosa. Me pareció algo radical intentar eso de una vez por todas en mi vida e incluso llegué a ignorar el hecho de que había un chico bastante atractivo a dos metros de mí.

15 octubre, 2013

Desconexiones: relato de una historia sin internet.

Descubrí que tengo una inexplicable adicción al internet y a las redes sociales. Ya lo sabía desde hace tiempo, pero puedo afirmar que es casi una enfermedad desde este domingo, cuando un rayo arruinó la línea telefónica y ésta es mi tercera noche sin conexiones virtuales. Al menos ya no estoy como la primera noche, nervioso y sin poder dormir, presionando el botón F5 de mi teclado aun sabiendo que nunca se iba a cargar la página.
Al parecer también el incidente afectó a mi familia: aunque haya sido para ir al ciber, mi hermano salió de la casa por su propia voluntad (algo que no había sucedido en años); he descubierto a mi padre tratando de reiniciar el módem, sin importarle estar consciente de que el problema no es ese dispositivo; y mi madre y mi hermana pasaron un rato juntas en la tarde mientras hacían pan de elote. Dicen los rumores que ni siquiera discutieron durante el milagroso evento y, aunque el pan de elote siempre les queda ridículamente delicioso, al de hoy parece que se le prestó más atención de lo normal. Sin embargo, si alguien ha sufrido con la desintoxicación de la dependencia de la comunicación en línea, he sido yo, llegando al límite de ir a la biblioteca solamente para poder conectarme un poco por medio de mi celular.

11 octubre, 2013

Normalidad.

Me parece bastante gracioso el hecho de ver las cosas desde una perspectiva más amplia, dándome cuenta de mi falta de habilidades a la hora de conocer a alguien, una vez que lo identifico como un potencial interés romántico. Aparte, es bastante frustrante el hecho de tener tantas señales a mi alrededor y no saber qué hacer con ellas. Sé que sería bastante tonto si me dieran las cosas en bandeja de plata, pero ¿en realidad quiero que sea así? ¿Seguiría interesado por el chico si mostrara interés por mí de una manera más evidente?
Según mi amiga de la escuela, el chico es un "lunántico", pues su humor parece definido por la luna (nunca antes había pensado en que tal palabra significara eso en realidad). El pensamiento no es desagradable, porque ella me considera también como lunático en ocasiones, pero esa es la impresión que tiene de él, aparte de que es un buen chico según su percepción de escorpio.
Llegó el martes y al parecer la luna no estaba tanto a mi favor, pues aunque aún estaban esas sonrisas y esa impresión de que soy agradable para él, se notaba que estaba un poco más irritante que de costumbre, casi como el chico mezquino que parecía ser antes. Pensé que tal vez había notado que me ponía bastante nervioso y en mi mente ardía la pregunta eterna de será o no agradablemente homosexual.

08 octubre, 2013

Es complicado.

Tenía de meta preguntarle el nombre al chico hasta el día de hoy, con una prórroga utilizable que caduca hasta el día viernes de esta semana. Ya había comentado ésto de manera breve: llegaría, le preguntaría su nombre y observaría su reacción, a partir de la cual tomaría una posición nueva ante el asunto. Si se llegara a mostrar interesado, seguría adelante con todo y trataría de conocerlo más. En caso de que no tuviese una respuesta positiva, continuaría con mi vida como si nada hubiese sucedido. Lo importante es intentar y probar. Quién sabe, tal vez él es el chico para mí, o quizá es más heterosexual que el color rosa. No lo sé, y hoy fallé con creces en descubrirlo. Bueno... es complicado.
Llegué temprano a la ciudad porque acompañé a mi tía a su consulta médica. Me encanta llevarla porque siempre me platica cosas sobre mi familia. Conozco otra cara de mis tíos, me río con las anécdotas que me cuenta y me impresiono porque mis hermanos y yo tenemos demasiadas similitudes con mis parientes, lo cual hace que me planteé cómo funciona la genética y si se pueden heredar caracteres que van más allá de lo físico y biológico.

06 octubre, 2013

Sin respirar.

Tras platicarlo, compararlo y reflexionarlo, he llegado a la conclusión de que debo de preguntarle el nombre al chico. Directamente y sin darle más vueltas al asunto, llegaré, compraré dulces y, justo antes de irme (o como se de la situación), llegaré y diré algo así como "oye... ¿cómo te llamas?". Tengo hasta el fin de esta semana para saber mínimo su nombre y decidir a partir de cómo cambien las cosas tras ese hecho si vale la pena seguir con ésto o no.
No me prepararé para quitarme los nervios, tampoco me mentalizaré para no titubear y mucho menos llegaré pensando que no sucederá cosa alguna (gran consejo de una gran amiga); caminaré directamente hacia él, esperaré lo mejor y observaré su reacción.
La verdad es que estoy mucho más preparado para una respuesta negativa, como que me mire con una extrañeza y un miedo inmensos tal que no seré capaz de volver a comprarle dulces con los mismos ojos (figurativamente; no es que compre dulces con los ojos). Trato de imaginar una respuesta positiva y en todos los escenarios me quedo ahí, congelado sin poder ni respirar. Es impresionante la negatividad y el dramatismo que le imprimo a cada escena de mi vida, y tal vez ello sea la causa de que sienta que no he tenido la mejor suerte de todas con los chicos.
Tal vez éste sea un buen lugar para redimirme... bueno, para comenzar de nuevo. Quizá todo haya estado simplemente en mi cabeza, otro caso de malinterpretaciones llevadas al máximo, un romance épico de novela corta. Es difícil para mí imaginarme los casos positivos, pero creo que lo que necesito es dejar de fantasear con todas esas escenas y ver cuál de ellas se vuelve realidad.

05 octubre, 2013

Hablarle.

No escribiré mucho. De hecho, no iba a escribir, pero me parecía que sería agradable volver, ya que he escrito algo a diario aquí desde que comenzó octubre, así que al menos una aportación breve me permitirá dormir.
Aún tengo dudas con respecto al chico, pero puedo decir que estoy algo interesado en él. Sinceramente, algo sería subestimar la situación. Me gustaría conocerlo. Nada más eso. Conocerlo. No pido más. En caso de que fuera un chico agradable, entonces sí pediría más, pero por mientras me conformo con una breve charla. Hasta que llegue el momento en el que reúna el valor necesario para hablarle de otra cosa que no sea para preguntarle el precio de los dulces que vende, todo seguirá siendo un misterio.

04 octubre, 2013

Rojo número 5.

¿Recuerdan al "chico"? Hoy me di cuenta de que sí siento una cierta atracción inevitable hacia tal sujeto y no me gusta eso porque significa que será otro problema/dilema más que se añade a la cuenta de "dilemas amorosos del 2013". No sé si es la vida misma presionándome para equivocarme deliberadamente o si ya me gustó tener problemas en mi vida emocional, pero no necesito a otro chico más.
Según mi horóscopo éste será un año en el que no se establecerán relaciones duraderas y al principio mandé por un tubo estrecho tal afirmación, pero al parecer resultó ser más real que aquel pronóstico que prometía niveles energéticos más altos para mi persona. ¡Eso es una mentira más grande que lo que las películas de Disney me prometían sobre el amor! Con solo mencionar que hace una semana me sentía tan cansado que me acosté a dormir a las siete de la tarde. Ya ni los niños de preescolar hacen eso. Así que continuemos. Vivamos el presente. Relatemos el pasado para reírnos de las desventuras vividas.

03 octubre, 2013

Limerencia.

Días atrás estaba en mi habitación y también estaba mi hermano, pues compartimos ese personal espacio. Repentinamente, escucho que el sujeto habla sobre la limerencia, palabra que, según wikipedia, se refiere a "un estado mental involuntario el cual es resultado de una atracción romántica por parte de una persona hacia otra, combinada con una necesidad imperante y obsesiva de ser respondido de la misma forma". Desde el instante en que leí sobre tal afección, comencé a preocuparme en verdad, pues aparentemente podría autodiagnositicarme con tal trastorno.
No sé si haber leído Vampire Academy y textos similares dirigidos a un público adolescente, ávido a romances épicos y grandes demostraciones de afecto, me ha llegado profundamente al cerebro, pero más que nunca en mi vida me he encontrado buscando a una persona con quien pueda pasar mis días solitarios, y eso que ni siquiera se trata del invierno, cuando las personas se encuentran peligrosamente necesitadas. Me preocupa por la cantidad de cosas que he hecho en unos cuantos meses.

02 octubre, 2013

Viéndole el trasero.

Recuerdo el momento. Era miércoles y estaba en una escuela secundaria en mi semana de prácticas. Normalmente me comporto cuando voy ahí --refiriéndome al plano amoroso--, pues me parece totalmente incorrecto ir a ligar a una secundaria siendo que ya tengo dos décadas de vida en este maldito planeta, aparte de que veo como unos niños a los adolescentes de preparatoria y como bebés a los de secundaria. Nada que llame mi atención y así es como ha sido, es y será durante el resto de mi vida. Más que ser actos totalmente incorrectos, está bastante mal y debo mantener una actitud completamente profesional. Claro, cuando hay algún visitante de mi edad me limito a deleitarme con la mirada un rato con la mayor discreción posible.
Eso sucedió aquel jueves. Iba saliendo de la dirección de la escuela con mis compañeros de prácticas y se respiraba un aire de hormonas adolescentes, planillas estudiantiles y sudor. Había mucho ruido que provenía de un sonido rentado especialmente para que los alumnos bailaran en la cancha de baloncesto como si fueran al antro cada fin de semana, los trabajadores estaban sentados a los lados mientras discutían lo que tenían enfrente y eventos varios y mi cara de agotamiento se comenzaba a notar. Había terminado mi día, al fin. Me encanta ir a dar clases porque siento que me revitaliza minuto a minuto, pero el cansancio comenzaba a ceder. Claro que olvidé todo eso cuando veo que, sentado junto a dos maestras de educación especial, está un chico sin uniforme, aparentemente de mi edad.