Querido diario: entre ayer y hoy conocí a un gran chico. Increíble, sensitivo, comprensivo y muchas cosas positivas que terminan en -ivo, -ible y -el, entre otras.
Sé que tal vez no lo merezca, tras las desventuras que me he provocado a lo largo del año y de las malas decisiones que he tomado, pero me di la oportunidad de conocer a alguien más, y no me arrepiento de que me haga sentir bien, no importa si acaba en cinco minutos, en cinco días o en cinco años.
Así que, diario, tras un año lleno de encuentros casuales y no casuales, de reírme con mis amigos y llorar viendo Frozen por segunda vez, puedo decir que, a pesar de que fue un año de mierda a grandes rasgos, incluso la mierda tiene sus ventajas.
Puede que no esté destinado para lidiar con las relaciones de pareja, pero al menos sé que hay personas allá afuera dispuestas a intentar una conmigo.
Tal vez no sea el mejor hijo, hermano, amigo o conocido, pero sé que estoy dispuesto a mejorar cada vez que me doy cuenta de que estoy en un error.
He pensado mal y actuado bien unas cuantas veces, he pensado bien y actuado mal un gran porcentaje, he pensado mal y actuado mal muchas veces, pero también he llegado a pensar y actuar bien en un par de ocasiones, y he tenido resultados mejores de los esperados.
Me doy cuenta, diario, de que cuando una persona me hace reír y platicar libremente se siente mejor que cuando intentan comprar el sentimiento; que hay personas solas, pero es tarea de alguien más trabajar con eso, y que puedo disfrutar, diario, de la vida cuando me lo permito.
Aunque suene como esos libros de superación personal que suelo aborrecer, me doy cuenta, diario, que tal vez no pisé en los lugares indicados, pero al final todos los caminos me llevaban a mí. Y puedo decir que, aunque no me he encontrado totalmente, ya tengo armada una gran parte del rompecabezas.