21 marzo, 2021

La vida: diario de la perdición XIV.

 Acabo de ver, en una historia de instagram, que un amigo etiquetó a un exnovio en su historia, dando a entender, al parecer, que ambos salieron.

No hay ningún problema con ello, puesto fui el que se decidió retirar de tal relación, y quiero pensar que no quedaron sentimientos pendientes de mi parte en ese trayecto, pero me di cuenta de que quiero compartir con alguien el suceso y no tengo con quién, pues, al único amigo que ubica tanto a mi exnovio como a ese amigo, ya no le hablo. Y no pude contarle tampoco que ese mismo exnovio conoce a un chavo con el que salí hasta que terminé destrozado por mi insistencia de estar en donde alguien no me hace bien, y tampoco le alcancé a compartir cómo este último chavo ha estado buscando entablar una conversación conmigo en las últimas semanas (algo que las lleva todas de fracasar conmigo en cuanto recuerdo cómo terminé tras salir con él, porque aunque me prometan y me aseguren de que él ya es otra persona, yo también soy alguien diferente y no tengo ganas de estar ahí de nuevo).

En fin, a veces siento que ya no tengo con quién platicar de las banalidades más divertidas de mi día a día, y en ese sentido extraño al que fue mi mejor amigo. Pero me da gusto ver que es una persona que se encuentra bien (incluso parece que mejor que cuando seguía viva la amistad), y si soy sincero yo también estoy mucho mejor ahora.

Las cosas de la vida, ¿no?