22 marzo, 2014

Feo.

Últimamente me siento feo.
Ahora, mientras trabajaba con cuatro compañeros en un trabajo de la escuela (fuera del trabajo los considero mis amigos, pero descubrí que es contraproducente tratar de desdibujar los límites entre los amigos y la escuela), hubo un momento en el que todos rebosábamos de estrés.
Mirabas a uno de nosotros y todos estaban ocupados haciendo algo, sin importar que estuvieran concentrándose o no en ello. Para relajar los ánimos del pequeño grupo de trabajo, abrí la cámara web de mi computadora para comenzar a tomar fotografías.
Mi computadora no es particularmente lenta, pero ese programa tarda bastante en arrancar, así que me acomodé en mi asiento y observé fijamente a la pantalla de mi computadora.

19 marzo, 2014

Un día no tan malo.

Querido diario de un chico que extrañaba teclear "querido diario" al inicio de una entrada de blog con tal de encontrar la inspiración necesaria para comenzar a relatar brevemente una historia (o serie de historias): disfruté de mi día.
Por supuesto que una amiga hizo una mueca cuando respondí su "que cumplas muchos más" con un "pero no tantos", otra amiga se extrañó cuando mencioné que no quería que gritaran al mundo que hoy cumplí años y noté la expresión de alarma que dijo una tercera amiga cuando comenté brevemente que comí solo.
Logré el propósito de tener un cumpleaños discreto. Quien me felicitó fue por que lo recordó, porque alguien le acordó o porque les pareció extraño que las demás personas me estuvieran abrazando sin razón aparente.
Fue un extraño experimento el de pasar desapercibido, a comparación de años anteriores en los que parecía que alguien me había puesto durante veinticuatro horas un cartel en la frente que decía "ES MI CUMPLEAÑOS, FELICÍTAME".

17 marzo, 2014

Lo último que sabrán de mí.

Ésta no es la última vez que escribiré en este bello y pequeño espacio que ha sabido de primera mano sobre mis desamores, mis miedos y mis pensamientos. Sin embargo, si digo que es "lo último que sabrán de mí" es porque, hasta cierto punto será lo último que sabrán de mí, escrito por mi persona de veinte años.
Mañana es mi cumpleaños número veintiuno, y no puedo estar menos emocionado porque llegue el día.
Muchas personas, en mi lugar, se sentirían ansiosos de la emoción porque llegue tal fecha. Imagino qué estarán pensando y encuentro abrazos, felicitaciones, seres queridos tratando de alegrar tu día (lo estés o no pasando muy bien), regalos, felicidad.

10 marzo, 2014

Heridas.

"Tienes que estar bien, feliz", estuve pensando a lo largo del día, "o al menos trata de aparentar que lo estás".
Recordaba con dureza las palabras que dijo mi mamá aquel día que le dije mi pequeño secreto.
Me miró con ojos firmes, tratando de mantener un ritmo de respiración.
"Veo que no eres feliz", dijo.

08 marzo, 2014

Desaparecido: una breve conversación.

“Hola”, decía el mensaje que había escrito E.E.
Si me había desconcertado el hecho de que me aceptara tan rápido, al ver ese mensaje suyo ya estaba un poco confundido.
“Hola”, escribí, dándome cuenta de la poco interesante dirección hacia la cual llevé la conversación hasta el momento.
Estuve unos minutos observando el ordenador, en busca de señales que me indicaran qué escribir, esperando a que él tuviera suficiente sentido común como para discretamente eliminarme de su lista de amigos, o al menos para iniciar una conversación breve.
Me sentí aún más fuera de lugar cuando noté que la página me indicaba que estaba escribiendo algo y, luego de un rato, el mensaje desapareció, pero no recibía mensaje alguno.

07 marzo, 2014

Desaparecido: la historia de E.E.

Ahora, mientras tenía que hacer algo más importante que divagar en mi mente mientras observaba detenidamente hacia el techo, recordé una historia graciosa que me sucedió hace mucho tiempo atrás (entre ocho meses y dos años atrás). Es una historia con un final trágico, y fue así porque pudo ser algo interesante, pero terminó como todo lo efímero de esta vida.
Hoy no contaré la historia completa, será más que nada un adelanto de ella, pero puedo decir al menos cómo llegué a conocer una parte de la vida de E.E. (así son las iniciales de su nombre), a pesar de que no llegué a conocerlo en persona.
Todo comenzó una idílica tarde calurosa, en la que perdía tiempo usando la computadora mientras prolongaba la realización del quehacer del hogar. Deambulaba por Facebook, buscando algo en qué perder el tiempo mientras estaba solo en casa. Quería ver una película, pero la fuerza que las redes sociales ejercían en mí era más poderosa que el deseo de hacer otra cosa.

06 marzo, 2014

Esos pequeños detalles.

Querido diario de un chico que está recibiendo más miradas de las esperadas: debo tener algo horripilante en mi rostro como para llamar la atención así.
No quiero decir que todos me miren al entrar a un lugar, como en las películas adolescentes que adoro, y tampoco he sido un completo fantasma en el pasado que pueda estar entre la gente y sólo ser notado por un vidente. Sin embargo, al menos antes podía controlar lo que llamo "el arte de pasar desapercibido", y ahora creo que ese control se ha desvanecido. O quizá apenas me doy cuenta que en realidad nunca pasé desapercibido, aunque honestamente no creo que sea el caso.
Está, por ejemplo, el chico que me saludó hace un par de semanas. Gracioso, gracioso evento. Si me conocen (o si han leído lo que he escrito por aquí) son capaces de intuir acertadamente que mi siguiente movimiento con el chico consiste en tratar de encontrármelo casualmente, de una manera fría y calculadoramente planificada.
Todo era perfecto: su aula se encuentra a un costado de la cafetería, justo al lado del chico de los dulces (porque las personas, sobre todo cuando existe o hubo una atracción mínima, no desaparecen repentinamente de la faz de la tierra), y me puedo considerar un consumidor constante de sus productos. Sólo necesitaba hacerle notar mi presencia y sencillamente lo saludaría. Suena como un plan formidable, incluso infalible, pero al parecer hubo problemas en su ejecución.

05 marzo, 2014

Sin cables.

Querido diario de ese espécimen que supuestamente está en un periodo de autodescubrimiento: aunque se supone que no debo utilizar esa aplicación ni otras redes sociales (a excepción de twitter), anoche abrí WhatsApp durante cinco segundos. Me siento bien estando sin la preocupación creciente de recibir algún mensaje (sin hacerme el importante), pero en ocasiones pienso: ¿y si alguien trata de contactarme por ese medio?
No me refiero a preguntas sobre tarea ni cosas por el estilo; más bien me refiero a recibir algún mensaje del chico que conocí en octubre mientras venía a visitar mi escuela, o un texto del chico con quien salí a principios de este año. Algo similar sucede en Facebook al pensar "¿y si me busca por ahí un chico agradable, lindo y con potencial de convertirse en mi primer novio estable?", pero es ligeramente diferente por la simplicidad y accesibilidad que brinda la aplicación de los mensajes.
Mientras trataba de reducir mis expectativas, encontré un mensaje de un amigo, una imagen muy linda que me envió una gran amiga, y más mensajes sobre la tarea de los que imaginaba.

04 marzo, 2014

Juicio.

Es curioso cómo hoy estuve todo el día queriendo no estar en el lugar donde encontraba, deseando estar solo en un rincón, viendo My Mad Fat Diary en soledad, cuando al mismo tiempo trataba de mostrar mi mejor sonrisa cuando veía a un chico agradable.
Querido diario de ese chico que desea desaparecer solamente para algunas personas: ¿qué demonios está sucediendo conmigo? Hoy tuve pensamientos lascivos con cinco diferentes personas. Cinco. Incluso para mí eso ya no es normal.

03 marzo, 2014

Las ramas de los árboles.

Querido diario de un chico que cree que está en más aprietos de los que en verdad está, y siente que el mundo se aprovechará de esta vulnerabilidad para en verdad meterlo en problemas: mis padres son dos de las personas más inteligentes y admirables que conozco.
Los sábados siempre han sido días de estar sin papás, debido a cuestiones del trabajo. Es normal despertar un sábado en la mañana, tarde, y bajar a la cocina, encender la televisión y calentar la comida que me dejaron para desayunar, o idear algún intento de comestible culinario creativo con lo que esté a mi disposición en el refrigerador.
En ocasiones, el sábado resulta ser un día ocupado, en el que, por una razón u otra, termino con la necesidad de ir a la ciudad. Este sábado que acaba de pasar fue un día así, por lo que desperté un poco más temprano que otro fin de semana y partí un poco tarde a mi encargo y con solamente media taza de yogurt de frutas en mi estómago.