19 diciembre, 2012

Resoluciones y despedidas.

Quería que la última publicación de este blog fuera la número 13, porque el número 13 me encanta, tiene esa magia para mí y me identifico con él. Sin embargo, esta entrada siendo la número 12 será posiblemente la última del año, y tal vez puede ser la última de mi historia, pues viajaré en estas vacaciones.
No diré detalles como los lugares precisos que visitaré o con quién (bueno, iré con mi familia para evitar que se hagan especulaciones), pero regresaré hasta el 2013 si es que la de negro no me quiere llevar antes.
Como es la última vez que comparto en el año, quiero hacer un recuento de lo sucedido, pero no enlistaré cada cosa que me pasó, sino que daré mis conclusiones por así escribirlo. Primero quiero decir que estoy orgulloso de muchas cosas que han sucedido. Mis amigos siguen conmigo, logré interiorizar los dramas que aparecen en mi mente y ya no contagio de estrés y de frustración a mi familia (al menos no tanto como antes), en la escuela no me va nada mal y estoy cumpliendo mi sueño de escribir cosas. Como este es uno de los pocos lugares o espacios donde lo hago, trataré de enfocarme en mi, aunque este blog me haga sentir como que si creo que soy el centro del universo, cosa totalmente falsa.

17 diciembre, 2012

La tumba y la sombra.

¿Hay algo mal en mi?
¿Existe alguna cosa que pueda cambiar para que todo mejore?
No sé por qué me pregunto eso. En ocasiones me doy cuenta de que la gente puede responder sencillamente cualquier cuestión sobre sí mismos. Es graciosamente rápida la respuesta que obtienes cuando le preguntas a alguien por su música favorita, sus películas preferidas o hasta cuál es la comida de la que nunca se enfadarían. Veo que las personas duran menos de cinco segundos para responder las tres. En este caso, puede que mientras las leen las estén respondiendo en su mente. Y yo no puedo contestar ni siquiera una sin pensarlo por más de un minuto. Es algo que no sólo me molesta. Va más allá. Me hace sentir decepcionado.

15 diciembre, 2012

Arrepentimiento: Que alguien me explique cómo callar a mi cerebro.

Me siento mal por haber escrito que mi papá es un bully el otro día. No lo borraré porque me prometí que dejaría intactos los textos para, si algún día los leo, saber cómo me sentía en el momento sin quitarles "la esencia" (a menos de que sea un bastardo error ortográfico o de gramática, soy un Grammar Nazi).
Sin embargo, ese trozo de texto en particular me está pidiendo a gritos que lo borre. Siento que no debí decir eso de mi padre y que estaba muy enojado en el momento que lo escribí, porque descubrí que, al igual que yo, tiene miedo de que resulte ser quien cree que soy. Tristemente, sí soy quien teme que yo sea.
Tener un hijo así no es el sueño de muchos padres (si es que alguien espera tener un hijo gay). Ser así siempre viene con un poco de drama, y si te consideras una persona dramática como yo puedes esperar que en cualquier momento te de un paro cardíaco del estrés de ocultarle al mundo la persona que eres en realidad. En lo que no me había puesto a pensar es que ellos tienen tanto miedo como yo.

13 diciembre, 2012

Encerrándome cada vez más (saliendo del closet ante mí).

Dejando mis tareas escolares de lado, he decidido sentarme en el piso de mi habitación y hablar. Tengo que limpiar, cenar, planchar, recoger, hacer tareas y muchas cosas más, pero en este momento prefiero estar aquí escribiendo mientras escucho un estridente sonido de un extraño silbato que alguien o algo hace sonar en la calle.
Hoy me confesé. Estaba en la iglesia junto a un primo, ambos estresados por el hecho de contarle tus más preciados secretos a una persona a la que, sinceramente, no le incumbe nada de lo que dirás, y esperábamos nuestro turno junto con un grupo de adolescentes y unos cuantos señores.
Estábamos en una sala de espera (la iglesia), la cual me sorprendió porque era más callada que una biblioteca, hasta el momento en el que un joven decidió sacar su guitarra y tocar y cantar unas cuantas canciones religiosas. Tocaba con tal sentimiento que hasta yo podía darme cuenta que si alguien le decía que debía morir por el señor, se suicidaba lo más pronto posible sin preguntar por qué. Ahí me di cuenta de que yo no pertenecía a ese lugar, lo cual se reafirmó al final de la confesión.

12 diciembre, 2012

Puntos suspensivos... Puntos suspensivos everywhere!

No me siento como un chico gay normal. Estaba leyendo un guión que encontré por internet. Es de una película próxima a estrenarse llamada Gay Dude y trata sobre dos chicos que ven su relación de amistad en peligro desde el momento en el que uno de ellos decide confesar que es gay.
En pocas palabras, mi vida si tuviera un mejor amigo hombre, en serio. Fue raro leer ese guión y sentir que muchos de los diálogos que Alan Yang escribió ya los había dicho o los había pensado antes. Espeluznante. To be continued...
...
And continuing...
Siento que me estoy enamorando de alguien virtual. Después de interrumpir el post que estaba escribiendo anteriormente, quise terminar mi tarea, pero se me vino a la mente entrar a Omegle.com y activar la opción donde haces una pregunta y ves cómo dos personas extrañas responden a ella. Fue divertido preguntar si debía decir que soy gay en la confesión frente a un padre de iglesia extraño de una religión de la cual me alejo cada vez más y obtuve respuestas bastante coloridas a la cuestión que presentaba. La mayoría dijo que debía decirlo y no sé si lo haré o no.

05 diciembre, 2012

"Y antes de partir, quiero decir unas palabras".

Nunca en mi vida había escrito al punto de quedar exhausto. Ya no quiero escribir más por hoy, pero tengo que decir que mi padre se comporta como esos chicos de la secundaria, aquellos a los que ahora les llaman "bullys".
Puede que esté tomándolo todo desde una tonta e inmadura perspectiva, pero así lo siento. ¿Cómo puedo evitar ser acechado por ellos cuando el que siento que me hace más daño es mi progenitor?

NOYB = None Of Your Business (es decir, "qué te importa").

A veces me pregunto si en verdad llegaré a ser amado algún día. No me refiero a amor de familia, amigos o "amo odiarte a muerte", sino a ese amor al que todos anhelamos algún día.
Al igual que estoy cansado de la serie de injusticias que me acechan debido a mi sexualidad, estoy más que nada exhausto hasta de seguirme quejando. Claro, no digo que hacerlo en un blog donde cualquier persona desconocida pueda saber más que mis propios padres esté mal, me sirve porque no me permiten ir a un psicólogo (porque "qué pensarían de mi", como si a estas alturas me importara) y porque mis verdaderos amigos tienen vida y no es justo que la detengan para aguantar con cosas con las que no se merecen lidiar; pero llega el punto donde veo que es mucho ruido y pocas nueces. Siento que ya basta de quejarme de que nada cambiará o de que me terminarán echando de mi casa, pero también me siento impotente ante la situación. ¿Qué podría hacer para mejorar esto?

Ficción: Maldita Sea

Esta historia la terminé de escribir hace como cinco segundos. Acabo de llegar del campo que se menciona y vi a un chico muy lindo, lo cual sirvió de inspiración para mi historia, además de que dejé sacar mi lado bitch porque ver la serie Popular me ha lavado el cerebro.

Maldita Sea

Me llamo Nicolás y soy un hijo de puta. No sé por qué me pusieron ese nombre de marica, pero sobrevivo con el apodo de Nick. Me da igual que piensen que soy un estúpido, un tarado o un creído. Lo soy. Lo que tiene que hacer uno para conseguir ser el más popular de la escuela. Qué va la escuela, de todo este lugar de mala muerte.
Todos me conocen. Todos desearían ser yo o cogerme. Excepto yo (bueno, cogerme no estaría tan mal ya que lo pienso). ¿Por qué diablos no quiero ser yo? Porque conocí a Sam. Y para acabarla de chingar no conocí a ninguna Samantha, sino a un Samuel.

Mi asquerosa y gorda vida que me provoca ganas de vomitar.

Ya es seguro, no les diré nunca. No importa que tenga mi propia casa, que haya adoptado mil niños o que tenga un “esposo” o algo así, no les diré nunca. Hoy mi mamá llegó usando un chalequito que había usado para una presentación en su escuela. Era un pequeño chaleco color negro, como el que usaban los gitanos, y le pedí que me lo prestara, bromeando, claro.
Estaba en la cocina con mi mamá y mi papá y en el momento en que pedí el chaleco prestado, un silencio sepulcral cayó en el rostro de mi papá. A pesar que acaban de pasar apenas un par de horas, no recuerdo exactamente lo que dijo, pero mencionó que "así empiezan". Yo obviamente sabía que se refería a que así empezaba el proceso de "salir del clóset" para los chicos de por aquí. Primero vestían 0.00001% rosa o alguna cosa femenina y terminaban usando más maquillaje que RuPaul.
Mi mamá pareció no captar el mensaje, así que no dije nada, seguí con mi papel de juguetón, pero mi papá me dio una mirada de decepción. Puede que exagere según ciertas personas, pero sé cuando su mirada es de tristeza, sé cuando es de desaprobación y sé cuando es de decepción. Ésta era de decepción. Seguí jugando, quise no darle el gusto esta vez.