24 abril, 2019

Diario de la perdición, parte XI: con la espalda descubierta.

Tener sexo sin condón implica confiar ciegamente en la otra persona, y eso lo puede hacer una de las más grandes idioteces que se pueden hacer en esta vida.

Lo hice así por primera vez con un chavo al que creí el amor de mi vida durante ese rato que lo conocí. Me dio sífilis por esa situación tan romántica, y resultó en una cura sencilla con muchas explicaciones incómodas de por medio.

Después con un chavo que tenía las nalgas más hermosas que he visto en mi vida. Me valió que proviniera de un lugar entre los límites de Colombia y Venezuela y que me transmitiera las mejores enfermedades de los dos terceros mundos, pero ahí me tuvieron, dándole con todo en el parque de mi fraccionamiento.

No recuerdo si el chico de Culiacán con quien cometí el mismo pecado fue antes o después del nalgoncito, pero también con él sucedió lo mismo. Creo que hasta me terminó orinando en la boca mientras estuvimos encerrados en el baño del antro. Solo recuerdo bien su: "yo estoy seguro de que no tengo nada, no sé tú", y aquí tienen a su pendejo particular, cometiendo fregaderas para que ustedes no las hagan.

No sé si cuente pero un chavo, por esos mismos días, el "activo lechero" como dicta la leyenda que mantienen mis amigos, me dio tan fuerte que el condón se le destrozó dentro de mí. Supongo que el hecho de que uno tenga su pene descubierto dentro del ano del otro ya es suficiente, sean diez segundos o dos horas.

El quinto sería mi novio. Él fue el único con quien la decisión de ir descubiertos fue consensuada de antemano. Tras hacerme estudios de hasta lo que no provoca síntomas y descubrir que de milagro logré esquivar todas las balas posibles (y las que sí me dieron ya estaban curadas de todo mal), cedí ante la decisión de demostrar mi confianza ante el bienestar propio y suyo permitiendo que estemos dentro del otro sin barreras.

A veces me pregunto por qué lo llegué a hacer y por qué chingados seguí haciéndolo. A excepción de con mi novio, me lamenté una y otra vez de esa decisión y del trasfondo que conllevó cada una de ellas.
Es muy fácil estar en riesgo, y aún así seguí en contacto con el precipicio que no sabías si te había dejado caer hasta que ya estando en el aire.
No lo hagas, por favor.
Si estás totalmente seguro de con quien lo haces va a respetar tu salud e integridad al privarse de meterse con más personas supongo que es planteable, pero depositar confianza en alguien más siempre es un riesgo que ni todos merecen ni todos quieren asumir.

22 abril, 2019

Impetuoso.

Siempre me he lamentado de vivir con los ojos cerrados.
Me doy cuenta de que he estado más despierto de lo que he creído. Al menos más consciente.
No tanto, aunque es algo.
Ha pasado mucho tiempo desde que escribí por última vez detallando eventos de mi vida. Cada vez se vuelve más difícil porque he interactuado con más personas en estos últimos dos años que en el resto de mi vida, y cuando hay más de uno en la historia, o más de dos, la intimidad no es solo mía.
Muchas de las cosas que plasmo aquí temo que terminen siendo compartidas, porque eso implica la posibilidad de que los involucrados se identifiquen en el texto. Se agravó la situación desde que empecé a vivir una relación estable. Por eso no existe ninguna publicación desde septiembre del año pasado hasta febrero del presente, y la siguiente, de este mismo mes, es una serie de poemas del año pasado. Por eso llegué a cerrar este blog un tiempo. Surgió un miedo inmenso a revelar cosas de más en un espacio que se supone es solo para mí.
Es extraño tomar en cuenta el punto de vista de más personas en algo creado con una visión distinta.
Mi primera reacción ante tal idea fue eliminar este espacio de la red.
Lo hice. Al final, nadie lo lee, más que un par de personas intermitentes, procedentes de otro continente. Me di el pretexto de guardar estos textos por si en algún futuro pensaba hacer algo de ellos, diciéndome que si llegaba a más en el ámbito literario este blog sería el equivalente de regalar mi trabajo. Pretextos al final de cuentas.
Miedo.

09 abril, 2019

Consumidos.

Algunos versos, como los que se muestran a continuación, fueron escritos antes del mes de febrero del año 2018, casi todos girando en torno hacia un mismo dilema. Los presentes aparecen sometidos para un concurso local de poesía. Los público a continuación debido a que en la administración original ignoraron la petición de quitarlos del portal:


La noche sin estrellas
Por tu brazo con arena,
y las bocas en los vientres
de desconocidos entes
empezamos la condena
de un deseo sin razones,
de alcanzar más que tu rostro
escondido en la distancia,
prometiendo entre oraciones
libertad a costa de otro.


Presente
Estamos de frente a nuestro pasado,
lo dicen tus manos en su trayecto,
se ve a través de tu roce calmado,
que a su fin dan con un camino recto.

Entre tu ser va mi toque imperfecto,
miel de un pecado que no se ha olvidado,
que en sordos aullidos muestra su efecto,
boca calmando al bocado gozado.