Yo soy Jerome Squalor.
Vivo queriendo hacer el bien sin salir de donde me siento cómodo. Permito que una crisis de pensamientos contradictorios me nuble el conocimiento para hacerme el loco en lugar de tomar una decisión. Me la paso queriendo que todos estén bien y me cierro cuando la vida se mueve para hacerme dar cuenta de que no siempre es posible.
Soy Jerome Squalor queriendo ser Tom Sawyer. Vivo como Zooey Glass anhelando pensar como alguien normal, arriesgando estar en la cabeza de un simple mortal que no necesite distraerse del millar de pensamientos que giran por mi cabeza para poder tranquilizarse, de agotar la energía hasta el límite para conciliar el sueño una vez que mi cabeza se cansa. Y es que la gente piensa a los inteligentes como seres diferentes que se ven superiores, pero igual que Seymour lo que buscamos después de todo es la paz.
Dicen que los sabios de este mundo están trabajando detrás de un volante. Conocen muchos rincones de este mundo, saben lidiar con limitaciones de espacio y de materiales, siempre tienen plática sobre cualquier cosa y, según un primo, eligen los mejores lugares para detenerse a comer.
No todos, por supuesto, porque algunos se dejan llevar tanto por una idea, por una percepción, por una manera de ser. Decidir no ver lo que estamos viendo es un trato humano, después de todo. Al igual que la culpa, y la creación de ilusiones, de expectativas, con cosas, situaciones, personas. Es humano intentar ver hacia el futuro, aunque solo logramos desenmarañar el presente, en el mejor de los casos.
Ves. Observas. Miras.
Los ojos son poderosos, pero fáciles de engañar.
Y ellos todo ven. Aunque decidan ignorarlo de vez en cuando.
Iniciativa.
Palabra grande. Cuesta más trabajo pronunciarla que maldecir.
El mal del mexicano: que cuando está a gusto, luchará por mantenerse así, a menos que el esfuerzo sea mayor que la recompensa.
Cuándo me voy a poner a escribir la historia esa que tengo planeada. Cuándo voy a salir de aquí. Cuándo voy a decidir que ya estoy harto de las cosas que me hartan y comenzaré a moverme, a cambiar, a decidir que no voy a dejar que la flojera me agobie, me agarre de brazos y piernas y me impida el movimiento. Cuándo me voy a defender contra la inercia y sus males, contra el conformismo y sus comodidades, y contra sentir que no encajo en un lugar y no hacer nada para modificarlo.
Leí por ahí que las personas a veces sienten esos bloqueos por miedo a no hacer las cosas bien.
El artículo no decía qué hacer en esos casos.
Proacción, no reacción.
Sudor en la frente. Desesperación en los dedos que se mueven para formar palabras. Sentir la sangre correr por todo mi cuerpo de la emoción de saber que estoy haciendo algo que tiene significado. Para mí, o para los demás, o para la vida, o para las cosas que me rodean y que no me rodean. Para lo que sea, pero que signifique, que sienta, que duela por ser tan verídico para mi ser que me lleve al punto de explorar y reintegrarme y volver a explotar y repetir.
Aunque nadie me entienda, ni siquiera yo.
Aunque nada entienda, y a veces decida no ver.
Aunque luche por convencerme de que algo saldrá bien.
Algo haré.
Vivo queriendo hacer el bien sin salir de donde me siento cómodo. Permito que una crisis de pensamientos contradictorios me nuble el conocimiento para hacerme el loco en lugar de tomar una decisión. Me la paso queriendo que todos estén bien y me cierro cuando la vida se mueve para hacerme dar cuenta de que no siempre es posible.
Soy Jerome Squalor queriendo ser Tom Sawyer. Vivo como Zooey Glass anhelando pensar como alguien normal, arriesgando estar en la cabeza de un simple mortal que no necesite distraerse del millar de pensamientos que giran por mi cabeza para poder tranquilizarse, de agotar la energía hasta el límite para conciliar el sueño una vez que mi cabeza se cansa. Y es que la gente piensa a los inteligentes como seres diferentes que se ven superiores, pero igual que Seymour lo que buscamos después de todo es la paz.
Dicen que los sabios de este mundo están trabajando detrás de un volante. Conocen muchos rincones de este mundo, saben lidiar con limitaciones de espacio y de materiales, siempre tienen plática sobre cualquier cosa y, según un primo, eligen los mejores lugares para detenerse a comer.
No todos, por supuesto, porque algunos se dejan llevar tanto por una idea, por una percepción, por una manera de ser. Decidir no ver lo que estamos viendo es un trato humano, después de todo. Al igual que la culpa, y la creación de ilusiones, de expectativas, con cosas, situaciones, personas. Es humano intentar ver hacia el futuro, aunque solo logramos desenmarañar el presente, en el mejor de los casos.
Ves. Observas. Miras.
Los ojos son poderosos, pero fáciles de engañar.
Y ellos todo ven. Aunque decidan ignorarlo de vez en cuando.
Iniciativa.
Palabra grande. Cuesta más trabajo pronunciarla que maldecir.
El mal del mexicano: que cuando está a gusto, luchará por mantenerse así, a menos que el esfuerzo sea mayor que la recompensa.
Cuándo me voy a poner a escribir la historia esa que tengo planeada. Cuándo voy a salir de aquí. Cuándo voy a decidir que ya estoy harto de las cosas que me hartan y comenzaré a moverme, a cambiar, a decidir que no voy a dejar que la flojera me agobie, me agarre de brazos y piernas y me impida el movimiento. Cuándo me voy a defender contra la inercia y sus males, contra el conformismo y sus comodidades, y contra sentir que no encajo en un lugar y no hacer nada para modificarlo.
Leí por ahí que las personas a veces sienten esos bloqueos por miedo a no hacer las cosas bien.
El artículo no decía qué hacer en esos casos.
Proacción, no reacción.
Sudor en la frente. Desesperación en los dedos que se mueven para formar palabras. Sentir la sangre correr por todo mi cuerpo de la emoción de saber que estoy haciendo algo que tiene significado. Para mí, o para los demás, o para la vida, o para las cosas que me rodean y que no me rodean. Para lo que sea, pero que signifique, que sienta, que duela por ser tan verídico para mi ser que me lleve al punto de explorar y reintegrarme y volver a explotar y repetir.
Aunque nadie me entienda, ni siquiera yo.
Aunque nada entienda, y a veces decida no ver.
Aunque luche por convencerme de que algo saldrá bien.
Algo haré.