Como siempre, mis períodos filosóficos, llenos de preguntas que van desde la metafísica hasta el orden del universo, suelen suceder en la madrugada y/o mientras intento concentrarme en la realización de alguna tarea escolar. No pienso desenvolverme tanto, pues planeo dormir esta noche madrugada y descansar un rato para mañana evitar tener una expresión hostil en mi rostro, pero tengo que desahogarme.
Poco a poco he notado que en realidad soy un chico que es al mismo tiempo homosexual y homofóbico. Interesante, ¿no? No. Bueno, sí es algo interesante o quizá hasta fascinante, pero no es agradable despreciar lo que es una gran parte de mi vida, sobre todo cuando cada día lo hago algo más y más importante para mí, a pesar de que no todo en este mundo sea definido por mi sexualidad.
Lentamente he cambiado el segundo aspecto que suele definirme, pues es algo que tenía que hacer si quería seguir viviendo o al menos hacer de mis días una serie de eventos tolerables. Sin embargo, si algo he dejado algo fuera de mis ejercicios de tolerancia es a los chicos que tienen maneras algo femeninas. ¿Cómo una chica que tiene más testosterona en su cuerpo que la que tengo yo en el mío no me intimida o afecta tanto como un chico que habla con un tono de voz más agudo de lo que es "socialmente aceptable"? (Por cierto, a la mierda con los estándares de la sociedad).