Tres semanas y dos horas atrás, estaba en tu cuarto dormido.
Una noche antes, caminábamos los dos por la playa.
Seis días después, bebimos sin sentirnos perdidos.
Tres o cuatro antes que eso, lo dimos todo, sin pensarlo.
Tres días antes que hoy, estabas aquí, en donde justo estoy.
Antier intentamos esconder nuestra piel en la del otro.
Hoy estamos ocupados, te llevaré en el pensamiento.
Mañana quién sabe, quizá no nos toque llegar, empieza a importar no verte, pero olvido el futuro al ver tus ojos, esos que no me ven dentro de siete años.
Jamás hablaste de los otros cuatro sentidos.
27 noviembre, 2017
20 noviembre, 2017
vacío.
2018:
esas últimas veces me encontré sedado por líquidos que resecaron mi garganta, por neblinas invisibles que impidieron la llegada de la consciencia.
pinche perra vida, ya estoy harto
quiero regresar a los momentos de idiotez
porque aún destruyan a mi ser
me ayudan a olvidar el vacío.
18 noviembre, 2017
Catorce.
Ayer fue el treceavo día.
De una nueva vida que llegó de no sé dónde.
La locura invade mis sentidos, más míos que nunca, pero sí están asombrados por esos ojos, profunda mirada, que no me lo dice todo, pero sí me deja ser parte.
Esas caricias llenas de intensidad, ese cielo que deja de tener relevancia si no tiene estrellas en él, las estrellas siempre están ahí, pero no siempre brillan, a veces se ocultan entre las nubes.
Vida, vaya vida. Vida de perdición, vida de impulsos, vida de dejarse llevar por una caricia, vida de compartir, vida de emoción, vida de cambiar las noches de dormir por momentos que se disfrutan con gusto.
Vida de tomarse de la mano a escondidas, recargados en el barandal de un lugar con luces de navidad.
Vida de sentarse frente a la playa, sobre las rocas inestables, y sentirse seguros.
Vida de una intranquila sensación de congeniar.
Se siente diferente, eso diré.
Sigo con el vaivén de mi vida, continúo mis caminos, alimento mis anhelos, pero se siente también que una parte diferente empieza a tomar lugar. Sin precipitarse, ni asumir, ni dar nada por hecho en esta vida, se siente muy bien este imperfecto y extraño asunto.
Hoy es el día siguiente.
12 noviembre, 2017
Doce de noviembre, dos mil diecisiete.
Dejarse llevar. Todo en la vida parece que es de dejarse llevar. Se puede hacer si tienes mil cosas en la cabeza; no es afirmación, es más una pregunta.
Bailé con él. No toda la noche, pero sí hasta que sus tobillos le dijeron basta y hasta que mis rodillas no pudieron más. Entre canciones que cantábamos si nos las sabíamos o que coreábamos si nada más las reconocíamos, nos dejamos llevar. Por el ritmo, por la noche, por las miradas que nos ofrecíamos entre nosotros dos.
Ni el pasado ni el futuro importaron en el momento, mucho menos el dolor y los pensamientos, al menos por un rato. Todo fue movimiento, y cuando no lo hubo quedó el aire.
Ahí estamos los dos, desde mi punto de vista: entre el suelo y el mundo que se nos viene encima. Y disfrutamos. De las preguntas, las discrepancias, las incomodidades, los alientos compartidos, los errores del otro, las cualidades invaluables, las sonrisas arrancadas o regaladas, las miradas de pensamiento, la vida.
Tanta vida que hay.
06 noviembre, 2017
Tifón.
Desde esa noche de luna casi llenaen la que miramos en su lugar a las estrellasreflejadas a través de tu mirada plena,de tu luz me llenasy ese roce incesante de tu pielque, prohibida, dejo acercar bajo riesgo,por saber si tu sabor es como la mielarriesgaría mi miedo,aunque vuelva el temor a resurgir de noche,precipitados pensamientos que se vuelven sentimientos,pero por aquellos recuerdos, libres de remordimientos,agradezco a ti.
Las cosas que no entendemos nos asustan. Aunque sea, a veces de repente.
Darse cuenta de que actuamos no siempre con la razón.
Da miedo equivocarse.
Al mismo tiempo, días, momentos, como el que comenzó esta noche y parece nunca acabarse en mi cabeza, se aprecian. Se agradecen. Se anhelan sus continuaciones.
Me pongo a pensar en muchas cosas que quizá debí detener. Y, entonces, pienso, ¿se deben detener las fuerzas de la naturaleza?
Quizá se debe tratar de que un huracán haga el menor daño posible a quienes se puedan ver afectados. Los impulsos de un tigre asesino se necesitan tranquilizar para no matar inocentes. Pero encontrar tanta paz al convivir con otra persona, sentir que arrojarse al vuelo es lo natural, pues...
El tiempo al tiempo, la vida a la vida y que las cosas tomen su curso, claro. Queda la emoción de vivir algo nuevo, con su potencial para que la lluvia de la cabeza se convierta en un tifón en descontrol, uno que me gustaría vivir, viendo el curso de las cosas.
Tantas cosas qué decir y escribir y las palabras no alcanzan para expresar las cosas como fueron.
Agradezco a la vida.
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