26 octubre, 2014

En un vaso de agua.

Es difícil pensar bajo el esquema de funcionamiento de mi cabeza. Estoy bien cuando hago algo, cualquier cosa, hasta que comienzo a preguntar el por qué de cada pequeño suceso.
¿Por qué aquella chica está con aquel chico?
¿Cómo las personas decidimos qué materiales son "comida" y qué cosas no lo son?
¿Por qué Edén (así llamaré al chico en cuestión) continúa enviándome mensajes?
Me encantan sus mensajes y en sí que me sienta bien escribiéndole ha resultado ser algo tan improbable como agradable, pero no dejo de pensar en que puede que llegue el momento en el que diga "ya no quiero platicar con él" y se despida con un simple "adiós".
Será la mayor muestra de inseguridad que ha pasado por mi mente en toda la semana, pero en verdad temo que uno de nuestros silencios entre mensaje y mensaje se vuelva tan largo que dure para toda la vida.
Francamente sé que estaría bien si resulta que no hay nada entre Edén y yo, pero mentiría si dijera que no siento hay ya un vínculo formándose entre ambos. El problema principal es que siento que el vínculo adquiere vida, pero ¿será cierto?
¿También tendrá un pensamiento ocasional sobre mí?
¿Pensará en mí si escucha una de mis canciones favoritas o si lea algo que le recuerde a mi persona?
¿Invertirá un pequeño espacio para pensar en qué escribirme y vivirá los instantes de incertidumbre que vivo antes de que responda porque no sé si estuvo bien o mal lo que envié a pesar de que conteste con una sonrisa y entre en pánico porque quizá la persona que imagina que seré resulta diferente a quien soy en realidad aún y cuando sigo siendo yo mismo a pesar del miedo y de no saber qué sucede?
Muchas personas dirán que me estoy ahogando en un vaso de agua, pero no sabrán que eso siento cuando me comienza a gustar una persona: que me ahogo en un vaso lleno de pura y deliciosa agua, lista para cortar mi respiración mientras revivo mi vida en mis últimos segundos.

24 octubre, 2014

Inocente infancia.

Recuerdo que cuando era un niño de primaria, entré en una crisis cognitiva cuando trataban de explicarnos los tipos de mezclas a partir de un yogurt natural y de un biónico (aunque mi cabeza gritaba erróneamente que se trataba de una escamocha).
Había dos tipos de mezclas: homogénea y heterogénea. Trataron de explicarme, según recuerdo, que las homogéneas eran como los amigos, porque normalmente se juntan niños con niños y niñas con niñas, mientras que las heterogéneas eran como los amores, porque a los niñas les gustan los niños y viceversa.
Aún me encontraba muy lejos de descubrir que me gustaban las personas del mismo sexo, y todavía más lejos de identificar lo homogéneo de lo heterogéneo con tales palabras, pero entré en crisis desde un principio por una sencilla razón: no tenía amigos varones.

23 octubre, 2014

Acróbatas en mi cabeza.

Esta vez sé que las cosas terminan. También que otras cosas pueden comenzar.
Diré que, si resumo lo que sucedió, el chico que describía en la entrada anterior y yo dejamos de contactarnos. No hubo un "adiós", un "hasta luego" ni un "ya no voy a hablarte"; simplemente ninguno volvió a hablar, y siento que no estuvo tan mal.
Una vez diré que, a pesar de que no veo como "correcto" desaparecer de la vida de alguien así como aparezco, creo que también es necesario conocer a alguien lo suficiente como para crear un vínculo emocional. Nada más al mirar hacia atrás, una mala costumbre que suelo ejercer, encuentro a varios "amores" con las personas incorrectas.
¿Algún día llegaré a conocer a la persona correcta? ¿Existirá una persona correcta para la complicada y a la vez simple persona que soy?
Racionalmente, parece que no son preguntas que me corresponde responder, y la respuesta se aleja mientras más intento acercarme. Qué sucio juego es éste, en el que todo viene y va, y no queda más que adaptarse a las circunstancias del presente.
Días han pasado, sin embargo, y todo apunta a que ese presente puede ser mejor que bueno. A pesar de no considerarme como una persona que se deja llevar tanto por las relaciones románticas y de que pienso ser capaz de mantener la compostura en muchas situaciones incómodas, un chico al que recién estoy conociendo me ha hecho volver a plantearme todo eso.
Odio pensarlo, pero es curioso cómo cuando me habla me doy cuenta que vuelvo a sonreír por un mensaje. Cómo sé que trato de evitar pensar en cosas lindas con él para no decepcionarme en caso de que no sucedan, pero sentir el tiempo volar si leo sus textos. Y me frustro de gusto cuando me estrujo los sesos para de ser creativo, gracioso, provocador y adorable, y al final recibo más sonrisas cuando soy yo mismo sin presiones, presiones que suspendo y que me ayuda a olvidar. En menos de una semana conociéndolo, sea malo, incorrecto o estúpido, un chico está logrando que observe a mi alrededor y diga: "hay muchas cosas por las que puedo sentirme bien en este día".

15 octubre, 2014

Desconocidos.

Uno de los más grandes placeres de la vida (si por "placer" uno se refiere a ese delicioso tormento que se alimenta de nerviosismos y desesperación) es conocer a una persona relativamente nueva. Hablar con un extraño en la calle, encontrar sin esperarlo algo en común con la persona que te atiende en la miscelánea, escribir con un extraño en línea. Esos ejemplos son sucesos graciosos, dolorosos, recordables, olvidables, poco importantes o hasta esenciales.
En sí, comunicarse por primera vez con una persona no tiene mucha ciencia. A final de cuentas, se intercambian palabras con tal de crear una conversación y... y ya. Cuando el desconocido se vuelve conocido, y es un recién conocido que promete ser una persona de cierta relevancia con la actualidad, es ahí cuando el problema comienza.
Es como aquella diferencia entre leer un artículo sobre dejar de fumar y leer el ensayo The Smoking Section de David Sedaris (parte de su increíble libro When You Are Engulfed in Flames). El primero va dirigido a cierta población específica, personas a quienes le interese el artículo o fumadores que desean dejar de serlo (o que los obligan a ello).

12 octubre, 2014

Idílico.

A lo largo de este último mes, he corroborado la idea de que el tiempo pasa más rápido cuando son cosas que deberían durar más, pero más lento cuando se trata de algo que desearía que terminaran de inmediato.
Por ejemplo, comencé a practicar dando clases, y he tenido días desagradables que de milagro finalizan de manera agradable, y días increíbles que terminan de la peor manera posible (el viernes incluso comencé a plantearme de nuevo las razones por las que elegí esa carrera durante un momento de debilidad intensa).
También he estado leyendo bastante, más que nada porque tengo tiempo libre y desaparecí de facebook -y aún así el internet se las arregla para arrebatarme el tiempo-, y he estado escribiendo también. Me gusta cuando escribo, sin importar si se trata de la historia patéticamente extraña y curiosa que trato de convertir en una serie de escritos coherentes, o si lo hago en un cuaderno al que no me atrevo a llamarlo "diario" porque no lo escribo a diario.
Me siento bien al hacerlo. Es como si, sin el temor a sonar trillado, al escribir es una de las únicas formas en las que me siento yo mismo, aparte de cuando estoy con un verdadero amigo o cuando leo, aún cuando con éstas es en un grado ligeramente menor.
En ocasiones coloco frente a mí el pedazo de papel y un lapicero de punta fina, mientras pretendo que soy muy bueno escribiendo, y comienzo a trazar garabatos que tienen significado en el momento en el que toman forma.
Me doy cuenta de que es uno de mis únicos escapes que todavía sirven. Con las películas y con algunas series me desconecto, dar mis paseos espontáneos y caminar por ahí dejaron de tener su recompensa armónica y las personas interesantes no siempre están disponibles, aparte de que los chicos a quienes encuentro a través de atroces páginas y aplicaciones son casi por lo general casos de desesperación. Con eso no digo que no he conocido a gente interesante, pero pocos comprenden mi poca resistencia a estar durante mucho tiempo pegado al celular, y la barrera virtual que provocan los textos a medias, las distancias innecesarias y la incertidumbre de que lo que leo corresponde a lo que quieren dar a entender... digamos que ya es una barrera muy grande.
Por ejemplo, he conocido a un par de chicos bastante diferentes el uno del otro. Uno tiene toda su vida resuelta, excepto en cuanto a la parte sentimental, y el otro no tiene miedo de hacer lo que hace, pero teme perder a quien cree que son las personas indicadas para él, aún cuando vea que no lo son. Uno es muy inseguro y lo demuestra de muchas maneras; el otro no lo demuestra porque le teme más a ser inseguro que a ser él mismo.
Ambos tienen miedo a estar solos, a quedar abandonados. Los dos son personas muy buenas, que sé que encontraron en mí algo agradable porque sus textos se fueron haciendo más largos, las caritas felices aparecían con mayor frecuencia y el tiempo para ellos pasaba volando cuando encontraban mis palabras en sus pantallas. Pero no sabían que no puedo ofrecerles una experiencia completa, porque uno vive en otro estado y el otro duerme mientras voy despertando.
Los dos me tomaron cariño, y me duele que haya sucedido con ellos cuando no es recíproco el sentimiento. Sigo cayendo, así como las palabras llenan los espacios en blanco que quedan en mí cabeza y en mi vida, atenuando las cegadoras luces que impedían que viera que eso estaba mal. No me gusta pasar los días ignorando mensajes, olvidando recados y teniendo la noción de que hay alguien que se llevará una gran decepción al saber que no será correspondido por mí.
Soy lo suficientemente cobarde como para dejar que el tiempo les diga la verdad que no me atrevo a pronunciar, mientras me ahogo entre libros y cuadernos que no me hacen olvidar la realidad, sino que me obliga a enfrentarla de una manera diferente. El problema es que, de seguir así, ¿no significa que la vida tendrá que cobrarme todos esos males? ¿O estoy haciendo que víctimas inocentes sufran todo aquello que tuve que sobrellevar algún día.