31 diciembre, 2013

Querido diario: Lo que el pasado me ha demostrado.

Querido diario: entre ayer y hoy conocí a un gran chico. Increíble, sensitivo, comprensivo y muchas cosas positivas que terminan en -ivo, -ible y -el, entre otras.
Sé que tal vez no lo merezca, tras las desventuras que me he provocado a lo largo del año y de las malas decisiones que he tomado, pero me di la oportunidad de conocer a alguien más, y no me arrepiento de que me haga sentir bien, no importa si acaba en cinco minutos, en cinco días o en cinco años.
Así que, diario, tras un año lleno de encuentros casuales y no casuales, de reírme con mis amigos y llorar viendo Frozen por segunda vez, puedo decir que, a pesar de que fue un año de mierda a grandes rasgos, incluso la mierda tiene sus ventajas.
Puede que no esté destinado para lidiar con las relaciones de pareja, pero al menos sé que hay personas allá afuera dispuestas a intentar una conmigo.
Tal vez no sea el mejor hijo, hermano, amigo o conocido, pero sé que estoy dispuesto a mejorar cada vez que me doy cuenta de que estoy en un error.
He pensado mal y actuado bien unas cuantas veces, he pensado bien y actuado mal un gran porcentaje, he pensado mal y actuado mal muchas veces, pero también he llegado a pensar y actuar bien en un par de ocasiones, y he tenido resultados mejores de los esperados.
Me doy cuenta, diario, de que cuando una persona me hace reír y platicar libremente se siente mejor que cuando intentan comprar el sentimiento; que hay personas solas, pero es tarea de alguien más trabajar con eso, y que puedo disfrutar, diario, de la vida cuando me lo permito.
Aunque suene como esos libros de superación personal que suelo aborrecer, me doy cuenta, diario, que tal vez no pisé en los lugares indicados, pero al final todos los caminos me llevaban a mí. Y puedo decir que, aunque no me he encontrado totalmente, ya tengo armada una gran parte del rompecabezas.

27 diciembre, 2013

Manos atadas.

En ocasiones, como ha sucedido en estos últimos días, siento que estoy así, con las manos atadas. Noto que mi productividad se reduce a respirar y comer, y a pasar las noches en vela. Veo que parte de mí no quiere que me dé cuenta de todo ésto, y me encierro en un universo de irrealidad, de procrastinación y de fantasías que me están haciendo daño. Y duele, porque no puedo salir de ese hoyo que no sabía que había cavado.

09 diciembre, 2013

Circunstancias.

En momentos como éste,
me pregunto muchas cosas,
¿cómo es la vida en el otro lado,
o de qué color son allá las rosas?

Vuelo hasta altas distancias,
en mi cabeza, en mi alma y en mi pensamiento,
pero mi cuerpo está atado a pesar de las discrepancias,
olvidando por completo mis sentimientos.

Camino cada vez que me es posible,
por el miedo de perder un día las piernas,
olvido que el dolor existe,
porque que lo sienta no significa que lo veas.

A veces me canso de tus decidias,
de tu ignorancia y de tu desaparición,
¿qué necesidad de sufrir tiene mi razón,
que tengas hundido tu corazón en codicia?

Y dejé de mirar hacia el frente,
pues así sólo aprecio tu miseria,
y mejor cierro los ojos y camino,
dejando intacto el recuerdo de tu presencia.

De tus ojos tristes,
tu mirada dormida,
tus manos firmes,
y tu sonrisa mezquina.

Guardo en mi pensamiento tu cabello,
y en mi corazón quedan tus palabras,
pero todo quedará en recuerdo,
gracias a las circunstancias.

01 diciembre, 2013

Por favor.

Domingo. Día de relajación. El día especial en el que te olvidas de que existe el mundo y dedicas tu tiempo a disfrutar una película mala, a limpiar un poco en armonía y a bailar al son de tu música favorita. Ese es el ideal de domingo que anhelo con toda mi alma poder disfrutar algún día. Pienso primero en un día así antes de encontrar al amor de mi vida. Sin embargo, ambas cosas parecen tan posibles como la idea de los poderes curativos encontrados en la sangre de unicornio.
En mi casa, los domingos nunca han sido días particularmente silenciosos. Desde que tengo memoria de este lugar, la calle frente a la que vivo ha sido una de las más transitadas, pues es el camino principal por el cual llegar a la carretera que se debe tomar para llegar a una laguna.
Desde que vivimos aquí, mis papás, mis hermanos y yo hemos aprendido a asimilar el sonido de las llantas acelerando por el pavimento como algo agradable. Incluso, en mi caso, es gracioso cuando duro horas tratando de cruzar la simple calle por el tráfico. La calle sonríe como una fácil con amantes porque el domingo es el único día en el que pasan más de diez automóviles por ahí.
Sin embargo, el terror comenzó apenas hace unos meses, cuando un primo decidió que la idea más revolucionaria de todas era la de abrir un negocio de tortas ahogadas a dos casas de mi hogar.