Entrando a mi casa, lo primero que hice después de entrar fue dirigirme hacia el espejo que está en la sala y observarme por unos instantes. Mi cabello estaba horrible, como siempre cuando no lo peino; mi boca seguía igual, un poco seca pero era la misma; mis dientes seguían con el ligero pigmento amarillento de siempre, mi lengua no lucía diferente y mis ojos estaban un poco rojos, pero probablemente se debía a estar escribiendo en la oscuridad o a estar en la computadora gran parte del día.
Acabo de llegar del campo, donde conocí a un chico olvidado y probé mi primer cigarro. En realidad sólo le di una pequeña probada y no mantuve el humo dentro de mi boca por más de dos segundos, pero me quedó un pequeño sabor a café sin azúcar. En realidad no es tan bueno ni tan relajante; tal vez lo diga porque ni siquiera lo inhalé, qué se yo, pero no quiero volverlo a hacer.
Es divertido verme en retrospectiva cómo sucedieron las cosas desde hace una hora. Al principio me encontré a una gran amiga y a su novio. Los vi a lo lejos, cada uno con una paleta helada de un color diferente, y me acerqué a ellos aunque supuse que habían llegado hasta ahí para compartir un rato juntos. Por lo mismo no duré mucho tiempo, siempre es agradable platicar con esa amiga (es una de mis mejores amigas) y con su novio (a quien también lo considero un gran amigo), pero decidí darles un tiempo a solas y aprovechar la luz del día para escribir, pues para eso había ido al campo.