Estoy muy seguro de que fue en aquel momento cuando empecé a vivir un tormento en mi cabeza, pues empecé a cuestionarme de verdad millones de ideas que no había considerado antes. ¿Por qué a mí?, fue lo primero que me pasó por la cabeza.
Siempre me sentí diferente a mis compañeros y amigos. No porque uno u otros fuesen especiales, sino porque cada quien fue a su velocidad, y en rara vez coincidimos. Pero nunca quise ser tan igual a los demás con tantas ganas como en aquel momento en que escuché que, durante una reunión del grupo juvenil eclesiástico al que solía asistir, el padre pidió que fuera a verlo a una habitación aparte.