Buen día, tarde o noche. Prepárate porque lo que viene es un sinfín de vueltas que te va a dar la vida, un sinsabor de dolores y de expresiones curiosas. Ve y siente, toca, observa cómo tu piel se eriza y disfruta del porqué.
Date cuenta de qué es lo que quieres en la vida.
Sobrevivir es muy rudimentario. Vivir no es suficiente. Experimentar es como un tren que te lleva a la perdición. Seguir inerte es desperdicio.
Siento, en muchas ocasiones, en gran parte de mi vida, por la mayor parte del tiempo, que pierdo el tiempo, que se me esfuma la vida y lo único que veo es la comodidad del hacer nada.
Nada.
Una palabra tan perezosa que repite una de sus letras. Y es que al señalarme que el amor no es algo que busco que me satisfaga, mis posibilidades se limitan.
Por ejemplo, cerca de un mes atrás conocí a un chico. ¿Interesante? Quizá no lo denominaría con tal adjetivo. Es, más que nada, un buen chico, con valores, con una mentalidad firme y concentrado en lo que quiere. Igual de indeciso que yo pero sin hacer mis esfuerzos por que no se note.
Han pasado días en los que me he sentido muy bien con él. Hemos ido al cine un par de veces, solemos ir a cenar uno que otro día, y una vez fuimos a hacer canopy en Sayulita, algo divertido que no había hecho antes --y que jamás habría hecho de no ser por él.
Lo que sucede es que no me gusta como algo más, y es raro esto que pienso pero cada que hacemos algo me da la sensación de que estoy perdiendo algo. Tiempo, dinero, apreciación por la vida, valor al decir que no, no lo sé, algo.
Venimos de mundos diferentes en universos distintos en los que te implantan una clase incongruente de mentalidades, y seguimos dando la vuelta como si nada pasara. Y, sí, nada sucede, pero a veces la nada es algo innecesario.
Hablándolo con la piscóloga, le dije que no me veía con alguien en un futuro. En mi proyecto de vida me veo escribiendo, o leyendo, o mirando hacia el cielo, y nada más. Cada que me preguntan qué es lo que espero para el resto de mi vida doy una respuesta diferente, la que se me ocurre en el instante en el que surge la pregunta, porque en realidad no tengo una respuesta fija.
Me veo disgustado al estar con alguien. Me veo inerte estando solo, pero más tranquilo, aunque no sé si se trate de una tranquilidad conformista o de una calma de felicidad.
Por eso tengo el anhelo de conocer a una persona que tenga algo qué ofrecerle a mi vida, alguien de mente fuerte y de ideales marcados y contradictorios y opiniones fuera de este planeta que provoquen choques con las paredes del mundo. Y me imagino de frente a personas así, y lo único que hago es intentar establecer una conversación y voltearme a otro lado porque no resistí a interactuar con personas de tal calibre.