22 julio, 2013

Inútil: el tenedor del caldo, parte II.

Hay cosas que se van convirtiendo en debilidades poco a poco. Algunas son agradables, como el chocolate. Para muchas personas el chocolate es una debilidad porque al recordarlo tiene ganas de comerlo y ya. Un solo recuerdo puede transportarte hasta aquel momento en el que disfrutaste placenteramente un bocado de delicioso chocolate. Antes tenía esta debilidad, pero ya no suelo comer tantas cosas dulces como antes.
Al igual que ese tipo de debilidades, las hay aquellas que te dan ganas de simplemente desaparecer. En este mismo momento, mi mamá está teniendo una disputa con mi hermana por una tontería. Es una estupidez y si ambas escucharan en realidad los argumentos que están dando, ambas se darían cuenta de sus errores (tal vez es por eso que están comenzando a levantar la voz).
Siempre que escucho gritos así no puedo evitar irme del lugar. En estos momentos estoy encerrado en el armario de mi habitación mientras la escena sucede a un cuarto de distancia. Mi papá seguramente está en la planta baja y mi hermano sé que ve la televisión a una puerta de distancia de mí. ¿Por qué no pude resistir el impulso de venir hasta acá a esconderme?

21 julio, 2013

El tenedor del caldo, parte I.

Me gusta engañarme pensando que no me interesa lo que los demás piensen de mí. Ese ha sido un tema de discusión recurrente en los últimos días, siendo mi cabeza la afectada por los dilemas y la sede donde los debates toman lugar.
Digo, si no me preocupara tanto lo que los demás piensan sobre mí, ¿cuál es la verdadera razón por la que reviso mi página de facebook a cada rato, entonces? En ocasiones lo hago mientras escribo en este blog y me molesta mucho darme cuenta de que lo hago, pero me siento como un drogadicto cuando intenta rehabilitarse mientras le ponen su adicción a su alcance. No siento que sea adicto a la aplicación en sí, sino a la respuesta de ciertas cuestiones, como "¿alguien me habrá enviado algún mensaje?", "¿tendré una notificación?", "¿y si alguien publicó algo sobre mí?", "¿quién lo habrá visto?", "¿cómo reaccionarán los demás?", cosas por el estilo.
Claro, trato de olvidar mi inexistente dolor con mi alta exposición a series de televisión, películas y cosas imaginarias. Eso no me ayuda, sólo me arrincona en una esfera de surrealidad y en un mundo imaginario tal y como lo describen los horóscopos de mi signo zodiacal, pero me sirve para alejarme de la horrible realidad que me rodea.
Muchas personas sé que dirían "qué rayos, ¡vives bien y todo! Si dices que sufres es porque no tienes el coraje para controlar tus emociones o para dejar de crearte problemas de la nada" y puede que sea lo correcto. Mis padres creen que no duraré cinco minutos en el mundo real porque alguien se aprovechará de mi ingenuidad, creo que no tendré el valor de decirle al chico con el que salgo que no lo quiero hasta que a él le duela y tengo el presentimiento de que fracasaré en esta vida y en mis siguientes reencarnaciones.

15 julio, 2013

Lo quiero / no lo quiero.

Tras haber visto tres temporadas y media de True Blood en tal vez una semana, siento que mi cerebro está listo para convertirse en papilla pura. Lo triste del asunto es de alguna manera lo que quiero es que todo mi ser se desbarate en pedazos o se derrita para no tener que lidiar con las malditas consecuencias que acarrea todo.
Hablando claro, puedo decir mil veces que nada ha sucedido en mi vida, pero como una amiga me dijo sería todo una gran mentira; que las cosas no sucedieran como quería es un asunto totalmente diferente. En verdad, analizándolo todo positivamente, sobreviví a las propuestas indecorosas que un amigo me hacía (él tiene novio y se supone que estoy saliendo con un chico), lo hice con un chico maravilloso que conocí por internet, aún conservo mi capacidad para enamorarme y conservo viejos amigos con quienes puedo ser yo mismo sin ninguna preocupación, aparte de otras cosas que han sucedido por ahí.
Desde un punto de vista general, todo es excelente en mi vida, pero no soy de las personas que tienden a ver las cosas así; pertenezco a ese repudiado y añorado grupo de idiotas que tienen que darle mil vueltas a una cosa para encontrarle al menos un defecto a cada maldita cosa que sucede. Sin embargo, aquí tengo que reconocer que las cosas están más jodidas de lo que imaginaba, excepto con lo de los amigos. Veamos los otros puntos.

07 julio, 2013

La inocencia no sobrevive al pasar por la puerta.

Descubrir verdades puede llegar a ser difícil, dependiendo de lo que ocultes y a quién se lo ocultes. En mi caso en particular es muy evidente a lo que me refiero, no quiero redundar con explicaciones que ya he repetido en numerosas ocasiones en las previas entradas de este pequeño espacio semi-privado (siempre que subes algo a internet se convierte del dominio público, lo tengo presente).
Siempre que le digo a alguien pienso en un principio que estoy a punto de enfrentarme al momento más difícil de mi vida, ya sea que se lo vaya a decir a uno de mis mejores amigos o a alguien que sé que no volveré a ver en mi vida. Incluso me preocupo cuando le digo a alguien que ya lo sabe, es parte de mi naturaleza ver difíciles las cosas aunque sean de lo más sencillas.
En los últimos días he notado que casi parece algo urgente el decirle a los demás sobre mi situación actual. Creo que el 2013 se perfila como el año en el que he dicho que soy gay de una u otra manera y permítanme escribir que me ha dolido bastante, casi me siento como Voldemort dejando parte de su alma en los horrocruxes. No es que haya tenido que matar personas para decirle a alguien que soy gay, pero siento que algo dentro de mí se fragmenta cada vez que lo hago. Puede que el momento no sea lo difícil pero me estresa bastante el momento previo lleno de tensión y suspenso y -sobre todo- las consecuencias que pueden existir.