Hay cosas que se van convirtiendo en debilidades poco a poco. Algunas son agradables, como el chocolate. Para muchas personas el chocolate es una debilidad porque al recordarlo tiene ganas de comerlo y ya. Un solo recuerdo puede transportarte hasta aquel momento en el que disfrutaste placenteramente un bocado de delicioso chocolate. Antes tenía esta debilidad, pero ya no suelo comer tantas cosas dulces como antes.
Al igual que ese tipo de debilidades, las hay aquellas que te dan ganas de simplemente desaparecer. En este mismo momento, mi mamá está teniendo una disputa con mi hermana por una tontería. Es una estupidez y si ambas escucharan en realidad los argumentos que están dando, ambas se darían cuenta de sus errores (tal vez es por eso que están comenzando a levantar la voz).
Siempre que escucho gritos así no puedo evitar irme del lugar. En estos momentos estoy encerrado en el armario de mi habitación mientras la escena sucede a un cuarto de distancia. Mi papá seguramente está en la planta baja y mi hermano sé que ve la televisión a una puerta de distancia de mí. ¿Por qué no pude resistir el impulso de venir hasta acá a esconderme?