Tengo unas cuantas cosas que contar. San Valentín pasó como un día cualquiera, con la gran excepción de que pasé un gran pequeño momento con mis dos mejores amigas y con el hecho de que un primo murió de cáncer ese mismo día.
Cuando me enteré de ello quedé un poco en shock. Al principio fue porque mi mamá estaba en mi casa alrededor de las nueve de la mañana y eso siempre es un augurio de malas noticias. Acababa de despertar (como usualmente lo hago), sólo que me sentía más como basura porque la noche anterior la pasé haciendo tareas.
Vi a mi madre y, con mis ojos abriéndose poco a poco, alcancé a notar que tenía una cara de malas noticias. Me dijo que había muerto y no recuerdo qué respondí, pero me sentí mal porque ese día iría a comer con ellas (inserte una carita feliz). Ahí fue cuando llegó el segundo shock, pues no estaba dispuesto a cancelar esa comida porque un primo relativamente cercano acababa de pasar a mejor vida. Sé que se supone que cuando alguien muere se debe adoptar una posición donde se rechace la felicidad y la luz del día para entrar en un estado de luto y de respeto hacia quien parte de este mundo, pero algo dentro de mí me decía "serás mala persona, pero te urge pasar un rato con personas a quienes en realidad aprecias".