30 octubre, 2017

Mándalo a la chingada.

Mándalo a la chingada
y dile que coma tierra,
que esta vida tan perra
no se hizo para vivirla en la nada.

Dile que la tiene regalada
y todavía la desprecia,
señal de que no aprecia
las caricias que no son compradas

Y si vuelve ponle una recia,
regálasela con palabras,
al cabo no tiene ciencia
moverte lejos de sus desgracias

Mándalo a la chingada
pero tampoco tú andes con tus mamadas

28 octubre, 2017

Nadando en la tarde.

Tras el paso de las olas
Del horizonte más allá
Se esconde el sol en los cielos
Más la luz brillando va

Tonos de verde que no veo
Y de naranja que sí observo
Con el agua de sal en mis ojos
La marea del mar en mis hombros

Dime, horizonte, pregunto
¿Cuesta trabajo montarme en tus olas?
Y él responde en sus silencios
Me deja en el agua, a solas

26 octubre, 2017

Constante lucha.

Dice en la pantalla que son de mi edad.
Sé que las fotografías no dicen la verdad completa, que son retratos que muestran una fracción de todo lo que hay, pero los veo, también de veinticuatro años, y se ven, ellos, más grandes que yo, más fornidos y fuertes y formados, se parecen más a aquellas imágenes que nos arrojan a nuestros sentidos todos los medios que nos rodean, y me veo, o me imagino, y soy más pequeño por fuera.
¿Por dentro?
Quizá me defiendo.

03 octubre, 2017

Generación de consumidores.

Mientras estaba viendo, hoy, una película en el cine, una de esas populares que me detesta detestar querer ver de repente, fue muy chistoso cómo tomó nada más una serie de diálogos entre los personajes para sacarme de la experiencia de ver la película y devolverme a mi lugar como persona sentada en una sala con unas cuantas personas esparcidas entre los asientos.
La película es una secuela, y la conversación en cuestión era un chiste que hacía referencia a un diálogo gracioso que tuvo lugar en la primera película. Otras dos personas y yo soltamos la carcajada, porque en verdad que la broma me pareció buena, pero el resto de la sala guardó silencio.
No mentiré: sentí orgullo de entender un chiste cuando otras personas se dieron cuenta de que se estaban perdiendo de algo. De estar en una sala vacía o en otra situación en que hubiese visto la película solo o con mi hermano, por poner el ejemplo de una persona que pudo haber captado lo divertido del asunto, hubiese provocado nada más que la entrada de hoy fuese una más de sobrepensar, exagerar y explicitar sin decir nada, pero no, sucedió el silencio de quienes estaban a mi alrededor sin contar al par de excepciones, sentí la victoria momentánea por estar encima de otros por un momento, y sin más méritos ni esfuerzos que haber visto la película anterior, y fui consciente de inmediato que no sentía agradable. Pude distraerme por ratos durante el resto de la película, pero en momentos no fue suficiente y regresaba a imaginar la situación desde diferentes puntos de vista. Mientras el resto de la sala estaba en la proyección, en su celular o en las manos de la persona que tenían al lado, ahí me tienen con un tren imparable al que parecía que no se le iban a acabar las vías ni el combustible.
Una de las cosas que están dándome vueltas más desde entonces, porque ya había planteado el asunto y nada más traté de acomodar la idea como si estuviese metiendo mi pie a un zapato dos tallas más chico, es que me siento muy agobiado de repente, aunque suene a queja de malcogido, por la constante necesidad de estar al día en este mundo tan vasto de inutilidades. Y no sé si la mía sea una mente curiosa, distraída o aburrida, pero cada que veo algo que pueda resultar de mi interés, aun en lo más mínimo, siento la necesidad de devorarlo por completo, de llegar hasta el fondo del barril y no salir de ahí hasta que me saquen o hasta llegar hasta abajo. ¿Por qué creen que vi la película en primer lugar? Esta mañana iba decidido a "tal vez verla el jueves, o quizá hasta que alguien me la pueda prestar", pero hoy, martes, tres de octubre de un año que se me ha ido a la chingada en más de una ocasión, a una compañera del trabajo se le ocurre mencionar que le gustó cuando la vio con su novio y ahí me tienen, tomando el primer autobús que pasó para alcanzar a llegar antes de la función y poder comer algo aparte de palomitas.
No culpo a mi generación por estos dolores de cabeza: en la vida, desde el punto de vista de todo mundo, nadie queda impune, pero ver a gente tan tranquila con sus vidas me hace pensar que soy el del problema. Y ya. ¿Qué hace la gente con los problemas? ¿Deshacerse de ellos? ¿Me tengo que deshacer de mi persona? Lo platiqué con un amigo hace unos días y di con que soy demasiado narcisista como para salirme del juego por cuenta propia. Pero llega el punto en que me duele el cuello porque la tensión se está propagando más allá de mi espalda y de mis hombros.
Todo lo que nos envuelve tiene esa dinámica para mí. Fíjate o te vas a quedar atrás. Estáte al pendiente o ya valiste madres. Si no ves quinientas películas antes de esta no le vas a entender. Necesitas leerte tales clásicos para poder siquiera meterte en la trama de tal libro. Para poder usar tal palabra debes saber el significado de otra. Para escribir un diálogo tienes que conocer de cabo a rabo a un personaje (¿según quién? Díganle a esa persona que ni yo me conozco y sigo escribiendo de mi vida; ¿estoy mal en hacerlo porque no sé de qué trata mi vida todavía?). Para ver tal serie necesitas quemarte dieciocho millones de horas viendo puras pendejadas en otra. Para interactuar conmigo tienes que saber estas idioteces que tengo anotadas en una lista que, si la extiendo en papel, va de aquí a china. Chinguen a su puta madre por favor.
Detesto a las personas que se ponen en papel de víctimas (supongo que debo detestarme a veces), pero ¿hasta dónde es válida una crisis mental y una necesidad de despegarse del entorno cuando está así de chingada la cosa?
¿Qué chingados hacían antes?
Recuerdo muchos eventos de cuando era niño y sentía una especie de desprecio, un desgano que me sabía casi a asco, cuando tenía que relacionarme con personas que eran consideradas "ignorantes" en alguna cosa. Hasta la fecha, me doy cuenta, si quieres destruirme, ahí está el mecanismo (nada más no me hagas ver el artificio, porque no va a suceder cosa alguna): ponme en el lugar de ignorancia y yo solo tomo asiento sin rechistar en el de la inferioridad.
Y es que a veces siento que sé las cosas que una persona puede aprender en tres vidas, pero casi todas esas cosas son nimiedades, son vacíos que hacen lugar sin dejar nada, es pura paja pendeja. Y entro al famosísismo YouTube y me doy cuenta de que he visto un chingo de vídeos, y de ese chingo recuerdo aunque sea algo de cada uno, y de todos esos casi ninguno me deja algo que sienta que me sirva. Y las películas quieren ser relevantes con la cultura popular del momento (ni me hagan empezar con las series porque reviento, son las pecadoras capitales de estos crímenes), y luego leo que tal libro viejísimo en realidad es una interpretación de algo de la biblia y desearía no saber ese detalle porque ahora siento la necesidad de devorarme la biblia entera con el único propósito de entender la referencia.
¿Por qué creen que cerré mis redes sociales, en las que tienen las personas que estar al día para seguir al tanto?
¿Por qué piensan dejo series de películas y de televisión a medias si sé que se está poniendo denso el asunto con sus conexiones?
¿Me explico? (Nunca le entendí el sentido a esta frase: "¿me explico?", otro tormento para alguna noche o paseo que tendría intenciones de ser despejado).
Quizá porque antes no tenían acceso no se preocupaban.
Por falta de mundo.
Me aburrían esas historias, desde siempre, de asumir el rol que se le daba a cada quién y jugar ese papel hasta la muerte.
Y ahora estoy aquí, parece que añorándolo.