20 marzo, 2017

R. Glass.

¿Por qué una película como La la land me pisoteó en la cara y se convirtió en una experiencia que busqué repetir otras cuatro veces? ¿Por qué he dejado de sentir interés por muchas cosas que los demás veían como una parte integral de mi persona? ¿Por qué he vagado por los rincones de los lugares que me rodean como alguien que no tiene un rumbo ni destino definido, como aquellos lobos que se separan de su jauría y no saben cuál es el camino de vuelta a casa?
He estado leyendo El guardián entre el centeno por unas semanas ya, se podría decir que casi tengo el mes leyéndolo, después de devorarme Los detectives salvajes en semana y media, dejar interrumpidos como tres o cuatro recopilaciones de cuentos, y haber leído otro libro que no recuerdo en este momento.

09 marzo, 2017

Allegro, molto, più mosso.

Agitó sus alas y entre las plumas flotó, hasta que una ráfaga de viento lo elevó, mientras caminaba por los escalones que lo llevaban hacia arriba, gracioso como bailarina de seda, sintiendo cómo las cuerdas le daban dirección y sentido y lo pendían de una nota.
Alerta.
Ahí está.
Los pies danzaban al compás de un ritmo desconocido.
Ágil.
Grácil.
Exigente.
Divertido.
Movía la cadera y la cabeza, y el cuerpo iba detrás
Respira.
Muévete con delicadeza antes de que comience el aire.
Agitó sus sentidos.
De puntitas se acercó cauteloso, calmado, pero sus pies empezaron a saltar y danzar y dejó que el ritmo lo llevara cayendo y bailando y brincando de un lado a otro rápido sin pensarlo y con muchas caricias moviéndose sin fin hasta desplomarse en el suelo.