Siempre quise comenzar el año escribiendo. Sí, desatendí severamente este espacio, y no volví precisamente con la promesa de escribir siempre, sólo quise venir a escribir (feliz año, por cierto, pues en este momento es medianoche).
Y, a pesar de que fue un año LLENO de cosas buenas, lo malo se podría decir que opacó un poco la mayor parte del tiempo, aunque fueron fechorías mentalmente alteradas más que nada. Bienvenidos a la entrada más deprimente hasta la fecha.
Bueno, aquí me tienen, escuchando balazos de celebración (cosa de la que tengo muy mala opinión, sinceramente), revisando muestras de afecto electrónicas y enfriándome el trasero por traer mis pantalones sin ropa interior mientras estoy sentado sobre el suelo de mi sala. Si se preguntan el por qué, es simple: quiero que mi año no sea modificado por el color de ropa interior que lleve puesta o por la cantidad de uvas que meta forzosamente en mi garganta en menos de un minuto. Quiero que todo sea natural, y con esto me estoy diciéndo a mí mismo que creo en las supersticiones más de lo que pensaba.
Al menos este año comenzó con más optimismo que el anterior. Lo recuerdo, irónicamente, como si fuera justo ayer, pues lo comencé viendo 'Arráncame La Vida' en mi iPod, corriendo con maletas en mi sala como estúpido y masturbándome en el baño. Todo en menos de una hora. Creo que la película ya estaba empezada, porque me parece imposiblemente hilarante hacer todo eso en tal tiempo.
Bueno, todo lo que queda es hacer un breve recuento de los daños, sobre todo de los últimos días. Bien, al fin acepté que soy homosexy (para darme algo de autoestima) y repentinamente olvidé lo que estaba a punto de escribir. Bueno, también me odio. Me odio por ser así. Espero y no les sorprenda esta parte de mí, pero es con la que convivo últimamente. Digamos que el drama por mi físico lo dejé casi por completo antes de empezar la superior, pero aún así hay cosas que me atormentan.
Para empezar, mis carismáticas llantitas que son como mi 'atributo' para hacer reír en momentos adecuados e inapropiados. Mi otro atributo no es grande. Según las palabras de una amiga, con 8 cm es suficiente para una mujer, y aunque corro con 4 centímetros más de suerte, mi monstruo interior está 'pene-acomplejado' y no me deja vivir en paz. Aparte, de la cara no estoy tan perdido, pero simplemente mi inseguridad me hace actuar como un tonto.
Traumas superficiales de lado, necesito un manual para no gustarle a ciertas personas y gustarle a los que yo quiero. Hasta ahorita está confirmada una mujer, un hombre está comenzando a 'caer' (pero no quiero, sinceramente) y con el que quisiera la oportunidad no veo muchas esperanzas. Recuerdo que hace una semana, antes de desaparecer del mundo de las redes sociales por casi cuatro días, me estaba contando que le gustaba alguien. Spoiler: no era yo.
Era un muchacho de Estados Unidos con el que se la pasaba chateando por las noches. Oferta tentadora, pero siempre es mejor a tener a alguien viviendo a una hora de distancia en transporte público que a alguien de otro país (y no vivimos en una región fronteriza).
Cuando volví, comencé a chatear con él de nuevo. Resultó que lo del foráneo y él había terminado por ser 'demasiado gay' y me dijo algo que me dejó impactado porque había sido algo con lo que estaba lidiando. Dijo que sentía que iba a estar sólo, y no me refiero a que había roto con su pareja hace cino minutos y se estaba ahogando en un vaso de agua, sino a que creía que nunca iba a conocer a esa persona con la que pudiera ser feliz, ese alguien que convierta las horas en minutos y con el que pueda vivir experiencias y no desear vivirlas con otra persona. Estaba completamente devastado, al igual que yo. Lo bueno es que saldré con él (y con un par de amigos) para platicar. La esperanza no muere, aunque es casi inexistente a estos niveles tan dañinos.
Todo por aquel 25 de Diciembre en el desayuno (prácticamente comida, a juzgar por la hora) donde mis padres y una tía debatían sobre la homosexualidad en mi cara. Hablaban de un primo, al principio, pero lo que me dejó en 'shock' fue el momento en el que mencionaron que las personas que deciden ser gay tienen que aprender a vivir en un mundo de soledad. Y tristemente estuve de acuerdo. Nunca lo expresé ni dije nada al respecto, pero en el fondo sabía que no encontrar a otra persona como yo sería el equivalente a vivir en soledad eterna. De pronto los chistes en contra del matrimonio y los de 'compraré un perro y un consolador y nada me faltará' dejaron de tener sentido y significaban depresión.
Quisiera terminar esta entrada con algo feliz, algo diferente a lo que mencioné arriba, empezar el año bien, pero creo que terminaré en el baño con la compañía de un video porno para saciar mis necesidades primarias y olvidarme por cinco minutos de que vivo en un mundo de abundancias cegado por minúsculas miserias.
Sólo me queda desearles que tengan un año mejor que el mío, lo cual no creo que sea un reto para superar.
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