¿Por qué una película como La la land me pisoteó en la cara y se convirtió en una experiencia que busqué repetir otras cuatro veces? ¿Por qué he dejado de sentir interés por muchas cosas que los demás veían como una parte integral de mi persona? ¿Por qué he vagado por los rincones de los lugares que me rodean como alguien que no tiene un rumbo ni destino definido, como aquellos lobos que se separan de su jauría y no saben cuál es el camino de vuelta a casa?
He estado leyendo El guardián entre el centeno por unas semanas ya, se podría decir que casi tengo el mes leyéndolo, después de devorarme Los detectives salvajes en semana y media, dejar interrumpidos como tres o cuatro recopilaciones de cuentos, y haber leído otro libro que no recuerdo en este momento.
Es la tercera vez que leo la novela de J. D. Salinger, un libro que recuerdo porque la primera vez que lo leí, rápido y sin detenerme en la trama, en un viaje a Talpa y emocionado por haber conseguido uno de los libros más recomendados por internet y la cultura popular, me pareció una obra poco interesante.
La segunda vez, no recuerdo el contexto ni el momento, ni las sensaciones que me transmitieron las palabras escritas en el libro, pero sí recuerdo que pensé en ese entonces que el final debió ser el penúltimo capítulo (ahora que lo recuerdo, el último capítulo tiene sentido por el pesonaje que es Holden, pero creo que sigo en la misma postura que antes). De esa vez han pasado más de dos años.
Hace casi exactamente dos, leí Nueve Cuentos y lo sentí como una experiencia llena de vida y de poder, y me hice fanático de J. D. Salinger.
Entre abril, mayo y/o junio del mismo año, leí Franny y Zooey. Franny fue devorado y de Zooey puedo decir que sigo sin comprender lo que me quería decir la historia, aunque no la he vuelto a leer.
No sé si ese mismo año, o el siguiente, leí Levantad, carpinteros la viga del tejado y Seymour: una introducción, pero recuerdo haber comenzado Seymour... en un autobús de Tepic, y no recuerdo la ruta, pero recuerdo que anduvo por el centro, por la calle que transita por la plaza antigua, por la tienda Liverpool, el paseo de los árboles y las bancas calientes que queda frente a esta y la librería con la que termina este paseo.
Recuerdo, sobre todo cuando leí Nueve cuentos y al terminar de leer Seymour..., aunque este fue mi relato menos favorito, que sentí un deseo, que sigo sin poder atreverme a explicar, de convertirme en escritor, de inmortalizar una visión del mundo con palabras, de dejar un testimonio de la vida a través de mis sentidos. Antes, no estaba seguro de hacerlo por querer "ser inmortal", de "pagar mis cuentas con un trabajo que aparentemente no requiere de esfuerzos físicos", o de "recrear las vidas de los escritores famosos y viajar mientras el mundo te agradece por proyectar tus talentos en tinta física y virtual", pero Salinger me enseñó que quería convertirme en un recolector de experiencias. Nada más. Digo, me atraía la idea de ser un recluso social y llevarme mis provisiones a una colina remota para dedicarme a escribir y a impedir que mis escritos se publicaran antes de llevar cincuenta años enterrado bajo tierra, y me encantaba el mito de ir viajando por el mundo y conociendo gente dondequiera que mi voluntad decida que sea mi destino, pero la intención que esos escritos me dieron se descubrió al cerrar el último libro que publicó el autor.
Ahora, desde el comienzo de la trancisión invisible e inerte de los veintitrés a los veinticuatro años, comienzo a leer de nuevo El guardián entre el centeno (como The catcher in the rye, por tratarse de una lectura en inglés) y veo que comienzo a notar semejanzas entre Holden y Raúl, es decir, conmigo.
Ambos vagando por la vida.
Ambos faltos de propósito.
Los dos dándose cuenta de que no son tan buenos para lo que hacen en la vida y que buscan algo que implica que el tiempo se detenga, que los convierte en luchadores de batallas inexistentes, que los hace partícipes de una masacre del alma y del espíritu y saben lo que sucede, son conscientes de todo ello, y no hacen nada más que tratar de distinguir si se trata de falta de valor o de indiferencia por el asunto.
Holden ve al mundo como un espacio incongruente y trata de preservar la inocencia de aquellos que aún tienen la suerte de conservarla. Raúl, siete años más viejo y nueve y medio centímetros menos de estatura, pero con similares puntos de vista sobre lo que sucede en el mundo, se comienza a dar cuenta de que las cosas carecen de sentido y escapa.
Tengo alrededor de seis tareas pendientes en la maestría, y lo dice una persona que tuvo un promedio de 10 en la primaria y en la secundaria, 9.9 en la preparatoria, y 9.8 en la escuela normal; considero que soy uno de los mejores maestros que hay por la zona y al mismo tiempo siento que no estoy haciendo algo de mucho provecho para los jóvenes a quienes atiendo; me prometo comenzar a escribir cinco veces al día y se puede decir que ya comencé con el borrador de una historia, pero todo se vino abajo cuando empecé a divagar y cambiar cosas y nada tuvo sentido. Pierdo más de la mitad del tiempo que estoy despierto en internet, o tratando de moverme para comenzar algo, o pensando en lo que puedo ser pero no soy, y tengo más de tres libros a la mitad y eso me atormenta.
En mi cumpleaños veinticuatro, este sábado, en lugar de ir a la fiesta que tenía preparada mi familia en casa, me quedé a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia y me escapé, solo, a donde no podía ser reconocido, y terminé regresando a casa, borracho y feliz, con un chico que conocí en un antro.
El chico que estaba destinado para ser el presidente de México en algún momento de su futuro, en quien proyectaban las más altas expectativas académicas y económicas durante toda su infancia y adolescencia, terminó siendo un chico que vivió con los ojos cerrados por casi dos décadas y despertó a sus dieciocho años para encontrarse con un caparazón vacío haciéndola de persona.
Rechazo todo lo que pasó antes, por cómo pienso.
Rechazo lo que puede pasar después, por cómo actúo.
Desapruebo lo que sucede ahora pero sigo adelante porque sé que algo bueno o malo, ese algo puede suceder si me muevo, y soy perezoso como para iniciar algo, pero soy más flojo y huevón como para decir que no a lo que viene.
Aquí está una canción para los que sueñan, tontos como no tienen una idea, porque no saben que solo los desesperados y adolescentes piensan que lo desesperado es vida, pero no ven que nadie vive de lo desesperado, y que solo los desesperados creen que lo desesperado es lo real, porque solo los desesperados consumen lo desesperado, mientras que los inteligentes pueden vivir la desesperación al mismo tiempo que la calma, pero no creo ser inteligente porque soy más un miembro de la familia Glass.
Ser más productor que consumidor fue lo que esperé ser al abrir los ojos.
Soy más consumidor que productor.
Más producto que persona.
Estar en esta vida en función de alguien o algo.
Morir sin intentar.
Morir tras intentar y no lograr.
La vida que sigue después de lograr.
¿Qué significa?
Una prima una vez dijo que creía que yo había demostrado ser muy inteligente para la escuela, pero me dijo que no había demostrado serlo para la vida.
¿Cómo respondes ante una verdad como esa?
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