06 agosto, 2017

Parálisis.

No quiero tocar mi cuerpo. Mi ser lo necesita, pero sabe que tiene miedo.
¿De qué, si el daño ya está hecho?
Pensar que por tomar decisiones a la ligera ahora me encuentro dándole sentido a los malestares, encontrando una razón por la cual aparecían las señales.
Me encuentro ahora pasando los ratos consumiendo entretenimiento que sé que no me volará los sesos, que estará ahí en mi cabeza permaneciendo inerte, siendo olvidado de inmediato, sin retar mi mente, nada más cansando mis ojos.
Comienzo a preguntarme si me gusta lo que deseo, si es lo que en verdad quiero. No corro hacia ello. A veces me encuentro postergándolo con razones idiotas, sinsentidos tontos y desesperados, excusas que se van acabando.
¿Qué es esto?
¿Decisiones?
¿Consecuencias?
¿Vida?
Se siente más una ausencia de ella.
Sé que no debo pensar a futuro, sobre todo en cosas como esta, que si puedo cambiar, no decido el curso, pero temo arrepentirme, ahogado de penas, con errores irreversibles, de afectos que se sintieron sin dolor.

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