Cuando nada importa, nada duele.
¿Es malo, entonces, que importen las cosas?
Para mí no.
No me importa el dolor.
Ya no.
Pero sí me preocupa que de un lado importe más que del otro.
Cállate.
Respira.
Vive.
Si no tengo motivos para alterarme, no debo hacerlo.
Todo está colgando de un hilo.
Siempre es más fácil tomar la vía libre, andar sin ataduras, procurar no crear un vínculo que duela al quebrantarse.
Como le he llegado a decir cada que me llega la iluminación y la verdadera aceptación de la fragilidad del destino:
"Primero dejen me preocupo por llegar a mañana, lo demás después vemos".
(Nada más me falta creérmelo).
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