Cuando otras personas, incluso yo, mencionan que "uno está en su mejor momento", pienso que en lugar de hablar de gente hay una referencia a un platillo, y que existe un momento en el cual el hechizo culinario está en su apogeo: cuando la comida no quema pero tampoco ha perdido su sabor.
Así me siento en estos momentos. En mi cumbre. Estoy en el punto más alto de sentirme increíble, pero lo mido por la atención que estoy recibiendo. Y es que a cualquier club nocturno al que voy "triunfo", y eso que no tengo un cuerpo torneado ni visto ropas caras, y también logro atraer miradas y sonrisas hasta en los baños de plazas concurridas, hasta en autobuses cuando en lo que menos esmero puse fue en verme presentable.
Y me pregunto: ¿qué significan esos ataques de atención? ¿Que doy una impresión agradable, o que sé actuar de la manera adecuada con los atributos que poseo? Porque más de una amiga dijo que tengo una barba bonita y que mis ojos son preciosos, pero esas son cosas que tienen fecha de caducidad.
Cual recíproco natural en esta vida, si obtengo atención, también me ha resultado común desdeñar algunas de sus muestras. De los chicos con quienes me beso, muy pocos son los que reciben más, y de ese grupo es una proporción minúscula los que sigo frecuentando. Son muy pocos, poquísimos, con quienes converso de vez en cuando, aunque sea de un chiste casual o de un saludo afectuoso. No es la razón principal, siento, pero en cierta medida lo hago porque sé que ese cumplido no será el último: que ese esfuerzo por cortejarme, ese baile cuerpo a cuerpo, esa bebida invitada que procura que no delate las intenciones, esa mirada de deseo, ese latido expresado en voz alta, no serán los últimos.
Por ahora y mientras conserve esos atributos que me han atraído esa atención. Antes no vestía bien, mi cabello siempre estaba desarreglado, mi cuerpo en mucho peor forma, mi actitud transmitía un miedo inherente que se podía confundir con torpeza, no me atrevía a hacer nada por simple terror. Cambié todo ello y la gente comenzó a dejar de alejarse. Pero sigo solo. Porque a pesar de que haya modificado algunos patrones de mi conducta, sigo siendo yo. Sigo teniendo miedo.
¿A qué?
Platicándolo con una prima, dije que no me gustaría estar con alguien en realidad. Ella preguntó: "¿y si sí? No tendría nada de malo".
Agobiado por tener que mantener una facha de seguridad interna, me doy cuenta de que lo único que he estado haciendo es convertirme en un ser que se avienta a todo pero que no cuestiona nada. De ser una persona llena de arrepentimientos, ahora actúo como si no tuviese ninguno. Y ha sido más divertido, y me la he pasado mejor, pero no entiendo por qué no vivo más tranquilo.
Siento que voy por un buen camino al intentar darme cuenta qué está pasando en realidad por mi vida, pero ver a través de los espacios que me permiten mis dedos cubriendo mis ojos no es lo mismo que tener la vista libre.
Aún así, siendo una versión más descarada y borracha del chico asustadizo que siempre he sido, agradezco que me estoy atreviendo a estar más en movimiento.
Abran paso para admirar la llegada de, nada más y nada menos, la gran Emperatriz, María Carlota Amalia Victoria Clementina Leopoldina de Bélgica❤️
(Ah, y también ahí anda un tal Max).

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