una vez conocí a un barbudo
era un viejo rancio y peludo
que había estado en prisión
en la cárcel de amor donde bailan danzón
saltándose pasos en la melodía
dejando el baile hasta el mediodía
pobre señor, grande y cejudo
le habían roto su corazón
clavado en una estaca
llorando sin retorno
riendo estaba su alma
ya se había vuelto loco
cien años dormido
pasó el viejo asustado
ya ni sintió el frío
por pasársela acostado
hasta cuando despertó
sin besos de las doncellas
fue un hueso que le tronó
lo que despertó sus señas
y el viejito cascarrabias
solitario y sin carrera
sin más nada despertó
cargándose unas ojeras
pero nada le importó
porque ya estaba despierto
pobre viejo sin calzón
poco sabe del adviento
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