22 febrero, 2020

Conclusión.

Día 52 sin salir de fiesta:
-Van dos sábados y un domingo que me despierto temprano y sin que me dé sueño después.
-Fui a Sayulita en pantalones.
-Mi hermano probó el sushi y le gustó.
-La más seria de mis primas publicó que descargó Tinder.
-Mi mamá vino a visitarme sin que la trajera mi papá.
-Adelanté mi documentación del trabajo.
-Me preguntaron cuál es la canción del momento y no supe contestar a la pregunta.
-Me da sueño pensar en esperar a las seis de la mañana para que pase el primer autobús y regresar a mi casa desde el centro tras una noche de fiesta, siendo que era la rutina habitual.
-Voy a natación los cinco días de la semana y no he faltado ninguna vez.
-Descubrí una serie musical que está satisfaciendo mis necesidades de entretenimiento.
-Terminé las cuatro temporadas y lloré en el final.
-Volví a empezar a tocar el piano.
-Volví a dejar de tocar el piano.
-Le escribí a mi papá que soy gay.
-Mis únicos amigos están lejos, ocupados, o las dos cosas.
-Mi hermano es mi mejor amigo, mi prima se convirtió en mi confidente.
-En un sueño fui a una tienda de artículos de ropa usada, en la cual te atienden a través de una repisa. Compré un suéter muy bonito con patrones navideños, y me probé otros más. Es la segunda vez en esta semana que sueño con ese lugar.
-Mi papá, pareció, tuvo el peor día de su vida, y coincidió con ser el día en que le dije que soy gay.
-Me llegué a sentir un dolor que jamás pensé que llegaría a experimentar. No fue físico. Fue una sensación que mi cuerpo me otorgó en un momento en el que no tenía una manera distinta de distraerse. Me quedé pasmado, en la noche, sin poder dormir, sin poder contar las horas para distraerme, esperando, solo esperando a que llegara un día nuevo, y nada pasaba, solo me quedé sintiendo la opresióndel vacío. Nunca creí que se pudiera sentir en carne viva esa clase de dolor.

Hoy, después de este mes y medio, estoy dispuesto a salir, sin la desesperación de encontrar.
Creo que entiendo un poco mejor que las reglas narrativas de la vida son, más que experimentales, aleatorias.
Sigo aprendiendo mucho al estar en esa clase de contacto conmigo.
A veces ese contacto implica enredarse en espinas venenosas.
A veces es descansar envuelto en almohadas recién lavadas.
A veces es nada más respirar.

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