Estoy muy seguro de que fue en aquel momento cuando empecé a vivir un tormento en mi cabeza, pues empecé a cuestionarme de verdad millones de ideas que no había considerado antes. ¿Por qué a mí?, fue lo primero que me pasó por la cabeza.
Siempre me sentí diferente a mis compañeros y amigos. No porque uno u otros fuesen especiales, sino porque cada quien fue a su velocidad, y en rara vez coincidimos. Pero nunca quise ser tan igual a los demás con tantas ganas como en aquel momento en que escuché que, durante una reunión del grupo juvenil eclesiástico al que solía asistir, el padre pidió que fuera a verlo a una habitación aparte.
Que nadie se altere, ese hombre no hizo más que hablar y transmitirme intranquilidad, pero lo que dijo bastó para quitarme el sueño durante varias noches.
Me contó que uno de los "regalos" de su posición es tener la dicha de sentir la presunta orientación de su dios, quien le indicaría, a su debido momento, a un joven que tiene la vocación, y que el trabajo del padre sería encaminarlo hacia el "sendero correcto". Según este individuo, la intervención divina le hizo ver en mí la vocación. Yo fui su elegido.
Yo, fanático de películas de terror, orgulloso de saberse de memoria las canciones de Hilary Duff, un adolescente que todavía se sentía culpable después de cada masturbación... si de por sí me siento a mis 27 años que no tengo rumbo en esta vida, imagínense al intento de persona que fui hace aproximadamente doce o trece años.
Me cambió la vida ese momento. Me sentí muy incómodo. Por mi cabeza pasó la idea paranoica de que ese padre tuvo que haberme observado para dictaminar con tal seguridad que yo sería una especie de aprendiz para él, no me compré la idea de que nada más despertó y el cielo le dijo al oído que yo sería su discípulo. El asco se apoderó de mí, como si no pudiese pasar desapercibido en ningún lado, y esa sensación me la llevé conmigo mucho después de que salí de esa enorme habitación.
Qué curioso ese cuarto. Amplio y de un techo a más de tres metros del suelo. Sus paredes decoradas con dibujos incompletos porque el tiempo les cobró factura. Las ventanas, enormes, preciosas, permanecieron cerradas. En el centro de la habitación colocaron dos sillas. Una de madera para él, una de plástico para mí. Recuerdo muy bien esos detalles porque ya no encontraba qué hacer para que dejara de mirarme mientras me trataba de convencer para que siguiera sus pasos.
Cuando terminó de hablar le dije que no. Me preguntó por qué, pero no le supe contestar nada. Hizo la misma cara que puso una vez ante una tía, cuando descubrí que fue a pedirle dinero, "con mucha pena, por las tantas veces que me has hecho ese favor". Esa fue la última vez que lo vi a los ojos. Tenía miedo a ceder, igual que mi tía.
Asumió que me quedaría callado, y siguió contando las bondades que tenía esa "profesión", pero mis oídos ya estaban distraídos en otro viaje. ¿Por qué a mí?
¿Y quién era él para decidir mi pinche destino?
Aún sin saber qué quería de mi vida o quién era yo, descubrí que no quería estar encerrado lamentándome de mis impulsos humanos y juzgando a los demás con el respaldo de un ente divino.
Digo que descubrí mi (homo) sexualidad a partir de ahí porque estar sentado frente a tal individuo destruyó una caja fuerte en la cual guardé durante mucho tiempo todas mis dudas e inquietudes sobre mi persona, y una vez que estalló ese refugio, mis demonios se soltaron al exterior.
Quise ir más oscuro en mí, romper las reglas que la iglesia impone, y sobre todo descubrir qué es lo que hace que quieran mantener tantas cosas a escondidas de los demás.
Le tengo que agradecer a ese cura el que me haya abierto los ojos, a pesar de que buscaba lo contrario. Pero al grupo juvenil ya no quise regresar, y también de la iglesia tomé mi distancia. ¿Y si sí había un ente divino pidiendo mi voz como conducto para expresar sus ideas?
Empecé a plantearme en serio eso, y surgieron miles de preguntas. ¿Me haría igual que ellos? ¿Renunciaría a una vida por seguir ese camino (quizá mis padres lo hubiesen tomado bien)? ¿Me obligarían a guardar silencio como al otro padre que lo cambiaron al lugar más lejano posible porque lo descubrieron con otro hombre?
Con cada cuestionamiento que fue apareciendo, más empecé a agradecer el haber tomado mi distancia.
Nunca me había atrevido a externar todo esto. Es la experiencia que más penas me ha traído, pero ningún aprendizaje entra en mi ser a través de aguas tranquilas.
Quizá alguna divinidad esté maldiciendo todas mis alternativas y sueños porque no le hice caso a sus indicaciones salidas de la boca de un mortal, pero me gusta creer que, si dios fuese ese ser divino que busca el bienestar de sus creaciones, él me dio la voluntad para elegir mi propio camino.
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