Aquí estoy, veintiún días después de mi primera entrada. Aún vivo. Este bello día, mientras la neblina cubre las calles que se aprecian desde mi ventana, me dedicaré a escribir algo diferente. Haré la transcripción de un manuscrito que hice hace exactamente diez días, mientras estaba tratando de desaparecer en aquella casa que tiene mi padre cerca de la playa. El escrito lo hice en tiempo real, es decir que, desde cierto párrafo del mismo, lo que relato estaba sucediendo en el momento y antes de comenzar sólo quiero añadir que fui obligado a ir a ese lugar, que era el día del Super Bowl (no me pudo importar más, que la entrada presente será muy larga y que no tengo esperanzas para que vuelva a suceder lo que relataré a continuación:
3 de Febrero del 2013
Hace rato me di cuenta que no serviría como videoblogger, de por sí mi autenticidad como blogger se ve difusa. Estaba solo, columpiándome como si no hubiera un mañana y, al ver mi celular en mi mano, me dije "¿por qué no?"
El video es tan penosamene difícil de ver para mi que no lo he eliminado para recordar la vergüenza de haberlo hecho. ¿De qué hablé en el video? De lo incómodo que estaba al hacerlo. Estar frente a cámaras no es lo mío.
Esta vez no me la pasaré escribiendo de lo amarga que es la vida, de los inconvenientes de ser homosexual ni de las cosas de siempre. Hablaré de un tema del que puede que ya haya hablado antes, pero no me importa. Escribiré sobre las relaciones humanas y mi incapacidad para empezar una o mantenerla.
Todo comenzó hace más de diecinueve años para mi, pero en estos dos días que tengo en este "lugar de buzos" estoy aceptando la realidad que siempre rechazo sin querer: estoy oficialmente urgido por salir con alguien o, como mínimo, intercambiar saliva con un joven decente que tenga de 18 a 24 años.
Estos dos días que tengo aquí he caminado por la playa y me vi observando a chicos, determinando cómo sería mi chico ideal, en el caso de que me llegaran a preguntar eso, viendo pasar jóvenes guapos, jóvenes lindos y americanos de mediana edad.
En un momento entre ayer y ahora me dije que iría por el chico más 'de mi tipo' que se me pusiera al frente. El día pasado no lo encontré y aunque ahora apareció un joven bastante 'nada-mal-eh', estaba su madre a un costado, lo que dificultaba bastante la situación. Eso me hizo pensar en qué hubiera hecho si la madre no hubiese estado allí. Mi otro yo diría "irás, le preguntarás su nombre y, si resulta ser una persona decente, le dirás que eres un tipo buscando aventuras y le propondrás ser el coprotagonista de tu nueva entrada del blog.
A pesar de las lagunas en esa historia, no suena tan mal, ahora que lo leo. Como mínimo lo hubiera hecho reír, pero el verdadero yo sólo hubiera movido la arena un poco antes de echarse a correr en dirección opuesta. Siendo honesto.
Creo que me faltó tiempo en mis días de adolescente. A veces me imagino como hubiera sido mi vida si le hubiera dicho a todos mi verdad (que soy gay) dese primer o segundo año de preparatoria.
Me habría evitado esos dramas con mis padres, no hubieran sucedido esos enamoramientos de chicas hacia mí y, en este momento, lo más importante, hubiera tenido más amigos gay con quienes iría "de cacería" desde antes.
Ahora, me siento como un vil acosador cada vez que intento que alguien se fije en mi. Como en este mismo instante. Acabo de ver a un joven muy lindo y ahora estoy sentado en un lugar muy obvio que dice "oye, te estoy acosando, quédate ahí para seguirte observando", siendo que hace apenas unos momentos estaba en un lugar más escondido.
Error número dos en mi: cuando él se da cuenta que lo estoy viendo, miro "despistadamente" hacia otro lado para disimular. Este joven obviamente me vio, se levantó y, sin dejar de mirarme, caminó. Sin embargo, sonreía. Le regresé la sonrisa y compartimos un gesto que consiste en levantar un poco la cabeza y rápidamente bajarla, un saludo casual. Esto nos lleva al tercer error: no le hablé ni lo seguí.
Esta pudo ser la primera vez en que ser un acosador me hubiera conseguido al menos un conocido por aquí, pero lo dejé pasar. Ni siquiera su gesto juguetón que derritió mis entrañas me hizo seguirlo. Ahora entro en uno de mis famosos dilemas: ¿debo quedarme aquí esperando, debo seguirlo o debo hacer como si nada pasó?
Por el bien de mi estabilidad emocional y de mis experiencias como escritor en potencia decido rondar por ahí y volver al punto inicial después. En este mismo instante, en un acto de persecución, acoso y peligro, merodeo por las silenciosas calles de la zona residencial (imaginen hileras de casas iguales rodeadas por seguridad, no son mansiones ni nada de eso), donde ambos potencialmente compartimos viviendas vacacionales.
¿A quién engaño? Él ya debe estar dentro de su casa, o tal vez interpreté la mirada como juguetona y no como burlona. Por si a caso, me encuentro caminando de nuevo hacia el punto de encuentro.
Qué oportunidad tan desperdiciada. El chico, físicamente, era lo que buscaba para uno de los personajes principales de una historia en la que trabajo. Bueno, puede que a primera vista esté un poco más delgado, que tenga la voz un poco más profunda y puede que los ojos que vi no hayan sido verdes en realidad, pero ese hombre que vi hace unos minutos era guapo y lindo a la vez. Perfección pura a primera impresión. Si sólo hubiera visto la calle donde vive.
Después del parque, en donde me encuentro y donde sucedió aquel momento, en la privada hay tres calles (después descubrí que hay cuatro) con aproximadamente entre 25 y 35 casas cada una. Digamos que hay cien casas en este lugar. ¿Cómo saber en cuál de ellas vive o hacia cuál se dirigía?
Bien, oficialmente me he convertido en un acosador. Uno muy poco sutil y tímido, hay que añadir. Me arriesgaré a ver si se encuentra en las canchas o en el parque pequeño al otro lado. Entre las 100 casas mencionadas, hay un espacio con un par de bancas y sombra (el pequeño parque) y aparte se encuentran dos canchas de deportes. Me dirijo hacia allá.
A excepción de una chica y su perro de miedo, el terreno está vacío. Debería hacer algo lindo como ir por las casas cantando "Si eres el chico que me sonrió en el parque / Aquí está el chico que te regresó la mirada / Quien se muere de pena y de angustia / Por no saber siquiera tu nombre", o podría hacer su descripción y fotocopiarla, pero no estoy seguro que el chico tenga posibilidades de sentirse atraído hacia mi y mañana regresaré a mi casa.
Tal vez sólo está viendo el Super Bowl en su casa, o esta viendo a su novio, o a su novia (es más probable, siendo realistas), o tiene pareja, o le pareceré repulsivo... No sé.
Debo dejar de escribir que me culpo o que soy un idiota, así que regresaré al tema inicial, pero no puedo. Cada que escucho un sonido a mi derecha, mi cuerpo entero gira con la esperanza de encontrarlo. ¿Y si ya no sale en todo el día? Superstición tonta: ¿y si pensar en él lo aleja? ¿Y si llega de repente y no cumple con las expectativas? Perspectiva positiva: ¿Y si él está igual que yo justo ahora?
Me cansé de escribir, pero para hacer tiempo dibujaré algo.
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| Dibujo aproximado del lugar donde estaba según como se ve desde donde me encontraba yo. Le faltan muchos detalles, pero así se ve el lugar. |
Unas horas después de haber hecho ese dibujo y de haberme retirado y regresado unas cuantas veces para ver si regresaba el chico misterioso, estoy aquí de nuevo. Sin embargo, ahora me pregunto si el chico sigue existiendo. Han pasado un par de muchachos por aquí y aunque uno correspondía bastante a la apariencia del chico que vi hace ya un rato, no concordaba por completo. ¿Y si todo es producto de mi imaginación? ¿Y si ya estoy cansado de vivir tanto en la oscuridad que mi mente crea la ilusión de la luz? Tal ve. De nuevo, no lo sé.
De todas formas, en caso de volver a encontrarlo, ¿que haré? Según la historia que se construye en mi mente, estoy sentado en una parte elevada del parque, donde los que caminan por la acera de al lado pueden verme. Sin embargo, me canso y me siento donde él estaba sentado cuando sucedió el encuentro. De repente, volteo hacia donde yo estaba cuando lo vi y me mira. Lo saludo con un gesto de mano y él viene hacia mi. Me adelanto, nos decimos un hola y me dice su nombre. Le digo el mio y la magia sucede.
Lo que mi otro yo me dice que sucedería es algo diferente. En esta versión hay tres variantes. En la primera, el tipo nunca pasa otra vez y ahí me quedo. En la segunda, el tipo pasa de la mano de alguien o con su novio o novia. En la tercera, lo veo, me congelo y arruino las cosas.
En un principio iba a escribir sobre mi situación con las relaciones humanas, enfatizando en "su servidor y el ligue", pero creo que ya cubrí en cierta parte ambos temas. Suelo ser el que espera. El que no se avienta al menos que vea que el terreno es completamente seguro. El que desea que todo lo bueno le suceda y se congela cuando ya están sucediendo las cosas.
No visto bien, no me gusta mi cuerpo y creo que se nota, me hice un corte de cabello que me hace ver la cara todavía más redonda de lo que ya es (por suerte, las cosas mejoran un poco, aunque sigue siendo imposible de acomodar) y parezco niño de secundaria o de preparatoria. Me arrepiento mucho de las cosas, me siento como un idiota la mayor parte del tiempo y no suelo encajar con los que me rodean, incluso me alejo automáticamente de las personas aunque me sienta bien. Sin embargo, tengo amigos, se supone que soy inteligente, cariñoso, lindo, bromista, sarcástico y me preocupo por los demás.
Dicen que las personas ideales, las almas gemelas, son las personas que ven tus defectos y los convierten en virtudes. El chiste ahora es que aparezca una persona que logre ver mi inestabilidad y mis problemas psicológicos como algo maravilloso, alguien a quien descubrirle sus defectos para encontrar mis debilidades. Un chico, sin contar a mi familia ni a mis mejores amigos, que esté dispuesto a compartir la vida conmigo.
Si se puede, que sea como el chico que ví, como el que me enamoró durante la semana cultural, como Tyler Oakley, como mis padres y hermanos, como mis mejores amigos, como las personas a quienes admiro. Por mientras trataré de vivir mi vida y de aprovechar los momentos con las personas que sí existen para mi y que están conmigo ahora.
Eso fue todo. Me doy cuenta que ésta hubiera sido una entrada perfecta para publicar el día de mañana, pero decidí que hoy era el día y hoy tuve tiempo de publicar esto. En caso de no escribir mañana, quiero desear a todos que mañana tengan un gran día, no por ser catorce de febrero, día de San Valentín o algo así, sino porque todos los días debes esperar que sean grandes días, pues en esos días son cuando suceden las cosas maravillosas. Nada más miren lo que me sucedió hace diez días. Totalmente inesperado.

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