21 febrero, 2013

Decir cosas malas (cuando debes callarlas).

Tengo unas cuantas cosas que contar. San Valentín pasó como un día cualquiera, con la gran excepción de que pasé un gran pequeño momento con mis dos mejores amigas y con el hecho de que un primo murió de cáncer ese mismo día.
Cuando me enteré de ello quedé un poco en shock. Al principio fue porque mi mamá estaba en mi casa alrededor de las nueve de la mañana y eso siempre es un augurio de malas noticias. Acababa de despertar (como usualmente lo hago), sólo que me sentía más como basura porque la noche anterior la pasé haciendo tareas.
Vi a mi madre y, con mis ojos abriéndose poco a poco, alcancé a notar que tenía una cara de malas noticias. Me dijo que había muerto y no recuerdo qué respondí, pero me sentí mal porque ese día iría a comer con ellas (inserte una carita feliz). Ahí fue cuando llegó el segundo shock, pues no estaba dispuesto a cancelar esa comida porque un primo relativamente cercano acababa de pasar a mejor vida. Sé que se supone que cuando alguien muere se debe adoptar una posición donde se rechace la felicidad y la luz del día para entrar en un estado de luto y de respeto hacia quien parte de este mundo, pero algo dentro de mí me decía "serás mala persona, pero te urge pasar un rato con personas a quienes en realidad aprecias".
A pesar de ese monstruo de la verdad y de la ética, disfruté bastante de un poco de compañía verdadera, de comida oriental (algo que mis pobres gustos en comida no me permiten comer seguido) e italiana (lo contrario de la comida oriental), de pláticas sin sentido que significan todo para mi y de compartir un reducido espacio en un taxi mientras la pequeña ciudad se fundía por el calor.
Hoy no tengo mucha fuerza para continuar escribiendo, pero puedo resumir las cosas un poco. Para comenzar, volví a entrar al estúpido concurso de escoltas y siento que me he traicionado por haber entrado, pues se supone que me juré hasta la muerte no volver a hacerlo. Estoy cansado, estresado (el estrés existe, a pesar de que ciertas personas que quieren siempre opinar sobre los demás crean lo contrario), me quejo mucho pero no expreso nada ante los demás y quiero golpear a más de una persona al mismo tiempo.
No diré nombres e incluso me abstendré a dar pistas o detalles sobre las personas de las que hablaré, pues es casi inminente el hecho de que esto saldrá a la luz y experiencias recientes me dicen que las personas se terminan enterando de lo que menos quieres que sepan, pero quiero decirle a este mundo que tal vez sea una persona que aparentemente no puede tomar sus decisiones de forma autónoma, pero eso no implica que trates de "ayudarme" a decir "no" cuando es necesario, mientras que eres incapaz de aceptar una negativa.
Ya me acostumbré a que estos personajes me miren con mala cara durante unas cuatro horas para después volver a la supuesta normalidad y a que este ciclo se repita constantemente. A que me miren con lástima cuando creen que estoy por el mal camino. A verlos disfrutar de las cosas que se supone que deben ser aceptadas, hacer las cosas que supuestamente son las correctas y salir enojados o con una expresión de disgusto cuando haces la más mínima cosa que les desagrade. A que, a pesar que reconozco la cualidad como personas que tienen ellos, dejo que esto me importe más de lo que debería, a tener miedo.
Sonará totalmente idiota y pre-adolescente, pero quiero darles las gracias por todo en lo que me han ayudado, pero están perdiendo su tiempo en ayudarme a cambiar características esenciales en mi persona, y no necesito de ustedes para continuar respirando. Sinceramente y con amor, cuando vuelvan a hacer esas caras de disgusto, cuando vuelvan a reírse de cosas que van en contra de mi moral o cuando vuelvan a reírse de las personas a quienes aprecio, me quedaré callado, esperaré a que terminen lo que están haciendo y, si el momento es apropiado, comentaré al respecto de forma seria y concluyente, pues no estoy dispuesto a disputar con personas que creen estar bien, cuando esta vida no es un juego de bien y mal (según mi visión particular). Y ni siquiera he estado hablando de la sexualidad, aunque el tema va implícito.
Finalmente quiero compartirles dos cosas de rápido. La primera es que estoy bastante feliz porque gané un libro gracias a un pequeño texto que escribí y que un día de estos subiré a esta página. No importa que haya sido un relato sobre cómo me enamoré del chico que está en mi salón hace un año, pero alguien disfrutó tanto de ese ensayo que decidió premiarlo con un pequeño libro del que nunca había escuchado antes. Sigo bastante impresionado por ello de hecho. No sólo gané algo (eso ayuda al autoestima de cualquier individuo), sino que gané algo por hacer una de mis cosas favoritas en este mundo. Me refiero a escribir, no a enamorarme perdidamente de chicos heterosexuales.
La segunda es que descubrí que no puedo pasar todos mis días escribiendo. No creo poder llegar a ser como Stephen King y poder escribir para vivir. Aparte de que me quedaría sin cosas que transformar en palabras, nadie me pagaría por cada palabra que plasmo. Eso me aflige de alguna forma. Ya no solo es depresión por soledad, por no tener pareja o por sentirme incomprendido. Es una especie de cansancio físico, emocional y hasta sentimental que quiere que el mundo se detenga por siempre. En ocasiones incluso desearía poder poseer el valor para escapar de una vez por todas y dirigirme hacia algún lugar donde pueda estar en tranquilidad. Sin embargo, no puedo.

Posdata: me gusta el número 21 en las fechas. No porque recuerde algún evento especial, es sólo otra de mis locuras sin sentido.

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