15 octubre, 2014

Desconocidos.

Uno de los más grandes placeres de la vida (si por "placer" uno se refiere a ese delicioso tormento que se alimenta de nerviosismos y desesperación) es conocer a una persona relativamente nueva. Hablar con un extraño en la calle, encontrar sin esperarlo algo en común con la persona que te atiende en la miscelánea, escribir con un extraño en línea. Esos ejemplos son sucesos graciosos, dolorosos, recordables, olvidables, poco importantes o hasta esenciales.
En sí, comunicarse por primera vez con una persona no tiene mucha ciencia. A final de cuentas, se intercambian palabras con tal de crear una conversación y... y ya. Cuando el desconocido se vuelve conocido, y es un recién conocido que promete ser una persona de cierta relevancia con la actualidad, es ahí cuando el problema comienza.
Es como aquella diferencia entre leer un artículo sobre dejar de fumar y leer el ensayo The Smoking Section de David Sedaris (parte de su increíble libro When You Are Engulfed in Flames). El primero va dirigido a cierta población específica, personas a quienes le interese el artículo o fumadores que desean dejar de serlo (o que los obligan a ello).
Sin embargo, aunque la escritura de David Sedaris no sea apropiada para todas las personas de este retorcido mundo, puedo decir que no soy fumador y que disfruté tanto leyéndolo que ya casi termino de leer todas las colecciones de ensayos de ese autor.
Leer a David Sedaris puede ser menos problemático que enfrentarse cara a cara (o celular a celular) con otra persona, pero ambos tuvieron un impacto en mí porque hicieron que me interesara en la persona en cuestión.
David Sedaris me convenció con su humor lleno de clase, de ironías puntiagudas y de un sarcasmo afilado y preciso que no se encuentra en cualquier escrito, y al describir sus odiseas sobre cosas convencionales vistas a través de los ojos de un ser que piensa fuera del molde. El chico al que me refiero me agradó bastante al conocer su forma de pensar, su forma de ver el mundo y porque charlar con él se siente como dos personas hablando, sin presiones ni marchas forzadas, y no un sujeto hablando con la pared.
Hay cierta presión sin fundamentos. En ocasiones, esta analogía me hace entrar en crisis al pensar que, mientras los escritos del autor mencionado son accesibles a casi todo momento y es poco probable que quieran no ser leídos por mí, el chico es una persona independiente, libre, y puede elegir entre hablarme o no, algo completamente respetable y comprensible en caso de suceder.
Existe ese algo que, conociendo la voz del chico de un par de días, me hace querer tener la oportunidad de conocerlo en persona y saber quién es en verdad esa persona que me tiene planteando situaciones en mi mente. "¿Será igual de agradable platicar en persona con él?", "¿habrá momentos incómodos y, de ser así, cuántos?", "¿resultará ser aquella persona interesante que voy conociendo, o será alguien más estando frente a frente?"
Todo ésto lo escribe un chico que ha tenido unas conversaciones agradables con un sujeto agradable, y que no sabe a dónde pueda llegar ésto (¿una relación? ¿Una amistad? ¿Ser eliminado y bloqueado de WhatsApp?), pero que tampoco se desvive por encontrar una explicación lógica a un fenómeno que surge de los rincones más ambiguos y preciados de la mente humana.
Adopto una actitud donde, si me deja de hablar hoy, está bien; si termino saliendo con él, también está bien; si no le agrado, no es asunto mío aunque eso me atormente por un rato; si llego a tener una relación seria con el chico, entonces deseo que sea algo recíproco; si conozco a alguien más el día de mañana, confío en que sabré improvisar y si termino con alguien por el resto de mis días, entonces espero haber tomado la decisión correcta. Al final, no me desviviré por leer el final de un libro que aún no se termina de escribir.

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