15 diciembre, 2014

Vello facial.

Contrario a mis deseos adolescentes de mantener mi rostro lampiño, han pasado alrededor de dos semanas que no me rasuro completamente, nada más un simple retoque por aquí y por allá para no sentirme un hombre lobo en sus veinte-y-pocos.
Mi vello facial dista muchísimo de ser una masculina barba que me aporta seriedad y porte adultos, pero sí he notado un cambio en cómo las personas se dirigen hacia mí. Es como cuando una amiga cuando se pintó el cabello de color rojo: hubo un cambio, aunque las miradas que recibo no son tan lascivas como las que mi amiga recibía, desgraciadamente.
Tener barba es divertido. Quizá el bigote no me lo deje, pero la barba probablemente llegará hasta el 2015. A pesar de que en los camiones me digan "señor".

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