Atorado en mi casa, molestando a mis padres y hermanos y sintiendo que la movilidad poco a poco desaparece de mi cuerpo, este periodo de vacaciones no ha sido particularmente el más relajante, pero me estoy comenzando a sentir... bien... por más extraño que parezca, y aunque estoy consciente de que en seis días tendré que pretender que no me duele ninguna parte de mi cuerpo para regresar a clases.
Estas últimas semanas han sido el epítome de todo el 2014: libros al por mayor (según mi perfil de Goodreads, leí veintisiete, pero sé que fueron poco más de treinta libros), series nuevas que me impresionaron bastante --el final de la segunda temporada de Hannibal sigue estando entre mis horas favoritas de este año--, películas buenas, regulares y decepcionantes, viajes a lugares conocidos, conocer a desconocidos, ver cómo intentan estresarme por cosas que no valen la pena en la escuela y vivir la presión de que a veces no "daré el ancho" y sorprenderme porque me escapo de lo malo de maneras tan simples y anticlimáticas que me decepcionaría demasiado ser un personaje de alguna historia.
Mencionando a Goodreads, esa, la aplicación WhatsApp y mi cuenta de Twitter son las únicas redes sociales que tengo, y con toda franqueza espero que siga siendo así. ¿Por qué? El Facebook es, todavía, una pérdida de tiempo, ante mis soñadores ojos de chocolate amargo. El Google+ aún no resulta de mayor utilidad que este último caso. Usar Grindr hace que sienta que destruyo lentamente mi alma. Sobre los demás, no sé cómo usarlos y el hecho de que esté respirando en estos momentos sin hacer uso de ellos implica que no los necesito. Incluso aún sigo considerando eliminar WhatsApp. Hay algo que encuentro bastante desesperante de esa red.
En fin, si no tuviera cierto avance sobre un proyecto que tengo por ahí y que en verdad es prometedor, para variar, tengo que admitir que el 2015 comienza similar al 2014... excepto que hace un año no estaba sufriendo un malestar corporal, no tenía tantos libros y me sentía más limpio, menos como una muñeca fea que traen de un lado a otro por ciertos periodos y la dejan otra vez cuando se dan cuenta que hay más muñecas en el exterior.
El simple hecho de un prometedor viaje (si se llega a concretar) y la publicación de un cuento mío en una revista local hacen que el ya presente año sea mejor, habiendo pasado solamente dos horas y tantos minutos. Sin embargo, me queda presente el sentimiento de que trescientos sesenta y cinco días se fueron como si se tratara de un par de simples semanas, y no sé si se trate de algo bueno o no.
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