Mi diario está harto de que escriba su nombre en él, pero es claro para mí que mi cabeza no lo está.
Imaginas, tras dos años, casi dos años, de empezar algo con una persona que te dejó huella en tu corazón, en tu alma, en tu vida, y que decidiste dejar por amor propio; ¿te imaginas a caso lo que harías si esa persona vuelve a tu vida?
De manera virtual, como una oportunidad, con el entusiasmo que le conociste y el cariño y la efusividad que habñias decidido comenzar a creer que estaba en las interpretaciones que le dabas a los textos de un pasado casi olvidado.
Entonces te preguntas: "¿llegó así, ante mí, o es una versión que quieres creer de lo que te está presentando?", "¿lo que ves es lo que quieres ver, o ves en realidad lo que es?".
Cuando abro los ojos, cuando en realidad los abro, veo mis errores.
¿Cómo le pude haber dicho que yo no iba a cambiar? ¡Date cuenta de la tontería que cometí al pronunciar esas palabras!
"No voy a cambiar".
Las dije porque las sentí verdaderas.
Y en ese momento cambié, y se convirtieron en mentira.
Me encuentro gritándome, enojado, lleno de desesperación. Revivo el momento en mi cabeza pero con el yo del presente tratando de estrangularme. Regreso a segundos antes y me imagino presionando la mano que coloco en mi boca del pasado, esperando a que los labios decidan cerrarse y ver al futuro para darse cuenta de la tontería que van a cometer.
Me merezco lo que pasó, aunque no lo quiero.
Merezco haber recibido los golpes verbales que recibí, quizá me hicieron falta más. También los enojos, las indirectas, los arañazos, merezco cada patada, insulto y escupitajo que me arrojó a la cara, al igual que sus silencios, sus aparentes indiferencias y todas las veces que decidió pretender que no estaba yo ahí con él.
Y es que cómo duele cuando te hacen saber que no importas, y cómo es peor cuando se hacen que no te ven.
"Todo te lo tomas muy en serio".
"Pensé que eras más maduro".
"Dices eso, pero no es cierto. No me lo demuestras".
"Mira. Date cuenta de que no soy así. Yo no soy quien tú dices que soy. Veme, ese que dices no soy yo".
Este soy yo. Dándole golpes al aire en el vacío. Gritándole al viento todo lo que te quise decir. Con dos brazos que recuerdan la forma de tus apapachos, y un semblante arrepentido de haberme ido.
Sí. Tenía sentido, y a veces aún lo tiene, mi partida de aquel inicio del último tramo del verano de 2015, cuando decidí que ya no te podía ayudar más, y que era mejor que te buscaras otra ayuda: una que viniera de ti. Y no sé si la encontraste. No sé si la buscaste en verdad en ti, o fuiste con otras personas a ver si te la podían proporcionar, pero confío en que sí encontraste algo. Si no la ayuda, al menos un camino; si no el camino, una pista. Algo. Lo que sea. Espero que lo hayas encontrado.
Si no tienes nada, te puedo dar respuestas.
Sí.
Me arrepiento.
De haberte dejado.
Lo hice porque quería que vieras que, cuando lastimas a alguien que te quiere, esa persona se puede ir. Me arrepiento porque ahora sé que a veces, cuando me alejabas, estabas tratando de pedir ayuda. Creí que no podía ayudarte, en ese entonces, porque por algo me seguías alejando.
Debí dejar de buscar por respuestas que no querías dar, por explicaciones que no se necesitaban, por algo que ahí tenía frente a mí y no sabía ver. Quería que me ayudaras a entender el piso en el que estaba parado y veo que tú me decías que ahí no estaba lo importante, y eso no lo vi.
Me gustaría sentir que estoy a tu altura. A veces soy una persona a la mitad, y tú eres un entero. Busca cosas para los enteros: conoce lo que hay a tu alrededor, velo todo y toma lo que te haga bien. Si yo te hago bien en algún momento, ven y tómame, pero déjame si no.
Me ayudaste a caminar, pero me atoré. Tú no lo hagas. Camina. Corre. Vuela. Aunque me dejes abajo, de aquí te veo.
Sigue adelante por ti.
Si tu camino tiene que cambiar, síguelo.
Si quieres regresar, hazlo, pero que sea para tu bien.
Quizá no he cambiado mucho, y puede que digas que nada, pero veo diferente ahora, al menos algunas cosas.
A veces no tiene sentido. A veces nada lo tiene.
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