07 enero, 2018

Día 62 (aunque ya es el 63): diario de la perdición, parte VI.

Imagino que estoy acostado de espaldas a él.

No entiendo cómo me dejé llevar por lo que entendí que me demostró, cuando siempre fue firme con sus palabras.

Quizá sí lo entiendo.

Me apendejé.

Puta vida de ingenuidad.



No quería que él fuera una parada más en mi camino.

¿Lo fue?
Me demuestra que, para él, solo fui un número de tantos; uno entre treinta y uno, uno entre veinte.
Entiendo las razones y los motivos, pero no deja de doler.

Siento que me detestaría si leyera esto.
Con justas razones.
No me corresponde ventilar mis problemas ante el mundo.
Menos los suyos.

Ya no hablaré de él.

Para mí, y lo escribí hasta el final de mi lista con esperanzas de que fuera el último, al menos en esta etapa de mi vida, lo escribí por su nombre, no como un número nada más.

Creces, y entiendes que no siempre tienes que darlo todo.
¿O sí?

Creces y entiendes que el mundo es un lugar no apto para los débiles de razón. Está hecho para los tiburones, para los que no se detienen y aprenden a comerse a los indefensos para seguir con vida.


Yo fui quien llevó todo a la chingada, pero fueron 31 días que disfruté como nunca había disfrutado los días. Y fueron 31 llenos de inseguridades que iban carcomiendo rápido, sin piedad, todo aquello que habíamos tenido el mes anterior.

Lo vi más veces en las primeras dos semanas, que en el segundo mes entero.

Lo quise.
¿Lo quiero? Tal vez.
La verdad es que sí.
Pero no así.
El presente está lleno de silencios incómodos, reclamos no correspondidos y de espaldas cuando se busca ver el rostro.


Eso no es vida. Eso no es amor.

Tanto cariño que se va porque de un lado no se entendió qué se tenía y del otro porque fue más grande el pasado.





Valoro, de todas maneras, lo que me hizo sentir.

Lo que he aprendido de él.

Aprecio mucho todos los momentos que me dio en su momento. Puedo tomar una postura en la que pierdan su valor porque fueron situaciones en las que ambos, de cierta manera, aunque a diferente grado, nos dejamos llevar. Pero no dejan de ser momentos que se vivieron a una manera que se dio sola.
Me quedo con todo.
Añoro lo bueno.
Algún día me servirá lo demás.

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