La última vez que escribí aquí fui una persona diferente a la que soy el día de hoy.
Eso lo sé sin hacer referencia a más que la memoria. Me siento una persona totalmente distinta porque las sensaciones que tenía en ese entonces son diferentes a las del presente, y eso lo veo como algo positivo.
Cuesta trabajo comprender que a veces el avance parece ser nulo, pero cada quien trabaja para lo que cree que necesita. Mis únicas necesidades son mi bienestar y hacer el bien. Dentro de lo que cabe, mejorar las condiciones de mi entorno. Por eso siempre recurro a este espacio. Creo que retribuyo al escribir aquí. De alguna manera espero que los contrastantes estados de ánimo que permanecen aquí plasmados sean de ayuda para algún lector. Y si no, también está bien.
Insisto en que soy una persona diferente a quien solía ser: la persona del presente se da cuenta de que uno no renuncia a ser quien es para estar con alguien. Y si lo hace, la persona con la que se quiere estar no tiene la necesidad de cargar con la responsabilidad de ser el todo de uno.
Puedo ser feliz estando solo, y eso lo aprendo también, paradójicamente, estando en una relación con alguien.
Valoro quién soy, lo que hago, lo que me quiero ser y hacer, con quien quiero estar. Y a veces no todo queda muy claro pero sigo con vida. No hablo nada más de respirar y dormir: estoy vivo de verdad. Vivo porque duele, porque disfruto, porque río y porque aprendo a que llorar está bien, a que enojarse viene de otra cosa y que el miedo significa muchas más. Vivo porque entiendo que nunca terminaré de entenderme, pero siento que voy por el camino correcto.
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