03 octubre, 2012

Ficción: Necesito platicar contigo.

Como se habrán dado cuenta, dejé de atender este blog desde hace aproximadamente diez meses y tres días. Aún así, nunca tuve el valor de eliminarlo. Es aquí donde en verdad comencé a escribir y, aunque tengo otro blog, quisiera conservar este espacio, así que a partir de ahora, en este blog escribiré historias de ficción. No de extraterrestres o de mutantes, sino historias que me sucedieron con un giro en la historia o cosas que siempre quise escribir. Comenzaré con una historia que me sucedió en verdad, sólo que la cambié completamente porque se me ocurrió un nuevo e inspirado final esta mañana. Aquí tienen y nos vemos luego, espero que en menos de diez meses.


Necesito Platicar Contigo

"NECESITO PLATICAR CONTIGO"
Eso es lo que escribió Edgar en un pedazo de hoja de cuaderno promedio. Estaba doblado como mil veces el mencionado papel y había escrito en una letra varonil que no era para nada fea, pero tampoco podías esperar una caligrafía perfecta de él. Digo, era guapo, lindo, callado y había rechazado una vez a Noé antes.

Fue una tarde de Mayo, durante un festival escolar. Noé se había enamorado de Edgar desde que lo vio tocando la guitarra por primera vez. Siempre creyó que eso era tonto e irreal cuando sucedía en las películas o en los libros, pero le sucedió a él, así que no supo ni como reaccionar.
Comenzó con el festival escolar. Se dijo que habría un concurso de canto y ni Noé ni Edgar eran del tipo de personas que se atreverían a participar por su voluntad propia en esos concursos, pero la clase creía que sería mejor que el cantante tuviera instrumentos en vivo acompañándolo en el evento, y da la casualidad de que Edgar es un dios de la guitarra y Noé había tomado un curso en piano, por lo que si le decían cuál canción tocarían, él se la aprendería para el día del evento. Ah, y también había otro que sabía tocar la guitarra y otro que se ofreció para cantar en dueto.
Ya estaba el grupo musical provisional para el evento y un día, faltando cerca de tres semanas para el mismo, decidieron hacer el primer ensayo. Al cabo se suponía que ya cada uno había hecho su esfuerzo y ya se tenía que saber tocar o cantar la canción. Como siempre, Noé fue el primero que llegó. Ya estaba acostumbrado a ello y se resignó a esperar y a no hacer corajes por haber cargado un teclado por todas partes para que fueran tan impuntuales. No estaba molesto, en realidad es un tipo que no se molesta fácilmente, pero lo habían hecho despertar temprano, y eso no es agradable para nadie. Es uno de los defectos de estudiar en el turno vespertino, te despiertan en la mañana y ya no sabes ni qué hacer.
Ahí estaba Noé esperando a que todos llegaran y preparó en una mesa de un lugar público su teclado para que estuviera listo cuando los demás llegaran. Y llegó Edgar primero. Antes Noé no se había fijado en él. Lo había visto siempre como el chico lindo de su salón, pero creía que el tipo era heterosexual hasta en el cabello. Sin embargo, esa vez lo vio de una forma diferente. Cuando lo vio caminando con su guitarra dirigiéndose hacia él lo vio como nunca antes por primera vez en su vida. Claro, no iba hacia él literalmente, se dirigía hacia la mesa donde estaba él, pero Noé lo vio como salido de una fantasía o de una comedia romántica.
Y la cosa se acentuó más cuando comenzaron a platicar. No era la conversación con más chispa que habrán escuchado si se las cuento, pero conociendo previamente a ambos, era mucho. Y se acentuó mucho más cuando vieron al otro tocando sus respectivos instrumentos. A Edgar se le iluminó el rostro al ver cómo el roce de los dedos de Noé con las teclas producían un sonido armónico (para sus oídos) y Noé suspiró como asmático cuando Edgar tocó una hermosa melodía.
Pasaron lentamente las semanas y Edgar seguía con el rostro iluminado, al igual que Edgar suspiraba. Un día, después de ensayar en la escuela, Edgar le pidió a Noé que le enseñara a tocar su instrumento. Noé sintió como si le estuviera proponiendo matrimonio o como si le acabaran de decir que se había ganado un auto en un concurso televisivo y con mucho entusiasmo, le instruyó un poco. No faltó quien también quisiera que le enseñara, pero, para Noé, Edgar había aprendido mejor que los demás.
Al día siguiente, también quiso enseñarle y pudo tocar sus manos. Noé sintió como una descarga eléctrica placentera con el toque, como un agradable fuego que no lastimaba, y ambos temblaron cuando sucedió eso. Mientras tocaban, Noé dirigía su mirada hacia los dedos de Edgar para saber el ritmo y sincronizarse, y creyó que Edgar hacía lo mismo con él, pero descubrió que no miraba a sus manos tocando, sino que lo miraba a él. Fijamente lo estaba viendo, siempre después de tocar el primer coro y Noé quiso devolverle la mirada.
En un principio, Edgar la dirigía hacia otro lado, pero regresaba con la mirada fija y comenzaban de nuevo. Con tanta intensidad que Noé tocaba tres de cuatro notas correctamente. Mientras se acercaba la fecha del evento, se intensificaban las miradas y llegó al punto de que Noé ya no se equivocaba al verlo, casi necesitaba saber que él lo estaba mirando para poder tocar y ahora, cuando lo miraba, sonreía y Edgar sonreía con él. Era el paraíso para Noé y estaba viviendo lo que siempre soñó vivir.
Entonces, un par de días antes del evento musical, todo se vino abajo cuando hubo una diferencia de opiniones entre los cantantes y se decidió que iba a cantar sólo uno con pista. Ya no habrían más ensayos, se acabaron las miradas y ahí acabaría todo. En la escuela, aprovecharon que un maestro siempre les cedía la hora para ensayar y Edgar y Noé se fueron a un aula vacía para hacer su última practicada, aparte de que querían un tiempo para descansar y desquitarse de haber sido "despedidos" del concurso.
Noé conectó su teclado y Edgar sacó su guitarra para comenzar a tocar la canción que nunca tocarían en público. Era un momento dulce pero también triste, era una despedida. Después de tocarla, Edgar dejó de tocar y se dirigió hacia Noé. Quiso tocar una canción que, curiosamente, Noé sabía, así que éste se la enseñó.
Por alguna extraña razón, Edgar se puso bastante nervioso y Noé ya estaba muerto de nervios, pero trataba de ocultarlo sin obtener resultados efectivos. Había una verdadera tensión en aquel momento, pero decidieron irse antes de perderse mucho de la clase. Edgar ya era parte de la mente de Noé. Noé se había enamorado de él y por ello decidió decirle, antes de obsesionarse perdidamente con él.
Le dijo el día del concurso, sólo que más temprano. Le dijo que había comenzado a sentir algo por él últimamente y que le gustaría saber si podría tener una especie de oportunidad. Claro, imaginen que le dijo eso pero como una bomba de nervios explosiva. Incluso hasta comenzó a temblar y le apareció un tic en el ojo en el momento. Era todo un caso ese tipo y Edgar le contestó que él no era gay y que lo respetaba, que todo seguiría como antes, pero lo dijo de una forma inesperadamente calmada y respetuosa. Noé estaba destrozado, pero a la vez sentía respeto por Edgar.
El proceso que tuvo que pasar Noé desde el verano y hasta los primeros días de octubre del año fue difícil, pues tuvo que pasar las incomodidades de estar los dos en el mismo lugar en una situación que no puede ser descrita con otra palabra que no sea incómoda. No ayuda que Noé haya visto a través de una red social que Edgar había regresado con su ex-novia. Estaba destrozado pero se estaba recuperando y comenzaba a estar todo normal, como si los ensayos jamás hubieran ocurrido, y estaba todo bien, hasta que recibió durante una clase ese papel.
El maestro le dijo a la clase que giraran su silla porque proyectaría una presentación en la pared, y el lugar de Edgar quedó bastante cerca al de Noé. Lo bueno que nadie pudo ver la cara de sorpresa y de confusión de éste cuando leyó lo que contenía el famoso papel. Recibir eso de alguien que te rechazó antes es extraño e ilógico hasta cierto punto, por lo que le respondió lo siguiente:
"Está bien. ¿Después del examen?".
Lo envió y no tardó mucho en responder.
"Sí. Me esperas".
Llegando a la última hora, tuvieron un examen de matemáticas y, naturalmente, Noé terminó rápido. Edgar tardó un rato, pero se veía que estaba haciendo un esfuerzo titánico para terminar pronto, pues eran alrededor de las siete treinta, sabiendo que el último autobús de Noé sale antes de las nueve.
En diez minutos, Noé vio a Edgar salir del salón. Estaba esperándolo en el pasillo de su salón, ubicado en la segunda planta, y estaba bastante oscuro porque se habían descompuesto las lámparas. Edgar llevó de la mano a Noé hasta una esquina del pasillo, la más oscura, y Noé no podía más que morir de nervios y de éxtasis.
Noé estaba a punto de preguntar qué era lo que sucedía, pero Edgar se le adelantó y le planto un beso justo en la boca. Era el beso más delicioso y apasionado que había sentido y se lo correspondió cariñosamente.
Edgar se separó y parecía que estaba a punto de irse, pero Noé lo detuvo.
--¿Por...  Per... ¿Qué pasó?"
Edgar lució muy apenado y se veía que estaba a punto de romper en llanto, por lo que Noé lo dirigió hasta un lugar más privado. Era un parque junto a la escuela lleno de árboles donde no podías ver nada cuando se hacía de noche. Noé lo conocía porque ahí se la pasaba normalmente cuando salía con otro chico y, a falta de un mejor lugar, llevó a Edgar hasta una piedra donde podrían sentarse un rato.
Edgar parecía inconsolable y seguía llorando en silencio, mientras Noé estaba tratando de hacer algo para consolarlo. Al fin, se calmó un poco y Edgar pudo decir entrecortadamente lo siguiente:
--Lo siento. Siempre quise decirte que sí, pero no estoy listo. En serio, perdóname.
--Está bien, creo que entiendo.
--No, no está bien.
Durante un rato sólo se escuchó la fuerte respiración de Edgar tratando de controlarse y Noé le dio un pañuelo de papel para que se limpiara un poco. Parecía calmarse poco a poco.
Noé quería darle la mano, abrazarlo, besarlo, mínimo darle unas palmadas de aliento en la espalda, pero seguía sorprendido porque todo eso estaba sucediendo. No parecía real, pero lo era. En verdad lo era.
Y también fue real cuando Edgar recargó su cabeza en su hombro, por lo que Noé respondió protegiéndolo con un dulce abrazo, esperando que ese momento se hiciera eterno.

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