Noé se dio cuenta entonces. Estaba harto de su vida y de todas las estupideces que tenía que soportar a diario. Odiaba su escuela, odiaba su vida y odiaba tener que callarse todo eso.
Su único consuelo es poder estar toda la noche del sábado vagando en el internet. Siempre le había gustado escribir pero nunca lo hacía, así que ni el sabría si es bueno o no, al menos que comenzara a hacerlo. Sin querer, siempre terminaba en una página porno masturbándose y sintiéndose como basura cinco minutos después.
Era una historia que podía ser hasta divertida: descargar videos, masturbarse con ellos, eliminarlos e irse a dormir sigilosamente para no despertar a sus padres. Triste historia para alguien que va entrando a los veintes.
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