04 noviembre, 2012

¿Qué hacer cuando sabes que estás mal...

...pero no estás dispuesto a cambiar?
Esa es la pregunta que me acaba de llegar a la mente. Todo porque ahora se supone que sería una cena porque el cumpleaños de una prima muy cercana es el lunes. Había quedado con mis dos mejores amigas desde antes, así que no asistiría. No es tanto que cambie a mi familia por mis amistades (quienes resultan ser más mi familia en ocasiones), sino que no había visto a esas dos maravillosas personas desde mucho tiempo atrás y no quería perderme la única oportunidad.
Bueno, vinieron a mi casa, platicamos, llegaron mis papás y, cuando me iba a dar la vuelta con ellas dos, mi mamá dijo que pasara con mi prima cuando llegara. Salí y tuve una gran noche de pláticas sinceras y necesarias. A veces pienso que es algo triste que no le permito a mis padres saber nada de mi. Que ellos me oculten su pasado por completo me enoja lo suficiente como para querer utilizar un lenguaje que considero inapropiado, pero no es excusa para que yo pueda hacer lo mismo con ellos. Bueno, nada que yo pueda hacer al respecto.
Llegué a la casa y no había nadie. De hecho, pasé gran parte de la noche en buscar las llaves del viejo auto para poder practicar un poco. Puedo decir lo que quiera sobre que no me preocupa lo que los demás piensen de mi, pero en realidad sí me preocupa bastante, sobre todo con el asunto de que a mis casi veinte años no se aún conducir, mientras que conozco niños de once y doce años que saben hacerlo. Tristemente cuando pude tener acceso a las llaves, el auto no encendía, así que regresé a casa resignado y entré a mi computadora.
Después de un buen rato llegaron mis padres y hermanos. Mi mamá fue la primera que preguntó por qué no había ido y le contesté que no me sentía bien. No un "no me siento bien" de enfermedad, sino un "no me siento bien" de estoy cansado de la gente, ¿a ustedes les sucede eso?
Bueno, había sobrevivido al primer ataque. Todo bien hasta ese momento. Aún así sabía que el problema no sería con mi madre, sino con mi padre.
Luego de tontear un rato por ahí como suelo hacerle, decidí irme por el bien de la humanidad a mi habitación y dormir al fin, pero quise pasar a tomar el cargador primero, que estaba en la sala... a un lado de mi papá.
Lo vi y le saludé, pero él, sin contestarme el saludo, me preguntó por qué no había ido. Inmediatamente noté que estaba de mal humor, así que tendría que elegir muy bien mis palabras si quería salir con vida de la situación al igual que tendría que calcular cada movimiento si fuera a pasar a un lado de una serpiente inmensamente mortal.
Momento erróneo: dije que había agotado mis ganas de convivir con gente por ahora. Reacción de mi padre: sermonearme que estaba mal que yo haya hecho eso, que mi tía (la mamá de mi prima) ha hecho tanto por mi que lo mínimo que hubiera querido a cambio era que yo asistiera a la fiesta y un montón de cosas que irán depositadas en el baúl de "cosas que sabes que no será fácil olvidar" Soy una persona a la que las palabras le afectan mucho, tal vez demasiado.
Y lo peor es que sé que yo soy igual. Mis palabras lastiman y mucho. Y esas personas lastimadas las repiten con tal de quitárselas de encima. Una de ellas es mi hermana y me odio con toda el alma porque ella se está convirtiendo en la peor parte de mi.
Una vez, una maestra dijo en clase que no esperes a que una persona cambie por ti porque no lo hará y dijo que esa frase aplica en especial con los padres. Y es totalmente cierta. Dejé de esperar a que cambiaran desde que cumplí catorce años, pero ahora es cuando siento que estos problemas me están afectando más. ¿Será porque se supone que debo tener un criterio más amplio del mundo y de lo que me rodea? Tal vez. No lo sé.
Tal vez la respuesta es simple: puede que sea porque ya me he aceptado por completo como una persona que piensa por sí misma y puede tomar sus propias decisiones.
Sí, creo que acerté esta vez. Nunca fui una persona libre, bueno, no lo he sido. Por libertad no me refiero a salir diario a beber y fumarme lo que yo quiera como yo quiera, sino a que me mínimo me toleren por como soy y comprendan que llegando a cierto punto donde me encuentro ya dejé de ser su niño pequeño y tendré que crecer por mi cuenta. Aún dependo de ellos económicamente, y si algo me han enseñado es a ser exitoso en la vida, pero nunca me guiaron a que fuera alguien libre. La auto aceptación siempre fue algo que nunca existió en mi familia. Es por eso que el hecho de tener un hijo que rete tus creencias, tradiciones y tu forma de pensar puede llegar a ser frustrante.
Para comenzar, no estoy estudiando una carrera que sea bien pagada o que sea vista como admirable. Para no darle tantas vueltas al asunto, no estoy estudiando algo de lo que mis papás puedan presumir mucho o que cause a las masas que comiencen a hablar cosas positivas de mi. Estoy estudiando para ser un maestro y eso no es para nada alentador. Los invito nada más a que vean cómo son algunos de mis compañeros y obtendrán un panorama de la reputación de mi escuela.
Aparte, el más grande problema que siempre termina siendo una gran discusión entre mi papá y yo son las fiestas familiares de mi parte paterna. Las detesto. De por sí no estoy emocionado cuando me entero de reuniones familiares del lado materno, siento una completa agonía cuando se acercan las del otro lado. No me desagrada ver a mi familia reunida de vez en cuando y platicar con ellos, porque son unas personas fascinantes, pero detesto que las reuniones se conviertan en actos de hipocresía donde siempre tengo que mostrar una máscara que diga que mi vida es perfecta. Se supone que se vale cometer errores, pero no puedo ser yo mismo. No puedo ser laico porque eso es un sacrilegio a las creencias y a la cultura de la familia que se debe de transmitir de generación en generación, no puedo demostrar mis gustos personales en cine, música, libros y más porque se darán cuenta de que soy totalmente raro y eso avergonzaría a mis padres, no pueden saber de mis amigos porque creerán que de ellos saqué lo raro y culparán a ellos de mi forma de ser, imagínense por qué no he dicho que soy una persona con preferencias homosexuales.
Y los rumores, chismes y secretos; en esa familia la única cosa que hay para hablar son otras personas y criticar "constructiva y objetivamente" lo que hacen con sus vidas. Lo peor del caso es que son personas maravillosas las que hacen eso. No puedo creer como una tía que ha hecho cosas admirables por su familia pueda estar criticando de esa forma a los demás. O cómo todos mis tíos varones se reúnen para burlarse de los "jotos" y tomar hasta hartarse de alcohol la sangre, servida por supuesto por las mujeres de la familia.
Jamás olvidaré aquel momento cuando un tío a quien yo consideraba tal vez como la persona más respetable de mi familia entera (y tal vez que haya conocido en mi vida) se emborrachó y me dijo cosas durante una de sus estúpidas fiestas. Era en una boda (siempre tiene que haber una maldita razón para hacer una reunión de esas) y en el casino de ese mismo tío hay una barra que se convierte en el lugar favorito de los "hombres" de mi familia. Pues recuerdo a una versión más joven de mi, como de unos quince o dieciséis años aproximadamente, acercándose a la barra para servirse un poco más de refresco. Ese joven se dio cuenta inmediatamente que todos sus tíos estaban alcoholizándose en ese momento y de repente el tío del que les he estado mencionando les dice algo a los demás en voz baja y, de repente, todos me miran con lástima.
Como si eso no fuera devastador para un adolescente sin autoestima ni ganas de estar ahí, se le acerca y le dice algo que ahora recuerdo como ininteligible, pero yo sabía de lo que él estaba hablando. De alguna forma él sabía que yo era gay y acababa de decirle a mis familiares y a sus amigos que yo era así. Pude imaginar en ese momento lo que pensó cada uno. "Pobre del profe, su hijo es joto, tan bueno que es el maestro", "¿qué habrán hecho los maestros para merecer algo así?", "¿Cómo se atrevió ese hijo de puta a pararse cerca de nosotros? ¿Cree que no nos molesta que sólo esté corrompiendo a nuestro adorado pueblo?".
Después de eso todo cambió, al menos entre mi tío y yo. Hasta apenas hace unos meses pude dirigirle la mirada, aunque él es quien debería estar apenado y disculpándose. Claro, ¿cómo puede disculparse de algo que tal vez ni siquiera recuerda? Lo que me sorprende es cómo tomé el asunto. Mucha gente, en mi lugar, habría hecho un escándalo y le habría contado todo a mi padre, pero yo sé que nunca me creiría. Sólo se lo dije a una prima. Sólo a ella, y sólo ella supo cómo me pude haber sentido. Mucha gente sabe que soy débil, pero yo no me di cuenta de ello hasta que sucedió eso. Claro, también me di cuenta de que soy lo suficientemente fuerte como para ocultarlo día a día y como para no soltar mis cosas en los momentos inadecuados y con las personas inadecuadas. Aprendí a desconfiar y a dejar de creer en las personas.
Supe que no querría ser como él ni como nadie más, pero también supe que, rodeado de esas personas que amo y aprecio nunca podré ser como en realidad soy. Odio tener problemas, sobre todo con mi padre, pero parecen inevitables. Dejé de enfrentarme a él y comencé a esconderme. Literalmente, cada que hay un evento salgo de la casa o trato de enterarme antes para ocuparme con tareas y las hago fuera de casa para que no me obliguen a ir, porque lo harían. Ya lo han hecho antes. Dicen que la familia es primero, pero a mi, la vida me ha enseñado y me ha demostrado que mi familia no es aquella con la que tengo un lazo de sangre.
¿Culpo a mi padre por ser como es? La verdad no. ¿Le culpo porque por él soy como soy? En realidad sí. Espero que nunca llegue a leer esto. Lo amo y sé que él a mi, pero creo que a ningún padre le gustaría saber que un hijo se ha expresado así de él o de su familia.

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