03 marzo, 2013

Análisis de comportamiento frente a otros individuos de la misma especie a la hora de la alimentación.

Como la mayoría de veces que escribo en esta página, estoy tratando de terminar mi tarea. Escribo porque es la forma más efectiva que he encontrado para distraerme un poco de los quehaceres cotidianos y para sentir que no estoy desperdiciando la noche de sábado, mientras que miles de personas tienen sexo o están dormidos.
Aparte, estoy decidido a cumplir un propósito que me hice hace unos días de hacer todas mis tareas los sábados para tener los domingos libres. Eso puede ofrecerme una gran gama de posibilidades para los días dominicales, como tiempo para que me obliguen a ir a misa o a comidas familiares.
Hablando de comidas, me gustaría tocar un tema curioso en esta entrada. He notado cada vez más que evito comer con otras personas. Puede que se deba al hecho de comer solo desde que estoy en la preparatoria (a excepción de los fines de semana y uno que otro día), o puede que me esté convirtiendo en una persona ermitaña, pero evito a toda costa comer con otras personas.
Como parte de mi ser y de mi personalidad, las señales de esto nunca fueron muy evidentes para mi, pero hace unas semanas me preocupó esa situación cuando mi mamá me llamó a cenar un día que salí temprano de la escuela y le dije que aún no tenía hambre. La verdad es que sí tenía algo de hambre, pero le respondí instintivamente que no quería comer algo aún, a lo que ella contestó que parecía que no quería cenar con ella, con mi papá ni con mis hermanos.
En ese instante mis ojos se abrieron, y las señales que nunca capté eran tan radiantes como aquel foco que se enciende de repente a la mitad de la noche. Más que nada desde el sábado pasado, cuando las asesorías iniciaron.
Dichas asesorías consisten en asistir a una compañera de mi clase que ya ejerce como maestra, para ayudarle a preparar a algunos jóvenes de su secundaria para que se pongan al corriente con sus compañeros, sólo un par de horas los sábados por las mañanas. Como las clases acaban al mediodía y después de tres horas tengo una clase extracurricular en mi escuela normal, el sábado pasado mi compañera me invitó a comer a su casa al terminar lo de la secundaria.
De acuerdo, parecía una idea agradable compartir un rato con mi compañera y comer algo gratis, pero mi boca respondió "muchas gracias, pero quedé con unos amigos en el centro comercial para comer allí", siendo obvio que lo único de verídico que tenía esa frase era que iba a comer en ese lugar. Fue divertido comer ahí, pues pedí algo de comida oriental que se veía decente, aunque no sea mi favorita en situaciones comunes, tomé un asiento para mí solo, saqué un libro y lo leí ahí mismo mientras degustaba mis alimentos. Me sentía como un hipster, excepto que no me sentía pretencioso ni mi ropa era la indicada para tomar fotos con instagram.
Una semana después, el día de ayer (aunque para mí es todavía hoy porque no he dormido ni nada), mi compañera no pudo ir a las asesorías por cuestiones de salud, pero envió en su representación a otra compañera mía para dar las asesorías. Como era de esperarse, mi otra compañera también me ofreció ir a su casa para comer y, de ahí, ir juntos a la clase de la tarde, pero mi boca hizo su magia y pronunció "muchas gracias, pero no puedo, iré con mi tía a dar una vuelta".
Esta vez la mentira era aún más grande, pues en cuanto me bajé del camión que me llevaba a la casa de mi tía y que llevaba a mi amiga a su casa, tomé el transporte para llegar al centro comercial, dispuesto a recrear la escena de la semana anterior, cambiando el libro de Stephen King por Ana Karenina. Todo iba bien, llegué a la hora ideal, podía sentir mis tripas implorando por algo de comida, di mi vuelta de siempre al lugar para encontrar donde sentarme y me iba dirigiendo lentamente hacia el local de la comida oriental, cuando salió de la nada un amigo de mi salón comprando comida en ese lugar.
Respetando mi comportamiento mezquino y con la ventaja de que mi presencia no había sido notada, seguí caminando y entré en un dilema. Si me vio pensará que soy malvado y el tipo es bastante agradable y pues es mi amigo, pero si no me vio puedo salir huyendo de ahí tan pronto como pueda y ningún alma será sacrificada. Sin embargo (y creo que lastimosamente me repetiré esto hasta el día de mi muerte), soy débil.
Puse la mejor cara que mi mezquindad me permitió y lo saludé, pero justamente sucedió justo lo que me temía. Como notó que estaba solo deambulando por el grande y peligroso centro comercial donde cualquiera puede ser víctima de los precios altos y de las exhibiciones de personas mejor vestidas que uno, me invitó rápidamente a comer con él y su esposa. Ya sin excusas y privado de mi capacidad para inventar algo creativo, lo mejor que pude decir fue "tengo que hacer unas cosas, pero deja veo que hay de comer y a ver si te encuentro [inserte sonrisa]".
Como tenía bastante hambre, pasé por el pabellón de comida con naturalidad y fingiendo un poco de demencia y llegué hasta el Burguer King que se encuentra al otro extremo del lugar. Mi incapacidad para socializar me llevó a tal punto de evitar a las personas de esa manera. Antes me escudaba diciendo que me gusta pasar, de vez en cuando, un rato solo, lo cual es totalmente verdad. No creí que mis ganas de aislarme del mundo llegarían a tanto.
Es como mi trauma con orinar en baños públicos, y no sólo por cuestiones de higiene. Eso es un eterno martirio para las personas que sufrimos de vejigas pequeñas. Siendo más específico, es como lo de las comidas familiares que se organizan cada vez con más frecuencia, sobre todo de mi familia paterna.
No tengo nada en contra de ellos, disfruto de su compañía (moderadamente) y, aunque tengo que usar mi máscara más fuerte cuando estoy con ellos porque cualquier cosa es un tabú con ellos en ocasiones (son muy religiosos), me tratan bien y yo también. Los quiero, son mi familia, pero no soporto las comidas que organizan. No sé si ya escribí esto, pero debieron ver mi rostro de felicidad cuando me dijeron que la comida de la semana pasada era al mismo tiempo que mis clases extracurriculares, dándome una excusa lo suficientemente fuerte como para poder saltármela. Espero en realidad que, de ahora en adelante, todas sean los sábados para poder saltármelas con elegancia.
Incluso ya tengo planeado un escape para los domingos también, pues pienso irme a la ciudad cada domingo del mes con tal de librarme de cada una de las comidas. Volviendo a pensar esto que justo acabo de escribir, sueno como un total maniático antisocial y antimoral, pues quien prefiere estar vagando por ahí a pasar un buen rato con la familia. Tengo el impulso de decir "yo".
Volviendo a mi escape de con mi amigo, todo iba bien. Estaba comiéndome una suculenta hamburguesa, que, por cierto, no me llenó del todo, y estaba ahí disfrutando del paisaje artificial que encuentras en los "malls", cuando me llegó un mensaje de texto de mi amigo diciéndome que me esperaba. Naturalmente le contesté que ya estaba comiendo y que me disculpara por no haberlos acompañado, pero mi conciencia no me permitiría descansar si dejaba las cosas así de inconclusas, por lo que regresé al centro de comidas una vez que devoré mis saludables alimentos.
Sorprendentemente, cuando llegué con ellos a despedirme, excusarme y disculparme, me invitaron a tomar asiento un rato y, habiéndoles dado una negativa anteriormente, me di el lujo de aceptar estar un rato con ellos. De forma aún más sorpresiva, me encontré disfrutando de un poco de compañía y de estar con personas reales platicando.
Pensé entonces, "me estuve alejando de ellos y resulta que hubiera pasado un gran rato si me hubiera quedado aquí comiendo con ellos". También en las comidas de mi mencionada familia me la paso bien, pensándolo mejor. Claro, ahí es aún más difícil que congenie bien, pues fuera de la escuela no tengo ningún tema de interés que platicar con mis parientes y termino limitándome a ver como mis padres y ocasionalmente mis hermanos platican y tienen un buen rato. No estoy diciendo que me la pase mal, pues eso sería una de las mentiras más viles que existen; lo que digo es que no es el tipo de ambiente en el que me desenvuelvo con naturalidad.
Si quiero ser una persona que congenie aún mejor con la sociedad, tengo que moverme a su ritmo. En ocasiones paso hasta noches sin dormir cuestionándome eso, pero de repente me digo "será necesario cambiar de actitud, o sólo aceptarme como la persona que soy". Claro, la mayoría de veces que pienso eso suelen ser la hora de dormir, por lo que nunca llego a la conclusión de la idea.

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