Los sueños son, quizá, la parte más mística de la humanidad. Eso de tomar las imágenes que has visto por aquí y por allá, mezclarlas de una manera extravagante y olvidar poco a poco el sueño es bastante fascinante, debo admitirlo. Se han escrito muchísimos libros tratando de descifrar lo que significa soñar con ciertas cosas en específico, pero casi siempre se coincide en que tu subconsciente suele tratar de decirte algo a través de soñar con ciertas cosas. ¿Qué me trata de decir mi mente esta mañana entonces?
Ya había despertado. Había escuchado las tres alarmas que encendí y me sentí lleno de energía, pero aún así quedé plácidamente dormido por otros cuarenta y cinco minutos más (lo cual también es sorprendente, normalmente no despertaría hasta pasadas otras tres horas), y tuve que tener un sueño muy vívido durante ese tiempo.
No recuerdo cómo comenzó, pero me encontraba en la plaza del lugar donde vivo, con los puestos de baratijas en sus lugares respectivos y con tanta vegetación como si hubiese soñado el día más verde del verano. También veía a mi mamá y estaba la casa de mi abuela; fue extraño que no sólo haya estado todo en un lugar geográficamente preciso, sino que las cosas conservaban sus formas originales e incluso los colores se mantenían.
De alguna manera, sabía que ese era el día en el que los compañeros universitarios que vinieron a vinieron a visitar a mi escuela desde otro estado iban a regresar a su hogar, pero no veía al chico. Quería dirigirme hacia otro lugar, donde sabía que encontraría al camión, al chico y a sus compañeros abordando, pero algo me detuvo y me tuve que conformar con caminar hacia un puesto que vendía discos y películas piratas.
Llegó mi mamá y comenzamos a caminar, al parecer yendo a casa. Quería quedarme o comenzar a buscar al chico, pero ya me dirigía hacia mi casa y eso implicaba desconectarme de todo (y tal vez despertar). Sin embargo, miré hacia atrás, en dirección a la casa de mi abuela, y vi que estaba el chico atrás de mí, caminando en la misma dirección que yo pero más o menos a un metro de distancia.
Había algo en él que no había notado antes. Parecía un poco distante, molesto y hasta daba la impresión de que estaba tratando de ignorarme. No sé cómo (es un sueño, vaya) pero reuní el valor de hablarle, y creo que terminé pronunciando un "hola" que me da vergüenza y risa al recordar esa parte del sueño.
Tras el saludo, el chico volvió parcialmente a la normalidad. Ya volvía a ser el chico amable, atento y gracioso que me dio la impresión de ser aquel día que lo conocí, aunque también noté que parecía ir con cautela, como si se hubiese dado cuenta de que sus palabras provocaron consecuencias muy grandes en un chico homosexual.
Mi mamá seguía ahí, analizando al chico. A juzgar por la mueca que hizo mi madre, entendió más rápido que el chico que él me gustaba y eso hizo que con su lenguaje corporal me dijera "me voy a quedar aquí hasta que se vaya ese muchacho". Me contuve un poco, pero no me preocupé tanto como creía y traté de entablar una conversación con el chico.
--¿Cómo estás? --le pregunté.
--Bien, bien --el chico respondía sin mirarme--. ¿Y tú?
--También.
Tuvimos una breve charla, muy breve, donde parecía que le costaba trabajo verme a la cara. Del par de minutos que estuvimos caminando con mi madre, pasó minuto y medio con la mirada hacia el suelo. Parecía incómodo, pero no tanto por el hecho de que estuviese mi mamá asesinándolo con la mirada, sino que parecía que era por mi presencia.
Era como las últimas conversaciones de chat que he tenido. Parecía querer darme a entender que quería algo de espacio y que no podría tener una oportunidad con él. No me ha dicho eso, pero lo noto un poco por los mensajes sin responder. Dejé de intentar comenzar las conversaciones y parecía que el chico del sueño ya no estaba dispuesto a contestar.
¿Quién sabe? Puede que esté verdaderamente ocupado o que no se de cuenta de mis mensajes cuando estoy conectado. Quizá tiene la ventana de chat minimizada y desactivó el molesto sonido de los mensajes entrantes. Puede ser. Claro, aún así decidí no hablarle más hasta dentro de un tiempo, si encuentro un tema o disposición de hacerlo. Es muy difícil tener una idea de lo que piensa alguien en verdad a través del internet.
Cuando mi mamá desapareció sin despedida, el sueño se tornó más confuso aún. Había momentos donde parecía querer alejarme por completo mientras que surgían ratos en los que me miraba fijamente, con lo que las personas coloquialmente describirían como "ojos de amor", inclinando ligeramente su cuerpo hacia el mío y esperando por una respuesta de mi parte.
Luego apareció una amiga y de repente ya estábamos sentados en las bancas de la cocina de mi casa. Lo más curioso del sueño no fue el poder de teletransportación que adquirimos en él, en realidad lo gracioso que sucedió en mi cabeza fue que esa amiga haya estado presente. Simplemente porque ella parecía estar enamorada de mí aquel verano que entré al curso de inglés.
La historia resumida va así: en el curso primero éramos alrededor de seis alumnos. Nos llevamos bien desde el principio y parecía que se iba a tratar de un verano interesante por conocer a fondo a otras cinco personas. Entonces llegaron más o menos otros veinte alumnos la semana siguiente y ahora también tenía que aprenderme el nombre de aquellos, aunque dos chicas que habían entrado desde el principio, un pre-adolescente y yo (también se nos unió una amiga después) fuimos quienes siguieron juntos durante el curso.
Me llevé muy bien con las tres: una tenía historias que al mismo tiempo parecían fascinantes e imposibles, siempre increíbles los relatos; con otra tenía ya unas cuantas bromas en particular y siempre tenía una risa que compartir; el chico es con quien menos me llevé bien porque es de esas personas con quienes no tienes realmente temas de conversación pero extrañamente les agrada tu presencia y estaban ahí, no fue tan malo como pensaba. Y, entonces, también estaba mi amiga, la del sueño.
Era muy divertida, tenía pláticas muy interesantes y creo que puede ser la única persona a quien le gustan las mismas series que a mí y que comparte una opinión y percepción similar acerca de ellas. Inmediatamente se había convertido en una gran amiga mía, pero avanzaba el verano y se reía más fuerte de mis bromas (hasta de la más estúpida), abría más los ojos cuando estábamos cerca, trataba de hacer contacto siempre que podía, esperaba mucho para platicar conmigo y se notaba todo ésto.
Sentí que terminaría siendo un caso paranoico más en donde imagino que le gusto a alguien, en edición mujer, pero cuando veía la mirada en mi amiga de las bromas y la incomodidad en el pre-adolescente, había algo sospechoso. El misterio desapareció cuando, un día, mi amiga de las historias interesantes me preguntó, mientras estábamos en un escenario de intercambio de conversaciones íntimas (lo hacíamos en inglés para practicar), si me gustaba mi amiga, "porque se nota que le gustas, amigo". Lo dijo en un tono de "me dijo que investigara si le gustas pero también me dijo que no te dijera directamente".
¿Estaba mi subconsciente burlándose de mí o dándome una señal? ¿Por qué, de entre el montón de caras conocidas de quienes guardo recuerdos, tuve que soñar con el chico que me gusta y con la chica a la que le gusté? La gran ironía: soñar al mismo tiempo con la chica a la que indirectamente rechacé y con el chico que me está indirectamente rechazando.
Platiqué un poco con el chico, en un principio, pero luego dejé de ser parte en la plática y me convertí en un simple espectador que se limitaba a limpiar un poco la basura de la cocina. Ellos conversaban agradablemente y coqueteaban con discreción, mientras quitaba las migajas de pan dispersas por la mesa, los envoltorios de plástico que sólo estorbaban y colocaba la comida que no se necesitaba en su respectivo lugar.
Seguí limpiando cuando noté el silencio. Parecía mi oportunidad para hablar y los dos sujetos esperaban a que pronunciara al menos una palabra. Era mi momento, la oportunidad para escuchar de la boca del chico que en realidad no tenía oportunidad alguna.
Sin embargo, me quedé de pie y sin saber qué decir. Podía hablar, eso lo sabía. Me estaban viendo, no era un fantasma. Sabía qué decir, en verdad lo sabía. ¿Por qué me detuve, entonces? No lo sé. Sólo recuerdo que me quedé de pie mientras ellos volvían a conversar y poco a poco iba despertando.
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