20 noviembre, 2013

Recaídas con expectadores.

El día 23 de febrero del año 2012 escribí ese título, "recaídas con expectadores". Tal vez algún día recuerde a qué me refería con tal nombre para una entrada, pero sé que no llegará pronto y el título me parece adecuado.
Recaídas con expectadores, de esas veces que te sientes tan mal que los demás lo perciben. Tal vez hoy no sea exactamente un día que pueda decir "me siento mal" y sentirlo en verdad, pero tampoco puedo afirmar que fue un gran día. Ni siquiera a un buen día llega, y eso que sucedieron cosas bastante buenas.
Ocasiones como ésta son aquellas en las que sólo busco un escape. No puedo llegar a casa porque mi familia estará ahí, y tendré que explicar mi estado de ánimo o evitarlos un poco porque suelo sentir que, con ese estado de ánimo, les contagio las malas vibras. En la escuela es peor, pues es similar a llegar a mi casa, pero con muchísima más gente y todos cargan con sus propios problemas. La salvación es el tiempo muerto en el transporte público y los libros.
¿Qué sucede cuando en ocasiones soy yo quien busca a los espectadores? Vaya, respirar es un proceso muy complejo, al igual que pensar y que razonar. Ninguna de esas operaciones parece funcionar apropiadamente cuando estoy así.

Hace mucho entraba a páginas donde tienes videochats con personas de todo el mundo. La mayoría sólo quiere obtener pornografía en tiempo real, aunque unos cuantos buscan conversar. Luego de unos cuantos episodios en los que me atreví a dar todo de mí frente a una cámara web, toqué fondo mientras estaba en el fondo y decidí detenerme. Por completo.
Me alejé de sitios como ese, y de redes sociales que no fueran facebook, twitter, YouTube y tal vez goodreads. Eliminé perfiles de páginas como manhunt y similares, al igual que borré aplicaciones en mi celular con finalidades similares. Desaparecí de las páginas de chat y entendí que no eran necesarias para conocer gente aburrida, loca, traicionera y despiadada: sé fácilmente conocer gente así en persona.
Y ahí me tienen, de nuevo recayendo en ese extraño vicio que no sabía que era mi vicio. Oscuro, como los secretos más sucios. Oculto, como aquello que más proteges por miedo y vergüenza por que algún día vea la luz. Entré dos veces en el último par de semanas, y no pienso hacerlo de nuevo.
La primera vez, entré y todo iba bastante bien. Algo me decía que debía huir de inmediato, pero seguí ahí. Era una página diferente, no se involucraban cámaras, todo se trataba de conversaciones escritas, bien.
Platiqué un poco con un par de chicos y no me parecían interesantes. Entonces, un chico comenzó a hacerme plática y nos cambiamos a un chat más convencional, donde terminé enviándole fotos mías muy comprometedoras. No me sentí fatal como en ocasiones anteriores, sé ahora bien de quién es la culpa. Sin embargo, es inevitable sentir pena por uno. Y aún así regresé.
Fue este sábado, día de desasosiego, cuando entré de nuevo a tal página, decidido solamente a conversar. Nada más. Ahora tuve la decencia de remarcar que NO estaba ahí buscando sexo.
Varios chicos volvían a ser poco interesantes, hasta que me encontré platicando con cuatro al mismo tiempo. Uno era un joven que se dirigía hacia mí con las mayores formalidades del lenguaje (y esperaba el mismo trato de vuelta). Ambos nos aburrimos por falta de una conversación que interesara a ambas partes.
Ignorando por completo mi anuncio, otro resultó aparentemente ser un tipo que me daba la impresión de ser un gay impostor, pues me llamaba "chula", "bonita", "guapa" y cualquier otra palabra que termine con "a", al mismo tiempo que me preguntaba por sexo anal".
Un chico fue bastante amigable, aún cuando me respondía un mensaje después de tres mil horas de haberle enviado algo. Fue como esos amigos agradables que jamás vuelves a encontrar en la vida y olvidas con el paso del tiempo, aún cuando te quedas con el buen sabor de boca.
Finalmente, el cuarto chico se convirtió en mi novio... más o menos.
Comenzamos hablando como desconocidos. Luego pasamos al territorio de "parece que me agradas mucho más que el resto de personas que he conocido en este chat, que todas juntas" y platicamos un poco. Luego de darnos cuenta de que ambos pensábamos lo mismo, de que nos gusta el mismo tipo de películas y el mismo tipo de música (incluso algunas canciones en específico) y de que básicamente resultamos ser la misma persona en un lugar y cuerpo diferentes, decidimos pasar al siguiente nivel al compartir perfiles de facebook para conocernos más.
Un par de horas de conversación después y ya me podía considerar oficialmente no-soltero.
Leí (y escribí) palabras muy intensas, las cuales sólo he llegado a leer en historias románticas épicas del calibre de Twilight o New Moon, nos declaramos nuestro amor como si llevásemos veinte años conociéndonos y diecinueve siendo pareja y nos deprimimos como si nunca más nos fuésemos a ver. Y, en el fondo de todo, se sentía irreal, ingenuo e incorrecto.
Necesariamente, se calmaron las cosas desde aquel episodio, pero el chico parece que se enamoró intensamente de mí. Claro, ya comenzamos a ser realistas y las palabras bajaron mucho de tono, volví a la subnormalidad que me rodea día a día y el chico resultó ser un amigo en línea bastante agradable.
Me doy cuenta de que parece que necesito público para hacer una escena. No me basta con hacerme miserable, sino que tengo que hacer que los demás me vean siendo miserable para sentirme bien conmigo mismo. Es algo que me carcome por dentro y al mismo tiempo me alimenta.
Por algo todavía sigo pensando que puedo volver a encontrar a aquel chico que me enamoró y desenamoró al aparecer en mi vida y al irse con la misma facilidad. Me fascina la idea del asunto sin resolver con el chico de los dulces, con el intercambio de miradas y aparentes coqueteos. Día a día busco un problema y después no sé qué hacer. Entonces recurro a la perdición y caigo aún más bajo.
Estoy cansado de ello, de mostrarme distante con mi persona, de volver a los mismos lugares dañinos y peligrosos que toman mi mente y me dejan con la nada. Aún así sigo cayendo, conociendo a chicos en línea, enamorándome y desenamorándome, equivocándome y volviéndome a equivocar.
Con todo eso dicho, nadie me quita el haber encontrado a alguien tan extraño como yo como el chico que conocí por ese último chat.

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