En momentos como éste,
me pregunto muchas cosas,
¿cómo es la vida en el otro lado,
o de qué color son allá las rosas?
Vuelo hasta altas distancias,
en mi cabeza, en mi alma y en mi pensamiento,
pero mi cuerpo está atado a pesar de las discrepancias,
olvidando por completo mis sentimientos.
Camino cada vez que me es posible,
por el miedo de perder un día las piernas,
olvido que el dolor existe,
porque que lo sienta no significa que lo veas.
A veces me canso de tus decidias,
de tu ignorancia y de tu desaparición,
¿qué necesidad de sufrir tiene mi razón,
que tengas hundido tu corazón en codicia?
Y dejé de mirar hacia el frente,
pues así sólo aprecio tu miseria,
y mejor cierro los ojos y camino,
dejando intacto el recuerdo de tu presencia.
De tus ojos tristes,
tu mirada dormida,
tus manos firmes,
y tu sonrisa mezquina.
Guardo en mi pensamiento tu cabello,
y en mi corazón quedan tus palabras,
pero todo quedará en recuerdo,
gracias a las circunstancias.
El presente es un pequeño poema que comencé escribiendo sobre un tema, pero terminó siendo sobre otra historia muy diferente. Los tiempos me impiden expresarme con la profundidad que querría, pero al menos me siento feliz de darme unos cuantos minutos para escribir. En ocasiones eso es todo lo que necesita una persona para sentirse bien de vez en cuando; no importa que se trate de una carta, una entrada, una canción o cualquier tontería.
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