En ocasiones, como ha sucedido en estos últimos días, siento que estoy así, con las manos atadas. Noto que mi productividad se reduce a respirar y comer, y a pasar las noches en vela. Veo que parte de mí no quiere que me dé cuenta de todo ésto, y me encierro en un universo de irrealidad, de procrastinación y de fantasías que me están haciendo daño. Y duele, porque no puedo salir de ese hoyo que no sabía que había cavado.
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