24 junio, 2014

Espiral de lado.

No estoy enamorado. Quizá esté conociendo a alguien poco a poco, muy poco a poco, lo cual encuentro bastante bueno; pero no contraeré matrimonio pronto (quizá nunca lo haga), ni me siento perdidamente ido por esa persona todavía.
Creo que eso se debe a que apenas me doy cuenta, abro los ojos, de todas las barbaridades que han sucedido desde que comenzó el 2014. Cómo he sentido más de seis veces que el mundo se me viene abajo desde enero, y ahora sigo aquí respirando, con un ligero dolor de cabeza y comiendo unas galletas que dejaron solitarias.
Aún no llega ni la mitad del año y ya sé que he cometido muchísimos errores imperdonables, hacia mí y hacia terceros. Veo que he arruinado cosas en las que no debí haberme siquiera metido. He cometido dos errores al tratar de enmendar uno. Me he equivocado bastante, lo acepto, y quizá me afecte más que en el pasado porque ahora me doy cuenta de la magnitud de los eventos.
Vaya, puede que sean cosas que hubieran sucedido de cualquier manera, pero eso no hace que el dolor desaparezca cuando suceden. Como aquella plática con mi mamá, los mensajes con el chico de enero, los amores no correspondidos, salir con los chicos equivocados, lo que pasó por mi cabeza hace unos días cuando sospechaba que me gustaba una amiga y pensé que tendría que redefinir todo lo sucedido en mi vida gracias a eso... el saber que la única persona desmoronando mi vida soy yo.
En ocasiones subo, pero al correr vuelvo a bajar. Al menos estoy dispuesto a subir porque, aunque es probable de que vuelva a bajar, no sé cuánto me falta para lograr una estabilidad, y si me detengo no me daré cuenta.

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