De manera intrigante, pues una continuación en una vida llena de rupturas es bastante interesante, no todo terminó con un evento climático seguido de la nada. Me encantan los cuentos, pero hay algo que me deja vacío al terminarse; puedo leer una novela en una semana si me interesa mucho, pero un libro de cuentos me toma tres semanas si bien me va, pues el hecho de dejar algo pendiente y abrir un ciclo diferente cada tantas páginas es un tanto cansado para mentes como la mía.
(Pausa en la que gasto el poco tiempo que me queda de vida vagando por internet y arrastrándome de vuelta mientras me detesto un poco para darle fuerza a los argumentos empleados).
Lo que recuerdo del chico que me comenzó a interesar porque se demostraba interesado en mí en aquellos destellos de conversaciones que mantuvimos en ese entonces es cierta insistencia de mi parte en disculparme.
Le envié mensajes de "hola", los cuales estaban más cerca de obtener un bloqueo de vuelta a una respuesta. Insistí un rato saludando a una pared virtual, que si las paredes no responden por el hecho de ser paredes, una persona que sabes que no te quiere responder en línea tampoco por el simple hecho de que descubriste sus planes y les derrumbaste el universo que creían construir a partir de una farsa.
¿Y es que quién construye un perfil falso a partir de una fotografía de un actor pornográfico?
Si quieres ser más creíble, haz como una amiga de una amiga hace muchos años: tomó "prestadas" las fotografías de un amigo suyo de EE.UU., aprovechando que una vez de pura casualidad aparecieron juntos en una imagen, y creó un perfil falso, cerciorándose de que la distancia entre el chico real y sus conocidos fuera enorme con tal de asegurarse más de que las probabilidades de ser descubierta se redujeran al máximo. Vaya que hasta una amiga hizo lo mismo tomando la información de un primo, pero no le hubiera salido el teatro de haber elegido una imagen altamente editada y tomada con equipo profesional de una persona con un físico impresionante y altamente incompatible con los estándares naturales de nuestro contexto socioeconómico.
Que si vas a crear una mentira, esta tiene que ser congruente con el universo en el que la planteas.
Error del chico, mío o de todos los involucrados, mi última esperanza en busca de una redención que no me correspondía surgió en aires de disculpa:
"Disculpa si te hice sentir mal, pero no te busco exhibir. Me caíste bien y teníamos química en las conversaciones, por eso te insisto tanto".
Algo así fue lo que le escribí. No lo recuerdo con exactitud, pero sí soy consciente de que lo que le escribí fue algo que perdía sentido cuando analizábamos las escasas interacciones entre ambos: él me preguntaba sobre cosas que giraban en torno al sexo. Siempre de manera explícita y directa. Y no era lo que buscaba con exactitud, pero cualquier experiencia que me incluyera en una actividad de un rigor más interpersonal sentía que me llenaba el espíritu (aunque resultara que el efecto era el contrario).
Creo que esa conversación de disculpa tuvo lugar, hablando de espacios físicos, mientras estaba en la cocina, disfrutando de un día en soledad porque mis papás y hermanos habían salido a un día de compras al cual me rehusé a formar parte. Si no me equivoco, fue el mismo día en el que escribí en mi ya expirada cuenta de Facebook algo similar a "solo en casa", el cual provocó la respuesta esperada pues dio pie a una serie de eventos que tuvieron cabida en un espacio de unas cuatro horas, aproximadamente: la efímera popularidad virtual de la cual gocé y después sufrí sus consecuencias, la reconciliación con el chico al que prácticamente había bateado después de una cita, el reencuentro con dicho chico y mi la primera vez en la que tuve contacto genital con alguien en términos mayores al sexo oral. El equivalente homosexual de la primera vez.
Después de ese evento que se supone que te debe cambiar la vida, me parece haber recibido al fin una respuesta del anhelado caballero que llegaba con mis marchitas flores de disculpa en las manos. Y sentí que la traición cometida por mis actos no tenía cabida en la promesa de sinceridad que quedaba implícita entre ambos.
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