14 noviembre, 2016

Las palabras de la vida.

Si la escritura es una serie de palabras que describen a un problema cuando ya está resuelto, díganme entonces por qué es que escribo, si nada en mi vida está solucionado.
Es que es verdad. Me encantaría decir que tengo una vida plena, y que ya me siento bien, o al menos en paz con mis dilemas, pero es verdad.
Quizá no escribo nada fijo porque no tengo nada resuelto. Quizá todas las ficciones me saben incompletas, insípidas, adolescentes, porque describo eventos que no he vivido, y si ya los viví se trata de procesos a medias o que sigo viviendo y lidiando con ellos.
Y es que escribir de amor me da resultados vacíos, escribir de interacciones resulta hartante y tan solo mencionar a un camino de vida que se realiza para crecer como persona me hace atorarme y terminar en uno de los dos caminos siguientes: dar un final anticlimático y sacado de la manga o terminar creando un cuento sin final, que se prolonga como los dolores que aparecen y persisten en el cuerpo, de esos que se vuelven en compañeros de vida.
Quizá esté rompiendo con esa regla principal, pues para mí escribir no es un acto de resolución o de conclusión, y mucho menos es un análisis del pasado, porque vivo tanto dentro de este que fácil termina siendo el presente.
Si me espero a resolver mis problemas para poder escribir, creo que me quedaré el resto de mis días con mis manos aguadas de tanta inercia.
Que sí, que es para entender, y para conocer, y para cambiar la perspectiva que se tiene sobre el mundo y la vida y el funcionamiento de las mentes de las personas y las colisiones que provocan al tener contacto unas entre otras, pero para mí se trata más de eso.
Liberar.
No mi persona ni a mis ideas. Estoy liberando a mi cabeza de pensamientos que se resisten a desaparecer y que tengo que trasladar a otro lado para que me dejen en paz. En ocasiones incluso para poder dormir a gusto.
Si no me funciona la escritura del entendimiento y si lo que hago esbel único medio que me facilita un mayor grado de estabilidad mental, ya no se trata de que haga algo bien o mal, sino de hacer algo por mi bien.
Quizá en el camino pueda entender cómo funciona esto en realidad.
Y, si no, qué importa.

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