21 septiembre, 2017

Filosofía de la regadera.

Me despierto con el agua tibia, que quisiera que pudiera estar un poco más helada, cayendo sobre mi rostro y pensando: de verdad, ¿qué sucedería de esta, mi versión del mundo, la que proceso en mi cabeza a través de los sentidos de mi cuerpo, sin aquellos tormentos emocionales, sin los desastres existenciales, sin los planes rotos y las ilusiones que se quiebran cuando no se cumple cualquier tipo de expectativa, qué pasaría?
Díganme dramático, pero: ¿sería una vida que vale la pena vivir? ¿Valdría la pena ir en busca de un propósito cuando todo sale bien?

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