De una manera masoquista disfruto bastante de mi trabajo.
Me di cuenta que no estaba seguro de ser maestro al tercer mes de ejercer esta profesión.
Ignoré el pensamiento durante mucho tiempo, porque es más cómodo empapelarlo sin hacerle caso que hacerle frente a una realidad que puede resultar destructiva.
Con el tiempo he ido afianzando tal teoría, pero también me he hecho bueno en el oficio de dar clases a cuarenta personas por hora.
Y aunque no siga del todo convencido por lo que hago y detesto el sistema que toma las decisiones, soy muy bueno en esto, me da de comer y creo que puedo utilizar el tiempo libre para aprender a hacer algo más que me ayude a dejar esto algún día sin pasar hambre.
Algún día.

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