Me a ayudado a disfrutar de música que jamás me atreví a cantar en voz alta, mucho menos bailar, en un pasado.
Han tenido un costo enorme, físico y económico, pero como ofrenda el CC me ha dado amores, risas, llantos, vomitadas, bailes exagerados, pantalones rotos, platicas con desconocidos, gringos despreocupados y compañeros desesperados... es un lugar traicionero y eufórico que me ha transformado momentos simples en experiencias indescriptibles.
Y le agradezco.
Pero también necesito un descanso de todo eso. Porque con todo lo que me da, siento que poco de ello llega a trascender en un camino que quiero recorrer en un futuro personal.
Esta siempre ha sido una de mis publicaciones favoritas. Cómo el mismo lugar cambia con solo pasar de un color a otro. Y aún así permanece su candor, su caliente vibra.


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