Siempre digo que no pertenezco a este mundo y en ocasiones me parece que es algo malo, pero no estoy dispuesto a cambiar, me doy cuenta.
Desde ayer en la mañana trato de recordar por qué accedí a que la cirugía para quitarme las muelas del juicio, Parte I (falta todavía que me quiten otras dos) fuera justamente un día después del último examen. Es decir, pasé mi primer día de vacaciones sufriendo en un lugar bastante limpio y cubierto por una delgada tela negra.
Sí, era una tela negra con la que me cubrió el doctor para que no me salpicara la sangre u otras cosas que se verían involucradas en el proceso. Imaginen la idea de ir al dentista, la de pasar por tu primera cirugía --dental, pero aún así es una cirugía--, ser un chico al que hasta las inyecciones de anestesia le duelen, ver cómo el doctor masacra lo que está dentro de mi boca y ser cubierto por una siniestra y delgada tela negra. Agradeceré eternamente al doctor por haber hecho un gran trabajo y por las atenciones que me daba, pero mentiría si dijera que no tengo miedo de volver ahí.
Para animarme, ayer me estaba diciendo a mí mismo "oye, tranquilo. Piénsalo de otra manera, hay pocas personas que se atreven a ir al dentista. Muchos dicen que para ser un hombre tienes que levantar tantos kilogramos de peso, hacerlo con tantas mujeres y hacer muchas cosas que te desagradan, pero en cambio tú pasaste por una cosa que muchos chicos no se atreverían siquiera a pensarlo por miedo, y no derramaste ninguna lágrima por ello". Claro, no podría engañarme por tanto tiempo, aparte de que me sentía como aquel miserable que termina molestando a los demás porque algún día fue víctima de una de esas molestias, aún y fuera mentalmente.
Sé que me estoy comportando demasiado dramático y últimamente cambio de humor fácilmente --en parte por la operación y por sólo haber comido cosas frías y semisólidas últimamente-- pero siento que mi familia no merece sufrirme. Incluso olvidé escribir en mi diario ayer, por primera vez desde marzo.
Me he calmado gracias a las alarmantes dosis de helado de limón, a mis casi nulos niveles de estrés escolar y al montón de películas que he visto desde que llegué a mi casa. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en mi relación con el chico que conocí apenas. El viernes, tras haber pasado una mañana de sexo en su casa y de haber sobrevivido al último examen del semestre, platiqué un poco con un amigo de mi amiga (que se convirtió en mi amigo, eventualmente). Él era la última persona que imaginé que conocería al chico con el que salgo, aún menos que lo conocía en plan de salir, cosa que no hicieron al final.
En verdad no sé qué pensar de él... o de mí. En los últimos días siento que soy yo el que lo está utilizando. Es un sentimiento bastante extraño, pero parte de mí me dice que dejé de ser el típico protagonista de comedias románticas y me convertí en un personaje diferente, en el chico idiota que destroza sentimientos. El chico con quien salgo no es inocente en el cuento, pero no por ello dejo de sentir que él intenta algo y yo actúo como si no me importara... es una situación más compleja que sólo eso. En ocasiones también llego a pensar que los roles se invierten.
Como ven, no sé ni por dónde comenzar o terminar, lo que sé es que él es un chico que proviene de un mundo completamente diferente del mío y lo reafirmo más cada vez que lo veo. A veces siento que desearía nunca haberlo conocido, hay momentos en los que no pienso en otra cosa más que estar con él y casi a cada rato quiero que la barrera de comunicación que existe entre los dos se destruya de una vez por todas.
Es extraño porque tengo la gran impresión de que si salimos juntos puede darse algo maravilloso, pero si no es así no sentiría tanto dolor como el que imagino. Lo que quiero es platicar con él abiertamente, que él me diga lo que siente y atreverme a decirle lo que no tengo la más mínima idea de cómo expresar. Me encantaría sentirme bien con él en otro momento que no sea el sexo y ver de una vez por todas si él puede ser el chico con el que quiero salir (dejé de buscar a mi aparentemente inexistente alma gemela) o si solamente fuimos sex-friends por un rato.
Es duro darte cuenta de que los ideales que tenías de niño --como el de tener una esposa, ser feliz con hijos, enamorarte perdidamente de aquella persona con tan solo mirarla a los ojos y que la mayor alegría de mi vida sea tomar su mano y reír un poco juntos-- sean reemplazados fríamente con sexo, corazones rotos, soledad y personas equivocadas. Dejé de lamentarme hace tiempo de no cumplir con mis utópicas expectativas, ya era hora la verdad.
Ya no estoy más en el mundo de las relaciones adolescentes, lo que buscan los chicos es sexo, divertirse y cosas físicas, y me preocupa que así es como no sólo lo veo, sino que ya sigo esas estúpidas reglas, Puede que esté lastimando al chico con el que salgo y no quiero eso. A pesar de que nos cuesta hablar y hay cosas en él que no me gustan, me sigue buscando, tiene sus momentos de dulzura y veo que está haciendo un esfuerzo conmigo. El chico me gusta, no lo niego, pero siento que algo falta.
En un principio siento que él quería sexo y yo amor. Como vi que lo que él quería era eso, me rendí de buscar amor con él, pero me parece que él no lo ve así. Obviamente no tengo ni la más mínima idea de lo que él piensa, no puedo leer su mente y eso es lo frustrante pero interesante de salir con alguien, la inevitable incertidumbre. Puede que él también buscaba amor desde un principio, tal vez él sienta algo por mí y existe la posibilidad de que la razón por la que no hablamos con libertad sea bastante diferente a las que estoy pensando. Es desesperante ésto, pero así han sido las relaciones para mí.
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